De entre los misterios o problemas que la historia de la literatura aún tiene por descifrar o resolver, hay especialmente uno que trae a la investigación desde hace años de cabeza: un pequeño pasaje que, curiosamente, se repite en dos obras a la vez: “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y “1984” de George Orwell. Sin duda son dos ediciones espurias de estas dos magníficas obras en las que algún editor o escritor metió la pluma sin que a ciencia cierta se pueda saber quién está detrás de este breve añadido. Al ser el mismo texto, todo hace suponer que estemos ante una sola autoría y muchos han apuntado el nombre de Steven Lukes, famoso autor del “Viaje del profesor Caritat o las desventuras de la razón”. Pero ¿en qué consiste el dichoso pasaje? Lo mejor será que lo transcriba literalmente para que cada lector saque sus propias conclusiones. Se trata, como verán, de una reflexión o monólogo. “El domingo iré a votar. Seguro que cuando llegue al colegio electoral tendré que guardar cola, y que seguramente no conoceré, ni de vista, al ciudadano o la ciudadana (¡qué hermosas palabras!) que estará delante o se pondrá detrás de mí. Pero me entrarán unas ganas enormes de preguntarle qué libro está leyendo ahora, qué ha leído en los últimos cinco meses y si suele leer el periódico a diario y ver o escuchar algún informativo de televisión o radio. Yo querría que la persona que va a votar conmigo, y cuyo voto tiene el mismo valor que el mío, ejerza su derecho con un mínimo de conocimiento de causa. No pido mucho más. Yo querría que los votantes fueran ciudadanos con un mínimo de instrucción y que tengan también una mínima conciencia de lo que están haciendo al echar su papeleta en la urna. Pero mucho me temo que no sea así, que ese conciudadano de la cola no habrá leído ni la papeleta que ha metido en el sobre y, ya poniéndonos en lo peor, sólo ve en la tele “Sálvame de luxe” o cualquier otra porquería del mismo estilo, y que un libro es para él una especie de ovni. La democracia, sin duda, tiene sus servidumbres, deudas que todos debemos pagar, pero a veces, como en estos últimos años, el sacrificio ha sido excesivo. Y lo que nos queda por delante.”. José López Romero.
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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miércoles, 23 de noviembre de 2011
ALDO Y LOS CLÁSICOS
Hay obras literarias que todo el mundo admira, pero que nadie ha leído. Esta frase de Hemingway la recordaba Caballero Bonald en el XIII Congreso de la Fundación que lleva su nombre, celebrado a finales de octubre bajo el título “Releer a los clásicos”. Genial idea la de los organizadores para proponer, en palabras del autor jerezano, “algunas soluciones u ofrecer determinadas pistas en este sentido”. Nada fácil, eso de acercar al gran público la Farsalia de Lucano, la Eneida de Virgilio o El criticón de Gracián, por poner algunos ejemplos. Pero nadie dijo que fuera fácil. Y tampoco que este intento de acercamiento a los clásicos sea nuevo. A finales del siglo XV se estableció un impresor en Venecia, llamado Aldo Manucio, con el fin primordial de publicar ediciones críticas de los clásicos. Se trataba de satisfacer nuevas modalidades de lectura, facilitando una colección de libros personales que iban destinados a colmar las apetencias del hombre culto. En un principio, Aldo siguió utilizando los formatos corrientes, el cuarto y el folio, pero con una edición de Virgilio de 1501 rompió abruptamente con las tradiciones y se dedicó a imprimir clásicos en un formato reducido, en octavo, que pueden ser llamados “libros de bolsillo”. La reducción del tamaño de las encuadernaciones repercutió en una bajada de precios de los impresos, lo que contribuyó aún más a la difusión de los “aldinos”. Estos libros destacaban por la cuidadosa preparación y corrección del texto. El propio Aldo, que había estudiado tanto griego como latín, se cuidó del necesario trabajo filológico, pero cuando la imprenta fue creciendo, tuvo que buscar colaboradores y recurrir a un cuerpo de filólogos, la “Aldi Neacademia”, a cuyo cargo corría la selección de los autores y el estudio de los manuscritos más autorizados. Y así fue poniendo al alcance de los limitados recursos económicos de muchas personas cultas y sensibles, buenas ediciones de los mejores autores. Manucio fue también el primero en utilizar un tipo de letra más inclinada, conocida como “itálica” y que ha llegado a nuestros días con el nombre de “cursiva”. Actualmente, cuando hablamos de libros “aldinos”, pensamos particularmente en estas pequeñas ediciones de clásicos impresas en cursiva. No son fáciles de encontrar, lógicamente. La red de bibliotecas municipales de Jerez tiene la suerte de contar con un “aldino”, que perteneció al bibliotecario del marqués de Villapanés, Francisco de Paula Peralta, y que hoy descansa en los anaqueles de la Biblioteca Municipal de Distrito “Padre Luis Coloma”. En España, hemos rastreado este ejemplar en otras seis bibliotecas públicas, entre ellas las de las universidades de Granada y Valencia o la pública de Toledo. En el exterior, solo lo encontramos en Inglaterra, donde la British Library también conserva una muestra del mejor de los editores educadores. NATALIO BENITEZ RAGEL
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