LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
Mostrando entradas con la etiqueta el 15 de noviembre de 2013.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el 15 de noviembre de 2013.. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de noviembre de 2013

CURIOSIDAD

"joven leyendo" de Alexander Deineka
Puede resultar curioso o cuando menos llamativo que casi todas las imágenes o pinturas que tienen como protagonista a un lector o lectora, estos siempre aparecen solos, en muy variados espacios y ambientes, pero solos. Algunas de estas imágenes han pasado y siguen ilustrando nuestro blog ‘laberinto 1873’. Y ello, aunque curioso por la aplastante coincidencia, no deja de tener su lógica: leer es un acto, como ir al servicio (con el que tanta relación siempre ha tenido), personal e intransferible. Ya habrá momento de compartir la lectura con amigos y conocidos, pero el acto en sí del libro en comunión con el lector debe realizarse en la más completa y entrañable soledad. Y, como lector que intenta respetar con escrupulosidad estas condiciones, siempre me ha sorprendido el poder de aislamiento que tienen muchos lectores de conseguir concentrarse en la lectura en las condiciones más adversas. No hace mucho tiempo los transportes públicos, sobre todo el metro, los autobuses, los trenes, etc., y no digamos la playa y su bullicio eran los espacios en los que se veían más lectores por metro cuadrado, y debo confesar que muchas veces me ha picado la curiosidad por saber qué libro estaba leyendo la señorita que permanecía ausente de los ruidos y jaleos propios de estaciones y viajeros en el tren de cercanías que nos llevaba a Sevilla, o aquel señor amparado en la sombrilla de playa, feliz con su libro y ajeno a sus hijos ocupados en trasegar arena con sus cubitos y sus palas, mientras su mujer le lanzaba alguna que otra mirada asesina. Hay libros sin duda con tal poder de abstracción que hacen que el lector se olvide de la realidad más próxima que le rodea por muy bulliciosa que esta sea. Pero también los hay que serenan el espíritu, la inquietud del momento y ejercen el efecto sedante que otros buscan en las infusiones orientales. Más de un libro me ha calmado los naturales pero infundados nervios ante la espera tensa de la consulta del dentista. Hoy, por desgracia, el móvil y sus aplicaciones han desplazado al libro, y por todos lados solo vemos personas, doblada la cerviz, moviendo dedos en torno al maldito artilugio. Y por supuesto, no me pica la curiosidad por saber qué escriben, no por intromisión en su intimidad, sino por no certificar hasta qué punto es capaz un ser humano de perder el tiempo en idioteces. Pero con el cambio de costumbres ¿a quién le pueden extrañar las últimas estadísticas de lectura en nuestro país? La imagen veraniega no puede ser más ilustrativa: mientras cinco jóvenes juegan con sus móviles y no se deciden qué helado comprar, la chica de la heladería aprovecha el tiempo leyendo. Es ese modesto, digno e ínfimo tanto por ciento de españoles que todavía tienen su pequeño hueco en las bochornosas estadísticas. Me hubiera gustado preguntarle qué libro estaba leyendo, solo por curiosidad, pero no quise interrumpir un acto tan personal e intransferible. José López Romero.       


CHEFS

De un tiempo a esta parte raro es el conocido que no me confiese que desde la más tierna infancia siente vocación por los fogones. Incluso un familiar muy cercano  me cuenta sin rubor historias rocambolescas en torno a experimentos con recetas secretas, pese a mi sorpresa, pues al personaje lo conozco desde que tengo uso de razón, y jamás sospeché de estas inclinaciones ni lo sorprendí en estos quehaceres. La moda está llegando a cotas tan sorprendentes  que muchos viajes son motivados más por la fama de un  restaurante “Michelin”, para el que esperamos meses antes de degustar sus platos – que por  el atractivo de la Toscana o los fiordos noruegos, pongamos por caso.  Las escuelas de hostelería crecen como setas mientras entre  las estrellas de la farándula, hasta ahora procedentes en su mayoría del mundo de la canción o los deportes, se van abriendo paso los ganadores de algunos de los múltiples concursos televisivos que se emiten por cualquier cadena que se precie. Y al hilo de todo esto nos llega una avalancha de títulos editoriales que no solo  copan los estantes y  escaparates de librerías, sino espacios físicos y temporales en los más diversos medios de comunicación. Es sabido que la cocina es uno de las grandes vicios de la humanidad, y por ello sigue vigente aquel dicho latino que nos advierte lo de comer para vivir y no al contrario (edo ut vivam, non vivo ut edam), pero soy de la opinión de que este asunto en la actualidad adquiere tintes kafkianos. Si la historia de la literatura está plagada de libros maravillosos sobre el arte culinario –En deuda con el placer (Lanchester)- o  grandes escritores  que nos descubren el placer de la buena cocina  -- Alejandro Dumas — nunca hasta hoy día tuvimos que soportar tanto despropósito materializado en esa plaga de desconocidos o famosos por un día, que nos martirizan con su interpretación del viejo y noble arte culinario. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO