LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 15 de noviembre de 2014

SOMBRAS

Hace unas semanas les daba cuenta de la aparición de dos documentos de gran  valor histórico: uno databa del siglo I d. C. y el otro era un cuaderno perdido de un científico de la expedición de Scott a la Antártida. Ahora me gustaría cerrar el tema acercándome a la otra cara de la moneda, la de  la literatura, donde la aparición muy de vez en vez  de algún manuscrito inédito de un escritor de prestigio ya desaparecido, o un fragmento nunca publicado de algún libro de culto, no suelen estar exentas de polémica. Sucedió el año pasado con la aparición oportuna –lo digo porque se vivían los prolegómenos del aniversario de su muerte- de unas pocas páginas inéditas del libro de Saint Exupery El principito. En esto de las apariciones “espontáneas” en la literatura hay que estar prevenido, pues a diferencia del rigor que rodea los estudios previos a las “apariciones” de los documentos históricos, la sombra siempre planea sobre los literarios. Y es que se juega  con ese convencimiento de que todos estamos predispuestos a desear la aparición de un libro desconocido de un autor que admiramos, predisposición que hace aumentar la picaresca.  Fue muy comentada hace unos años la publicación de una desconocida versión de  la novela de Julio Verne El volcán de oro. Hoy las incertidumbres sobre ella siguen y tenemos dos versiones firmadas por el mismo autor, y ninguna certeza sobre cuál  era la que Verne deseó dar a la imprenta. Revolver viejos manuscritos  siempre trae consecuencias no deseadas, y si no, basta recordar el culebrón que aún sigue sobre el último original inacabado de Capote, Plegarias atendidas, del que periódicamente aparecen algunas páginas. Estos últimos años han ido apareciendo textos de Orwell, poemas de Benedetti, cuentos de Kafka, etc. Y la lista seguirá creciendo puesto que la literatura se rige por unos intereses comerciales lejanos a los de la investigación histórica, y es esto lo que muchas veces arroja serias sombras sobre la auténtica realidad de lo que se nos trata de vender. RAMON CLAVIJO PROVENCIO 

DEUDA

Ha tenido que pasar demasiado tiempo para recordar que tengo una deuda pendiente y, por ello, más vergonzante con un escritor y con los lectores que se acercan a estas líneas. En mi descargo puedo argumentar que son tantos en tantos siglos que no uno, sino un ciento y hasta millares son los escritores que se te pueden escapar, y que necesitaría más de tres vidas para leer algo, no todo, de aquellos que realmente merecen la pena. Por fortuna para mí, aunque debí encontrarme con sus novelas mucho antes (nunca es tarde…), puedo contarme entre el sin duda enorme grupo de rendidos lectores de Francisco González Ledesma. Hace unos meses, después de haber leído varias de sus narraciones, me hice con la reedición que la editorial Menoscuarto publicó de su primera novela “El adoquín azul”, una narración breve sobre la represión de la dictadura. Una novelita por la que podemos comprobar que González Ledesma es mucho más que un escritor de novela negra. Pero no hubiese hecho falta tal demostración, porque en sus propias novelas policíacas, con su comisario Ricardo Méndez como protagonista, ya se puede apreciar que González Ledesma es un escritor de mucho más recorrido y profundidad de lo que te permite o creemos que permite el género negro. Si la figura del Méndez crepuscular, ya de vuelta de tantas batallas cuyas huellas se dejan notar en las cicatrices del cuerpo pero también del alma, nos acerca al tipo de protagonista clásico del género, son la fina ironía, la capacidad del personaje para reírse de sí mismo, la mezcla de lo trágico y lo cómico los rasgos que relacionan a Méndez con los personajes más emblemáticos de la literatura española, y a las novelas de González Ledesma con la mejor de nuestra literatura clásica. Después de leer “Expediente Barcelona” y “Una novela de barrio” me di cuenta de que quizá el género policíaco anglosajón podía estar sobrevalorado, al amparo de las versiones de Hollywood; de que el emergente y ya consolidado género norte-europeo no dejaba de ser una literatura menor, incluso con productos de desecho (caso de Stieg Larsson); y de que la novela negra mediterránea bien merecía un buen periodo de atenta y, de seguro agradecida, lectura. Si ya había descubierto hacía unos años a Donna Leon y su Brunetti enredado en los turbios asuntos políticos, sociales y económicos tan italianos, y a Camilleri con su amable Montalbano (personajes cuyas series televisivas lejos de hacerles justicia, los ensombrecen), o a Petros Márkaris y su comisario Kostas Jaritos, la lectura de González Ledesma ha sido en mi caso uno de los grandes y afortunados descubrimientos de los últimos años. Con él y con los lectores de esta página había contraído una deuda que espero haya pagado. Ya solo me queda seguir leyendo sus obras… ¡Qué pena no encontrar su nombre en un monográfico sobre la novela negra en España publicado por una de las revistas literarias del momento!. José López Romero.