LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
Mostrando entradas con la etiqueta el 10 de mayo de 2019.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el 10 de mayo de 2019.. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2019

EN LA NOCHE DEL MUNDO


A veces con el fin de reducir la poesía a sencillas operaciones, se habla de poetas que después de sus primeros poemas o libros no deberían de haber escrito nada más, y de esos otros que van envejeciendo como los buenos vinos, y los que fueron aquellos sus versos de juventud, se van transformando con el paso del tiempo (que es sabiduría, experiencia y dominio), en poemas de solera, que llenan el paladar más exigente. Mauricio Gil Cano pertenece a este segundo grupo de poetas, como así lo atestigua su último libro titulado ‘En la noche del mundo’ (ediciones Dalya, 2019. Con prólogo de Juan Diego Fernández). Con un valor añadido en el caso que nos ocupa y que ya he señalado en otra ocasión: Mauricio es de esos poetas que viven la literatura sin añadir a lo último ninguna preposición (ni “para” ni “por” y mucho menos “de”). Vida y literatura, sin más. Y de la misma manera que ya ha entrado de lleno en su madurez, de igual forma notamos una mayor conciencia, una maduración, un dominio del arte, el tono más personal, en definitiva, con el que el poeta se va sintiendo más a gusto. Y es entonces cuando el verso sale más reposado y sentido. ‘En la noche del mundo’ se divide en tres secciones: “Entre tinieblas”, “Lira cristiana” y “Homenajes”, aunque quizá habría que hablar de dos partes, más una coda en la que el poeta rinde su verso a amigos y familiares, de lo que después nos ocuparemos. La unidad del libro se puede observar en la tensión que se establece entre las dos primeras partes, una tensión que se resuelve en la contraposición “oscuridad/luz”. Una oscuridad en la que el poeta se pregunta por la existencia de Dios, lo que le lleva a hacerse las preguntas universales: y si no existe, ¿existimos nosotros? ¿podemos existir sin Dios? Como nos plantea en poemas “Muerte de una idea” o “Sobre la vida eterna”. Así, para Mauricio el hombre vive esa gran travesía del desierto en busca de un Dios como un ángel caído, en la oscuridad de noches sin sueños (“El verso que anuncia”). Un Dios que a veces es el del Antiguo Testamento, pero sobre todo ese Cristo al que ve el poeta sufrir en la cruz y con él se duele: “Traspásame, Señor, con esa lanza / y clávame la luz de tu armamento. / Inúndame de sol, de firmamento, / incéndiame los ojos de esperanza”. Y después de la tinieblas, la luz. La luz de ese Cristo convertido en un Dios amor, en la más pura tradición cristiana y a quien se acerca el poeta para beber de él la caridad, la belleza, todos los dones de la vida: “Hay que dar cada mañana /gracias a Dios por la vida -¡recuerde el alma dormida…!- / pedir al río que mana / que riegue cada besana. /Hay que pedir al buen Dios / ventura para ir en pos / de una nueva primavera, / por florecer a su vera / en la hora de nuestro adiós” (“Maitines”). Tres sonetos a su madre bajo el título de “Dios te salve” y el poema “La paz definitiva” dedicado a su hermana Mª del Carmen son los pasajes del libro más cargados de emotividad. Como emotivos y festivos son los homenajes que cierran el libro, entre los que destacan los  dedicados a Pilar Paz Pasamar y Vicenta Guerra. El gusto por los versos y estrofas clásicas, especialmente el soneto, es una constante en el libro, en el que también Mauricio va descubriendo a sus maestros y referentes de su poesía. Un poemario de madurez. José López Romero.

LOS LIBROS QUE NO LEEREMOS


No era la primera vez que escuchaba a alguien –esta vez a un conocido filólogo- afirmar que  no leía nada que hubiera sido editado “después de Quevedo”, aunque más que la afirmación lo que me sigue sorprendiendo es la utilización de este recurso  por parte de algunos, para manifestar su desdén por el panorama editorial actual. Todo es, por supuesto,  puro teatro y una forma de defensa, y por supuesto de crítica hacia la marea de publicaciones intrascendentes que nos inunda y que nada aportan al panorama literario salvo desvalorizarlo. Mucha culpa de ello, es evidente, está en la popularización de las nuevas formas de edición y comercialización,  y, en definitiva, a la falta de controles. Pero tampoco hay que ignorar que  desde siempre, no solo hoy día, a los lectores se les trata de engañar de muy diversas maneras, como  a aquel capitán Delano, creación de Melville, que al abordar el navío Santo Domingo trataba de descubrir a los amotinados de sus prisioneros. En relación a todo esto que decimos, y como contraste, me viene a la memoria un curioso personaje que conocí muchos años atrás. Ya anciano era muy popular entre un pequeño círculo de universitarios con pretensiones literarias, que frecuentábamos el bohemio local donde paraba. Tenía facilidad y conocimientos para hablar de los más diversos asuntos o personajes de la literatura, pero se mostraba reacio, incluso hostil cuando le pedíamos nos descubriera algunos de sus escritos. Cuando alguna vez lo hizo, siempre a regañadientes, acrecentaba su halo de misterio por la calidad y belleza de aquellos fragmentos.  Nunca confesó ambiciones literarias ni supimos de alguna creación suya que fuera editada. El tiempo pasó y  los paisajes y personajes que frecuentaba, como este del que les doy cuenta, fueron difuminándose y desapareciendo. Pero desde entonces no he dejado de preguntarme sobre cuántas obras anónimas habrían podido dejar su huella en la extensa historia de la literatura, si sus anónimos creadores como el anciano de mis recuerdos, no hubieran considerado el escribir más una condena que un camino hacia la gloria. Ramón Clavijo Provencio.