LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 26 de enero de 2024

LEYENDO SIN PRISAS

Terminé la lectura de ‘El estómago de los rumiantes’ la novela de Natividad Montaño, un libro merecedor de muchos lectores que, presiento recorrerán, como yo, la historia contenida en sus páginas con un interés creciente; una historia que se bifurca, como aquella de Borges, en otras historias donde la realidad y  la fantasía  son mundos fronterizos que se rozan y nos provocan una cascada de sensaciones: el de esa Tata de piel morena y orígenes caribeños que ella cree conservar en la frágil lima plantada en una lata, y a la que seguimos en su peregrinaje de un lugar a otro confiada y a merced de lo imprevisible donde se esconde la tragedia, y el de la Niña ingrávida e invisible a los mortales que recorre estancias y paisajes y observa a los seres conocidos y desconocidos – como el fugitivo que se esconde en la casona, soñando revoluciones que plasma con mano temblorosa sobre el papel, esperando una suerte que se intuye le será esquiva – mientras se pregunta por qué no los termina de dejar atrás. Son estos dos mundos personificados en las voces de la Tata y de la Niña el hilo conductor de esta novela reciente ganadora del XXVII Premio de novela corta “Salvador García de Aguilar”. Es decir, el descubrimiento del mundo a través de los ojos inocentes de la niña, y la desaparición de otro mundo ante los ojos llenos de decepciones y desgracias de la Tata. Un libro para leerlo sin prisas como antaño se escuchaban, en silencio y con atención, las historias que los abuelos contaban a nuestros padres cuando eran niños, cuando se tenía tiempo para contar y escuchar, también para soñar despiertos después de leer nuestros primeros libros (instante que de manera tan sugestiva ha sabido plasmar en algunos de sus cuadros el pintor norteamericano Jim Daly). No tener prisa no solo es una recomendación, es lo que merece un libro como este del que hablamos, es lo que merecen también sus historias marginales , algunas de ellas promesas de argumentos para nuevos libros como la de Miss Catherine, esa cantante de ópera en un trasatlántico que seguía la ruta de Liverpool a Valparaíso y un insospechado día terminó en Cádiz; o la de la biblioteca del abuelo José por la que teme  la niña, pues en días tan azarosos  leer a determinados autores es un peligro más; o la que nos lleva a conocer a Dominga la negra, una morena nacida en Bristol y que tras muchas vicisitudes y oficios termina por estos lares de la campiña jerezana sirviendo a doña Visitación, solterona que vive sola en una antigua mansión en la que alquila habitaciones para sobrevivir. Los tiempos son duros para los lectores apasionados, y son ellos los que no dejan sumirse en el olvido a tantos escritores y escritoras a los que el mercado editorial condena a la invisibilidad. Estos lectores que no se conforman con las listas de novedades con las que nos bombardean o atestan de forma efímera los escaparates de las librerías, que leen sin prisas, son los que con el boca a boca logran que no nos dejemos llevar por la corriente generalista. Sin duda es ‘El estómago de los rumiantes’ uno de esos libros con los que en un golpe de suerte un lector apasionado se topa muy de vez en cuando, y que en definitiva son los que nos hacen seguir creyendo en la literatura. Ramón Clavijo Provencio

 

  

SANGRE, SUDOR Y SEXO

“Padre (¡mi hijo!, posición de alerta) ¿cómo van esas “novelitas” (la ironía se mastica) con las que os entretenéis tu amigo Ramón y tú? Yo no les veo mucho color, sinceramente (ahora le ha dado al niño por la crítica literaria). Mira, sin ir más lejos, a Carmen Mola con ‘La novia gitana’ y dos o tres más y ya tienen el premio Planeta”. “Ahí te ha dado, father -mi hija, ¡extrañamente de acuerdo con el hermano! ¡el mundo al revés!- Y tiene toda la razón. En vuestras novelas se echa en falta más sangre, descuartizamientos, dos o tres hachazos en la yugular… (mi hija viniéndose arriba), que cuando el lector abra la novela le salpique…”, “y sexo -interviene mi hijo, con la única neurona que dicen que tenemos los hombres en plena ebullición-, que el pobre inspector Castilla le dé una alegría a ese cuerpo, que se enrolle de una vez con Lina y se peguen un buen revolcón, de esos que se le quitan a uno las penas del sentío” (mi hijo también viniéndose arriba). Después de esta lluvia de ideas familiar me acordé de cierta intervención de un director de cine (o era productor, no sé ni dónde ni a quién se la oí), que aseguraba que la base del éxito de una película estaba en las escenas de cama. Quizá este señor, e incluso mis hijos tengan razón, y no hay mejor fórmula para atraer a lectores y espectadores que una buena ración de sexo con sudor y unos buenos litros de sangre, que salpiquen de entre las páginas o corran pantalla abajo. En cualquier caso, halagar la rijosidad o la morbosidad del público con fines exclusivamente comerciales me parece falsear la literatura y el cine y engañar a los incautos o excesivamente morbosos, más cuando detrás del sexo, de su sudor, y la sangre no hay nada consistente, ni un buen guion, ni una buena intriga, ni siquiera un mínimo hilo narrativo y un diseño de personajes que salven la historia. “Entonces, padre, ¿qué? -insiste pertinaz la neurona de mi hijo- de sexo en vuestras novelitas ni hablamos”, “y de sangre menos, ¿no, father?”, mi hija que le ha dado hoy por la casquería. Pues creo que no, porque la sangre es muy escandalosa, y el sexo mejor en directo que en diferido. José López Romero.    

viernes, 12 de enero de 2024

LIBRERÍAS DE VIEJO Y EL TESORO ESCONDIDO

A mediados de los años setenta del pasado siglo comencé, como tantos universitarios sensibilizados con la realidad política del país, a frecuentar librerías como las gaditanas Petrarca o Mignon en busca de libros  de autores y temáticas nada bien vistos por un Régimen que ya agonizaba. También fue en aquella lejana época cuando buscando libros aún no comercializados en nuestro país, descubrí mi primera librería de viejo, aunque en realidad no era tal. Y es que en aquella vivienda señorial ubicada en la calle Rosario, su anciano propietario conservaba una bien nutrida biblioteca en parte heredada de generaciones anteriores, y para subsistir se iba desprendiendo de títulos imposibles de encontrar en el mercado librero oficial. En aquella biblioteca privada que de alguna manera funcionaba como librería a la fuerza, comencé a sentir interés por los viejos impresos a los que la imparable maquinaria editorial iba condenando al olvido salvo para bibliófilos o, como nosotros entonces, universitarios ansiosos por leer “libros prohibidos”, aún cuando aquello era una sensación más romántica que real pues la censura vivía ya una fase de evidente retroceso. Hoy las librerías de lance o de viejo son una rareza y en muchas ciudades han desaparecido de su entramado urbano, pero en aquellas que aún tienen la fortuna de conservar alguna, la experiencia para el visitante puede ser inolvidable y de seguro propiciará nuevas visitas. En Jerez, como en la vecina Cádiz, proliferó este tipo de negocios como lo hicieron al unísono pequeños talleres de encuadernación o empresas de artes gráficas, a los que la industria bodeguera hizo vivir una breve edad de oro durante el primer tercio del siglo pasado. En Jerez también proliferaron librerías de viejo como aquella de “Martínez de Pisón” en la calle Caballeros aunque hoy sus nombres son desconocidos para la mayoría. Sin embargo, en la actualidad aún podemos visitar dos singulares librerías de viejo en nuestra ciudad. Cercana a la plaza de Las Angustias, en un local situado en la calle Granados nos topamos con “La Luna Vieja” donde su propietario, el librero pero también artista y escritor, Evaristo Montaño, guía al visitante por los pasillos y calles de la misma. En las bien ordenadas colecciones de libros podemos descubrir ediciones que creímos para siempre desaparecidas, al mismo tiempo que nos envuelve esa atmósfera irreal que solo en estos últimos reductos de lo imposible podemos encontrar. En la plaza de Vargas el lector curioso encontrará “Planeta Zocar” donde Chencho, su apasionado e inquieto librero parece saber la ubicación exacta de los miles de libros, muchos auténticas rarezas, que se aprietan en un ordenado desorden. En fin, pasión por los libros y algo de tiempo es  de lo único que debemos ir provistos para vivir una experiencia inolvidable. Librerías de viejo, el tesoro escondido de algunas ciudades privilegiadas. Ramón Clavijo Provencio.

 

MARIPOSEO

“¡Cuántas veces me han confesado lectores sin remedio que recordaban como si fuera ayer el primer libro que leyeron o el que les deslumbró y lo convirtieron a esta religión, cada vez con menos vocaciones, que es la lectura!”, me comentaba el otro día una amiga, cuya profesión de fe quedaba fuera de toda duda. “¡Y, por el contrario, cuántos otros lectores que se pasan mariposeando de autor en autor, de género en género, de libro en libro, y nada. Que no dan con el que le produce ese chasquido en el corazón o en la cabeza que eleva a estos libros a esa categoría solo para elegidos de “libro de cabecera”! ¡Y mira si hay libros!”, seguía reflexionando en voz alta mi amiga. “Como en la vida, querida -quise cortar su monólogo-. Ese mariposeo me recuerda a un amigo que desde que falló un penalti (no sé si contra un equipo canario) está dando tantos bandazos que aún no ha encontrado lo que él llama “el libro de su vida”.  Con un gesto en el que adiviné un “¿a qué viene eso?”, prosiguió mi amiga sin prestarme mucha atención: “Nunca me ha gustado la literatura juvenil. En el colegio me obligaron a leer unos libros que casi me convierten al ateísmo lector; por aquellos tiempos yo era más de tebeos. Y sin embargo, ahora, a mis años, no me atraen como lectora las novelas gráficas, aunque reconozco que están muy bien conseguidas, e incluso versiones de clásicos realizadas con mucho arte. Fue ya en el Bachillerato cuando me puse a leer a los grandes autores. Me acuerdo -seguía mi amiga en su monólogo- la lectura de ‘San Manuel Bueno, mártir’ o ‘La Colmena’, o incluso ‘Tiempo de Silencio’, y la antología de la poesía del Siglo de Oro o ‘La Celestina’, pero fueron los comentarios en clase los que me hicieron profundizar en las claves de estas obras y apreciarlas en su excelente calidad. Libros que me llevan cada vez que puedo a dar testimonio permanente de mi fe: la lectura. Son los clásicos y eran otros tiempos, lo sé; pero a la buena literatura siempre se termina por llegar por cualquier camino y en cualquier momento”. José López Romero.  

sábado, 16 de diciembre de 2023

CURAN

En un anuncio de tv. un famoso entrenador afirma convincente que “el fútbol lo cura todo”. Yo que he sido futbolero toda mi vida, dudo del poder sanador de este deporte, por mucho que nos intente convencer el mismísimo Simeone. A menos que se entienda por proceso curativo los insultos a los árbitros y a los jugadores del equipo rival, los exabruptos racistas escondidos bajo el amparo de la masa, etc., el llamado desahogo del energúmeno. Nunca he visto que un descerebrado que insulta, que agrede o que acuerda con los descerebrados del equipo contrario pegarse una paliza se curara de su mentecatez ni siquiera viendo a su equipo ganar; sino todo lo contrario, persiste terco en su imbecilidad crónica. En cambio, sí puedo afirmar categóricamente, aunque mi persona no disfrute del prestigio de Simeone, que los libros sí curan, y están especialmente indicados para  enfermedades de nuestro tiempo. Y como prueba, valga la iniciativa que podíamos leer hace unas semanas que han tenido algunas farmacias de Galapagar de recetar libros contra la soledad, campaña promovida por la ONG “Acervo Intergeneracional”. No hay mejor establecimiento -afirma el reportaje- que una farmacia, pues a ella acuden a diario las personas que más sufren esta enfermedad: los mayores. La lectura es sólo el principio de todo un proceso curativo que pasa por el intercambio de opiniones, los comentarios, el taller de lectura, hasta lograr el objetivo último: formar una familia en torno a los libros. Incluso esta ONG también ofrece “la posibilidad de convertirse en una pareja lectora. Es decir, un voluntario y un beneficiario se organizan para leer juntos y así descubrir temas de los que hablar para combatir la soledad. Todo gracias al increíble poder que tiene la lectura y a una muestra de lo que se llama “escucha activa”, nos informa el reportaje. Y hace ya un tiempo saltó a los medios de comunicación otro reportaje titulado “biblioterapia literaria”, una iniciativa que la doctora Ella Berthoud había puesto en práctica en su consulta: les hacía a sus pacientes un pequeño test de sus gustos lectores y les recetaba las novelas indicadas para sus dolencias. Una terapia que no es tan moderna ni disparatada, pues la lectura en el antiguo Egipto ya se consideraba “medicina para el alma”. No cabe ninguna duda de que leer favorece la actividad cerebral y la capacidad de imaginación y de evocación de recuerdos, como también el espíritu crítico, tan necesario en estos tiempos. Como todo deporte, para un aficionado el fútbol es fuente de alegría, de felicidad y, sobre todo, de pasiones, que deben controlarse con el sentido común y la buena educación (“Respeto”). ¿Curar? al energúmeno que vemos en los estadios ya no lo cura ni la mejor de las novelas. José López Romero.

  

JEREZ. FOTOGRAFÍA Y LIBROS

Son muchos los libros de fotografías dedicadas a Jerez de afamados fotógrafos que han ido viendo la luz a lo largo de los años. En este sentido sería imperdonable no recordar aquel ‘Fermento’ firmado por Alberto Schommer con textos de Francisco Bejarano, el ‘Jerez sueña’ de Eduardo Pereiras o ‘Acto de mirar’ de José Antonio Carmona fruto de largos años de experimentación con la cámara. Ellos son solo unos ejemplos del rico  y efervescente panorama de la fotografía que se vive en Jerez desde hace unos años –con la “Agrupación fotográfica jerezana” como gran referente-, materializado en exposiciones algunas de ellas con la fortuna de editar un catálogo en papel, que no es pequeño legado. Sin embargo, son pocos los libros editados que hayan contemplado la fotografía desde las dos perspectivas históricas posibles: bien introduciéndonos en la propia historia de la fotografía jerezana con sus principales hitos y protagonistas, o bien para contarnos la historia de nuestra ciudad a través de la fotografía. En Jerez esta visión de la fotografía desde la historia la inició el ya mencionado Eduardo Pereiras Hurtado que con aquel ‘La Historia de la fotografía en Jerez en el siglo XIX’ (2000) profundizaba en una parcela historiográfica hasta ese momento poco o nada hurgada por los investigadores. Luego llegaría otro libro también fundamental aunque este centrado en darnos una visión de la historia del Jerez contemporáneo desde las imágenes, pero especialmente desde la fotografía. Se trataba de ‘100 años de imágenes de Jerez’ (2010) firmado por Diego Caro, Ramón Clavijo y Fátima González, libro que a día de hoy sigue siendo pionero en cuanto a enfocar la historia desde esa perspectiva. Finalmente, no podemos olvidarnos de la interesante obra del malogrado Adrián Fatou que nos legara, siguiendo de alguna manera la estela de Eduardo Pereíras, dos libros de gran valor documental ‘Identidades’ (2010) y ‘Arquitectura de una mirada’ (2013), del que ahora se cumplen diez años y  que se presentó en el marco de una gran exposición inaugurada en Jerez bajo el mismo título. Ramón Clavijo Provencio.   

viernes, 1 de diciembre de 2023

EL FALANGISTA QUE ESCRIBÍA CUENTOS

El 16 de agosto de 1942 tiene lugar en el santuario de Begoña un encuentro de militares monárquicos en homenaje a los requetés caídos durante la Guerra Civil.  A los pies de la basílica numerosas personas claman contra la Falange y Franco, algo nada novedoso habida cuenta del ambiente de inestabilidad que vivía el Régimen franquista durante aquellos meses en los que militares monárquicos clamaban por la restitución de la monarquía.  A la salida del acto se produce un terrible atentado perpetrado por un falangista que no dudó en lanzar una granada a la multitud allí congregada. Aquel atentado provocaría la reacción de Franco que iniciaría una purga en la Falange y destituiría a su cuñado Serrano Suñer. Por aquellos meses a un falangista de viejo cuño, el jerezano Julián Pemartín, primo de José María Pemán y que ostentaba entre otros cargos la Dirección del Instituto Nacional del Libro, le preocupaban otros problemas como los que le estaban generando los representantes catalanes de la industria del papel, o los derivados de su empeño por volver a recuperar la Feria del Libro en Madrid. Y fue en aquellos meses confusos cuando Julián llegó a comentar que se relajaba “escribiendo cuentos infantiles”. Tras el atentado de Begoña, Julián, casualidad o no, se ilusionó con un proyecto que llevaba tiempo madurando y muy alejado de aquellos textos sobre la Falange y su fundador que hasta el momento había publicado. El cuento que ahora redactaba, ‘Garbancito de la Mancha’, bebía de tradiciones catalanas pero también del cuento clásico. En esta ocasión aquel texto no iba a ser solo un regalo a sus hijos, quería que saliera de las cuatro paredes del domicilio familiar y se introdujera en todos los hogares de aquella España en ruinas. Dos años después aquello fructificó en la bella edición de 1943 que publicó la editorial Calleja con unas bellas ilustraciones del artista Arturo Moreno. Pero lo que nunca hubiera imaginado Julián es que su  ‘Garbancito de la Mancha’ iba a tener más recorrido del inicialmente previsto. Alguien debió pensar que ¿por qué no amplificar los ideales de aquel cuento, tan acordes con el espíritu que para la infancia y juventud postulaba el primer franquismo, a través del cine?  Finalmente la idea la llevó a la práctica el director José María Blay estrenándose la película un 23 de noviembre de 1945. Lo cierto es que aquella película basada en el cuento de Julián Pemartín trascendió más allá de su mensaje adoctrinador, al convertirse en la primera historia animada en color (Dufay Chrome) rodada en estudios europeos. Tras numerosas vicisitudes en las que se le llegó a perder la pista a la película, se localizaron en un anticuario de Nueva York las cintas originales que finalmente pudieron ser adquiridas en 2019 por la Filmoteca Nacional Española. Ramón Clavijo Provencio.

 

 

LA OTRA REALIDAD

Leo ‘Algo va mal’ del reconocido historiador británico Tony Judt (1948-2010). Sus reflexiones sobre los beneficios y perjuicios de la socialdemocracia en los Estados occidentales a lo largo del siglo XX, son tan interesantes como incontestables. Defiende Judt que en países de tanta influencia en Occidente como EE.UU. e Inglaterra (con los gobiernos de Ronald Reagan y George W. Bush en el primero, y los de Margaret Thatcher y Tony Blair en el segundo) se ha impuesto un capitalismo a ultranza e inhumano (ya saben: “los ricos, cada vez más ricos, y los pobres…”). Y como ejemplo, la política de privatización de servicios que le corresponden al Estado mantener por el bien de sus ciudadanos. Lo que en teoría parece una buena idea (se vende el servicio, lo que supone ingresos para las arcas públicas y el Estado se libra de una responsabilidad), en la práctica ha sido muy diferente, porque -dice Judt- no ha “representado ninguna ventaja colectiva evidente… La privatización es ineficiente”. Y como consecuencia de ese abandono de la responsabilidad del Estado y de esa ineficiencia, la lucha por la igualdad, por la justicia social, por la movilidad social está pasando desde hace décadas por una crisis que el mundo actual aún no sabe cómo ajustar o solucionar. Pero ¿qué pasa cuando el ciudadano no quiere luchar por esa igualdad, por la justicia y la movilidad social? En ‘Algo va mal’, como sospecho que en ningún estudio sobre la situación social y económica del mundo actual, en ningún momento se trata el problema de esa masa de ciudadanos que se conforma con los subsidios (la famosa “paguita”) que el Estado les da, no porque no encuentran trabajo, sino porque no quieren trabajar. Es el mismo caso del alumno que no quiere estudiar, que se dedica a no hacer nada en clase porque sabe que el sistema lo pasará de curso, aunque tenga todas las asignaturas suspensas; y así estamos creando la sociedad de individuos del nulo esfuerzo y de analfabetos no funcionales, sino totales y absolutos, pero que son muy útiles para las elecciones. ¡Qué razón tuvo y siendo teniendo Ibsen! José López Romero.