LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 29 de enero de 2021

ALBANIA

Leí hace unos meses la novela de Ismail Kadaré titulada ‘Abril quebrado’, en la que el autor albanés narra una de las tradiciones más genuinas de su país: la ley del antiguo Kanun por la que se rige la vida en las montañas,  que estipula y obliga a las familias a vengarse de otras ante cualquier ofensa, y que se transmite de generación en generación. Una especie de código de honor que va cobrándose víctimas en la misma medida que va minando a los habitantes de aquellas inhóspitas geografías. Una bella narración en la que no debemos ver solo la crueldad de estos códigos, sino la dignidad de sus afectados en su estricto cumplimiento. Una sociedad primitiva, hosca, como su hábitat, orgullosa de unas costumbres que terminarán por destruirla. Y casi por las mismas fechas en que leía la novela de Kadaré, José Manuel Azcona, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, muy amablemente me hacía llegar un ejemplar de su trabajo, que firma también la investigadora Majlinda Abdiu (doctora en Literatura Comparada y profesora de la Universidad de Tirana), titulado ‘La política exterior de la Corona de Aragón en los Balcanes (1416-1478) La Albania de Skanderberg y la guerra contra los turcos’ (ed. Ommpress). Tuve el placer y la oportunidad de charlar con José Manuel Azcona, cuando preparaba el libro, en torno a la figura de Juan Pedro Aladro Kastriota, el jerezano descendiente del gran héroe albanés Skanderberg, quien intentó en el siglo XIX, sin fortuna, recuperar la corona de aquel país que con tanta dignidad habían llevado sus ancestros. El trabajo de investigación de los profesores Azcona y Abdiu es un profundísimo repaso por la historia de Albania y de la lucha de sus habitantes por repeler los continuos intentos de invasión que a lo largo de los siglos ha sufrido este país, luchas y enfrentamientos en los que destacó en el siglo XV Skanderberg, apodo procedente de “Iskender Bey” (señor Alejandro) en recuerdo de Alejandro Magno por sus numerosas y exitosas hazañas en los campos de batalla. Su verdadero nombre era Gjergj Kastrioti, cuyo apellido coincide por línea materna con nuestro ilustre jerezano. Ni que decir tiene, y de ahí parte del título de libro, que los turcos siempre se han considerado los enemigos más directos de Albania, y contra ellos también intentó Juan Pedro Aladro oponer un ejército que nunca pudo formar. Hoy, leyendo el magnífico ‘Años de hotel’ de Joseph Roth, que se subtitula “Postales de la Europa de entreguerras” me he encontrado con varios artículos en los que el gran escritor del antiguo imperio austro-húngaro nos da una visión, postales al fin y al cabo, de la Albania de 1927. Un país en el que conviven el atraso de sus gentes, que nos recuerda la novela de Kadaré, y un ejército siempre alerta pero mal pertrechado, que nos ha traído a la memoria el libro de J. M. Azcona y M. Abdiu, así como a nuestro Juan Pedro Aladro Kastriota. Todos relacionados o unidos por un mismo cordón umbilical: el amor por un país maltratado por la historia. José López Romero.

UN MODESTO PERO VALIOSO FOLLETO

En 1986, recién inaugurada la Biblioteca Municipal en su nueva sede de la plaza del Banco en Jerez, encontré entre un elevado número de impresos sin inventariar ni catalogar almacenados en sus depósitos, un curioso y raro folleto que pese a su modesta impresión pronto reparé en la importancia de su contenido. El folleto en cuestión se titulaba ‘Lista de libros existentes en la Biblioteca Pública hasta 31 de Mayo de 1876’. En esas fechas la Biblioteca Municipal de Jerez, inaugurada en 1873, salía de un oscuro periodo que la había mantenido cerrada prácticamente desde el mismo momento de su inauguración hasta el año 1875. Lo que se recogía en el folleto eran los libros existentes en sus estantes, una vez superado dicho periodo, incluyendo en ese listado el de los ejemplares donados (“libros regalados” si nos atenemos a la terminología del folleto) por personalidades e instituciones, para enriquecer dicha biblioteca en esa nueva etapa. Pero el valor del folleto llega más allá del catálogo de libros que contiene, y tras ese listado podemos extraer también, si somos curiosos, una valiosa información sobre el Jerez de aquella época al ir reconociendo, por ejemplo, entre los donadores (Carlos Camerino, José Piñero, José de la Herrán, Tomás Bueno, Luis Isasi, Alejandro Gordon y Beigbeder, etc…) a burgueses, comerciantes o relevantes personajes de las clases dirigentes de la ciudad. Entre ellos llama la atención las aportaciones de algunas mujeres como Juana de Dios Lacoste. También están recogidas  instituciones relevantes como la Empresa del Gas o el Casino de Artesanos. No pasa desapercibida en dicho folleto la relación de libros procedentes de la por entonces extinta Sociedad Económica de Amigos del País, que en su día dispuso de una importante biblioteca y que con sus 419 volúmenes (entre ellos ‘Tableau de l´Espagne Moderne’, 1807, de Fr. Bourgoing o ‘Entretenimientos físico-históricos sobre la Ámerica’, 1792, de Antonio de Ulloa)  pasaron a enriquecer en 1876, y notablemente, los fondos de la Biblioteca Municipal de la ciudad. Ramón Clavijo Provencio.

  

sábado, 16 de enero de 2021

LIBROS PARA DESPUÉS DE UN AÑO ACIAGO

Pese a lo nefasto del año recién concluido, y pese a las dudas y temores que derivó en una cadena de cancelaciones de presentaciones editoriales al enfilarse el tercer mes del pasado año, poco a poco la industria editorial pareció coger impulso (aunque soportando un alto coste) y comenzó a dejarnos una nada desdeñable lista de interesantes propuestas, de las que ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo (Galaxia) o ‘Un Amor’ de Sara Mesa (Anagrama), pueden ser dos buenos botones de muestra a nivel nacional. En nuestra ciudad pequeñas editoriales junto a grandes sellos nacionales, nos han ido presentando una nada desdeñable oferta, que ha ayudado a evadirnos entre las páginas de los libros de la dura realidad. Así ‘Primavera, año cero’ de José Mateos (Milenio), aunque surge de un tiempo oscuro, nos llena de luminosidad y trasmite una serena belleza. También ‘Paseos antes del vino’ de Rafael Benítez Toledano, es una propuesta reconfortante. Cargada de versos vitalistas, no exentos de profundidad y misterio, con un fondo de  paisajes de viñas y pagos jerezanos pintados por Pepe Bastos. Y si recomendable es leer poesía en libros como los mencionados, no menos lo es asomarnos a la colección “Historia de la vinatería” de la editorial Peripecias, que nos acerca de la mano de grandes especialistas (Maldonado, Mata, etc.) a ese universo de la vid indisolublemente unido a la historia de nuestra ciudad. También de la misma editorial destacar la edición por vez primera en castellano del libro ‘Facts About Sherry’ de Henry Vizetelly, gracias al gran trabajo de Beltrán Domecq.  Sí, 2020 ha sido un año nefasto, pero en cambio la historiografía jerezana ha ido enriqueciéndose gracias a la labor de numerosos investigadores: Antonio Aguayo (‘Los Claustros de Santo Domingo’. Peripecias), Jesús Caballero (‘Apuntes para el urbanismo en Jerez en el XIX’. Tierra de Nadie) o Manuel Romero (‘El pueblo perece de sed’). No nos olvidamos de los hermanos Lázaro, José y Agustín, con su delicioso ‘Paisajes con historias’ (Remedios), donde la divulgación e investigación van armoniosamente de la mano, ni de esa apasionante investigación para desvelar qué se esconde tras un oscuro personaje en  ‘Doctor Pirata’ (Kailas) de Wayme Jamison. La novela, a través de grandes sellos editoriales, ha dado protagonismo por un lado al siempre interesante Juan Bonilla, este año reconocido con el premio Nacional de Narrativa por su ‘Totalidad sexual del Cosmos’ (Seix Barral), y por otro  a Juan Pedro Cosano que  acierta con esta vibrante novela histórica ‘El rey del Perú’ (Espasa). También en 2020, con ‘Operación Estraperlo’ (Canto y Cuento), volvía un viejo conocido, el inspector Castilla, tratando de resolver un nuevo caso en el Jerez de la posguerra. Finalmente el año se despedía con ‘El caballero de la frontera’ (Kaizen) de Margarita Lozano, novela histórica basada en las leyendas recogidas en el Libro del Alcázar, y que nos descubre un fascinante Jerez de finales del siglo XIV. Ramón Clavijo Provencio.

OLFATO

Cuando leí en el magnífico ‘El infinito en un junco’ (un libro del que todo lector se deshace en elogios y va añadiendo adeptos a medida que se recomienda, en el boca a boca o en los medios de comunicación), que los hombres santos del primitivo cristianismo abominaban del agua, de los baños por ser un ejemplo de la sensualidad y la corrupción espiritual de los romanos, hasta el punto de considerar “el hedor como una medida de devoción ascética”, no pude por menos que acordarme de aquel dardo en la palabra que el gran Fernando Lázaro Carreter le dedicó a la expresión “en olor de multitud”, que el insigne filólogo hacía proceder del “olor de santidad” que ya acuñara Santa Teresa con motivo de la muerte de la monja Beatriz de la Encarnación, y que a ella misma, a su cadáver yaciente en el convento carmelitano de Alba de Tormes, también le aplicaron como un “vaho aromático de la beatitud”. Nada que ver con el hedor de los antiguos santos. El olfato ha sido uno de los sentidos que, como los demás, ha gozado de la atención de la literatura. Recuérdense, a modo de ejemplo, la exitosa novela ‘El perfume’, de Patrick Süskind, con su versión cinematográfica incluida, o ‘Aromas’, del escritor francés Philippe Claudel, un libro que no se suele citar entre lo mejor de su producción literaria, en la que destacan novelas como ‘Almas grises’ o ‘El informe de Brodeck’, pero que bien merece una lectura por la cantidad de sensaciones olfativas que Claudel sabe transmitir a través de la palabra. Olores de su infancia que han quedado grabados en la memoria sensitiva del autor. ¿Quién no ha vuelto a oler una goma de borrar o a recordar el olor de un lápiz, o el olor del césped recién cortado, o el de la tierra mojada por las primeras lluvias? Lázaro Carreter comentaba la posible tergiversación entre “olor de multitud” y la palabra “loor”. En cualquier caso y sea como fuere, vamos a terminar agradeciendo el uso de la mascarilla, sobre todo cuando nos cruzamos con alguien que desprende ese tufo a “santo varón”. José López Romero. 

martes, 29 de diciembre de 2020

RESEÑAS


 Años de hotel

Joseph Roth. Acantilado, 2020.

Con el subtítulo “Postales de la Europa de entreguerras”, se publica esta colección de artículos que el gran escritor del antiguo imperio austro-húngaro fue publicando en distintos periódicos de la época. Seleccionados por Michael Hofmann y traducidos por Miguel Sáenz, los textos son exactamente lo que reza en el subtítulo: postales de los viajes que Roth fue haciendo por pueblos, ciudades y países y que tienen como centro de atención los hoteles, sus empleados, las gentes que van y vienen, la vida, en definitiva, de una Europa que intentaba sobreponerse a la devastación de la Gran Guerra, pero que terminaría por caer en una destrucción mayor. En la mirada de Roth se mezcla la ironía y la ternura, pero también la crítica, la denuncia de pueblos y gentes abandonados a su suerte. Una visión de nuestro continente en unos tiempos siempre convulsos con una prosa excelente. J.L.R.

 


Todo en vano

Walter Kempowsky. Traducción de Carlos Fortea. Libros del Asteroide, 2020.

Es este uno de los libros al que uno acude por una recomendación de otro lector, y una vez terminada su lectura siente la necesidad de que merece la pena  animar a más lectores a hurgar en sus páginas. En ‘Todo en vano’ hay un protagonista indiscutible, y  es en este caso la mansión de Georgenhof que situada en la Prusia Oriental, se convierte en un lugar de paso para los miles de alemanes que huyen del imparable avance del ejército ruso en las postrimerías de la II GM. Desde este singular punto de vista el autor va desplegando un fresco sobre el conflicto, no solo a través de los habitantes del lugar, que ven cómo la guerra se va acercando irremediablemente, sino sobre los distintos personajes que en su huida recalan entre sus paredes. La guerra  vista desde una lejanía ficticia mientras el frente se va moviendo amenazante. R.C.P.

sábado, 12 de diciembre de 2020

LA LITERATURA DE MI YO

Emmanuel Carrère
Tenía el propósito de dedicar este artículo a un grupo de escritores franceses que en los últimos años he ido siguiendo y que merecen al menos una recomendación a los lectores. Iba a citar a Philippe Claudel, a Pierre Michon, a la siempre pasional Delphine de Vigan, o los entrañables Inés Cagnati y Philippe Delerm, por no citar al ya clásico Michel Houellebecq y al deslumbrante Pierre Lemaitre, y tantos otros. Pero se me han cruzado últimamente dos novelas a las que no me resisto dedicar al menos uno de estos artículos. Las dos están en la misma línea narrativa: la novela autobiográfica (otro ejemplo, el descarnado relato ‘Nada se opone a la noche’ de la Vigan), y las dos en la misma línea, en mi opinión, intencional. Me refiero a ‘Un buen hijo’ de Pascal Bruckner y a ‘Una novela rusa’ de Enmanuel Carrère. Con la primera ya me despaché a gusto en una entrada de mi blog (http://colomapepelopez.blogspot.com/) y a ella remito al lector curioso. Y así como no pude dejar pasar la ocasión con la de Bruckner tampoco me resisto, como he dicho, a la segunda. Y la verdad es que empieza bien. La historia del húngaro loco que ha permanecido yo no sé cuántos años en un manicomio de la ciudad rusa de Kotelnich y ahora devuelto a una casa y una familia que ya ha olvidado en calidad del “último prisionero de la II Guerra Mundial” tiene, no lo niego, cierto interés. Pero aquí se acaba este y empieza la larga travesía de una lectura que termina por ser insufrible. ¿Motivo de este cambio tan radical? La literatura de “mi yo”. A partir de aquí la novela “rusa” es una sucesión de acontecimientos que, bajo la supuesta intención de saldar cuentas con su familia de origen ruso, especialmente con un antepasado precisamente gobernador de Kotelnich y, sobre todo, con su abuelo materno, dichos acontecimientos solo sirven para que Carrère nos haga una exaltación de su “yo” en sus más variados registros: familiar, personal, social, literario… Y que tiene como uno de los sucesos más importantes su relación amorosa con la joven Sophie; una muchacha hermosa pero con un lamentable complejo de inferioridad, porque (¡claro!) está muy buena, pero es de extracción plebeya, con amigos de cultura justita que no les llegan a la suela del zapato intelectual a los amigos de Carrère. Que la pobre Sophie no haya seguido al pie de la letra las indicaciones, escrupulosamente preparadas por su amante, para leer en un tren un relato erótico (incluido en la novela) que había publicado ex profeso en Le Monde, desencadena una tormenta emocional que termina con la ruptura de la pareja. Un análisis de las turbulencias sentimentales en el que se recrea el autor que resulta por momentos patética. Como patético es el rodaje de una película sobre Kotelnich que también nos describe Carrère, aunque bordeando ya el ridículo son las referencias que va incluyendo en el relato, en pleno tormento pasional, de los correos de admiración que recibe de los lectores que tuvieron la oportunidad de leer el relato erótico de marras. En resumidas cuentas, una novela en la que el autor no para de decirnos lo encantado que está de conocerse y de lo agradecidos que debemos estar los demás mortales por sus novelas. Pues con su yo se lo coma. José López Romero.

 

CULTURA Y FARÁNDULA

Hace tiempo me detuve en este libro, ‘Farándula’ (Anagrama.  Premio Herralde de novela 2015),  en el que vamos descubriendo a través del texto de esta brillante escritora que es Marta Sanz, la visión personal de la autora – realista y nada subjetiva- sobre el teatro. ‘Farándula’ esconde una historia por momentos divertida, pero que como toda buena novela no olvida tampoco situaciones oscuras, dramáticas y reivindicativas, manteniendo intacto el interés de los lectores hasta el final. Hoy vuelvo la mirada a esta novela, pero por otro motivo. El libro en cuestión, pese a centrarse en el teatro, realmente es un brillante alegato, o al menos es lo que entendemos, del papel que le corresponde a la cultura en nuestra sociedad. En estos oscuros tiempos de la pandemia, pero  que parecen iniciarse con el nuevo siglo, la situación de la cultura es tan secundaria y confusa, que incluso hay que reivindicar - lo que se me antoja incluso kafkiano- la recuperación de la denominación “Cultura” a secas para tantos entes administrativos – desde ministerios a  instituciones territoriales de más bajo rango- que  a lo largo de las últimas décadas han ido añadiendo al término, una serie de apellidos que con el paso del tiempo han  distorsionando  la finalidad originaria  de los mismos. No creo que sea una barbaridad decir  en el momento presente, que la palabra “cultura” es en muchas ocasiones  solo una excusa para hablar de otras cosas que siempre han sido secundarias. Para mí la Cultura con mayúsculas siempre la asimilé a dotarnos de buenos museos y  bibliotecas, a la protección del  cine y teatro, pero también al fomento de la lectura entre los más pequeños o  incentivar  la investigación. Cultura es  proteger la cadena de comercialización del libro, especialmente  librerías o  la inversión en proyectos patrimoniales… Por supuesto que la cultura es más, pero por ser un concepto amplio y de difícil definición se impone reivindicar su esencia hoy salpicada y desplazada por sus aspectos más anecdóticos y superficiales. Por todo ello libros como  ‘Farándula’ son hoy de tan necesaria lectura… o relectura. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO 

  

viernes, 27 de noviembre de 2020

REVERTE Y LA LITERATURA DE VIAJES EN ESPAÑA


Hasta hace relativamente poco tiempo, nuestro país no se había caracterizado por tener una relevante presencia en la literatura viajera contemporánea. En esto siempre envidié a los maestros británicos, que han seguido manteniendo  hasta la actualidad un más que nutrido ramillete de autores, que nos han ido dejando a lo largo de los años libros hoy considerados obras cumbres de la literatura de viajes. La obra de Bruce Chatwin o Patrick Leigh Fermor, por nombrar dos de los más admirados de entre los contemporáneos, son una pequeña muestra de lo que decimos. Bueno, esto fue  así hasta que un aún joven Javier Reverte publica en 1994 ‘El sueño de África’, iniciando una trilogía que dejaría huella entre miles de lectores de todo el mundo y, lo que es más importante, volcándose a partir de entonces a compartir con esos lectores su especial mirada sobre los lugares que visitaba, materializándola con pasión sobre el papel. Es cierto, no lo negaré, que la literatura española contemporánea también ha dado libros de viaje que trascienden al tiempo, recordemos algunos de los escritos por Blasco Ibañez (‘La vuelta al mundo de un novelista’), Cela (‘Viaje a la Alcarria’),  Manu Legineche (‘Hotel Nirvana’) o Julio Llamazares (‘El río del olvido’) entre otros, pero también hay que decir que ninguno de ellos consiguió acercar a este género literario, que hasta la irrupción de Javier Reverte era poco visible en las librerías españolas, a tantos lectores como él. Reverte recorrió  el planeta viajando solo, como los grandes escritores viajeros, lo que justificaba con estas  palabras: “cuando viajas solo la gente te toma por un poco idiota y te protege, así es más fácil hacer amistad y obtener material para escribir” (“Los viajes de Javier Reverte comienzan en las librerías”. Juan J. Gómez. El País. 28 de agosto de 2000). Poco  a poco fueron editándose más libros suyos de temática viajera, libros que acrecentaban su prestigio al mismo tiempo que iban aumentando los apasionados por la literatura de viajes en nuestro país: ‘Corazón de Ulises’, ‘El río de la desolación’, ‘El río de la luz’…Reverte tocó también otros géneros literarios, incluso sus novelas sobre la guerra civil tuvieron un importante eco como  ‘El tiempo de héroes’ , ‘Banderas en la niebla’ o ‘Venga a nosotros tu reino’, pero sin duda donde deja un hueco difícil de llenar es en un género: el de viajes. Solo nos queda un consuelo momentáneo,  disfrutar de ese libro que dejó preparado antes de su fallecimiento, y en el que plasmaría su punto de vista sobre el que ya sería su último gran viaje recorriendo Irán y Turquía, pues como él decía, “Si la literatura de viajes gusta, es porque en ella prima lo subjetivo. El punto de vista del escritor es lo que despierta la emotividad. Si viajas cargado de emoción, la aventura siempre será extraordinaria”. Ramón Clavijo Provencio.