LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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domingo, 1 de marzo de 2015

BIBLIOTERAPIA

“Novelas que curan”, “la biblioterapia literaria”, así se titulaba un reportaje que hace unas semanas leía en una de esas revistas dominicales, como si el psicólogo al que hace referencia el dicho reportaje hubiese inventado o hecho el descubrimiento del siglo. Es más, en el mismo texto se hacía alusión a como en el antiguo Egipto ya se consideraba la lectura como medicina para el alma. El método, según declaraciones del doctor Berthoud, consiste en pasarle al paciente previamente un cuestionario en el que este indique gustos y hábitos literarios y, ya metidos en faena psicológica, explique el momento vital por el que atraviesa; y tras una entrevista o sesión de unos 50 minutos, el paciente se lleva su tratamiento en el que se incluye la medicación y seis o siete libros para leer y posteriormente dar su opinión sobre ellos. Así, dice el propio Berthoud, los pacientes tienden a hablar con más distensión y naturalidad de sus problemas personales si toman como referencia los problemas de los personajes de las novelas recetadas. Porque descubrir las obsesiones o los defectos en los demás, aunque sean seres de ficción, y analizar y hasta criticar  su comportamiento, son formas que nos ayudan a superar nuestras propias carencias o debilidades. Nada nuevo bajo el sol, de ahí la alusión a los egipcios para los que ya la lectura, sin necesidad de indicaciones médicas, era por sí misma una fuente de salud. No hace falta demostración ninguna para afirmar categóricamente que las artes en general tienen propiedades terapéuticas, la música es un ejemplo palpable de ello, como la contemplación de una hermosa pintura o escultura produce en sanos y enfermos efectos medicinales; sin embargo, de la literatura estas cualidades no se habían puesto tan de manifiesto o no se les había dado la importancia que se les había concedido a las artes antes citadas. Y en cuanto se publique en español el libro “The Novel Cure”, que ya está al caer, y cuya autoría comparte Berthoud con su compañera de estudios de Literatura Inglesa en Cambridge Susan Ederkin, a nadie debería extrañar que las librerías cambiaran la distribución de libros en sus anaqueles en lugar de géneros, por enfermedades, y que a aquellas acudieran los pacientes con recetas médicas. O incluso que en las farmacias dedicaran algunas de sus estanterías a libros. O, echando más imaginación, las bibliotecas públicas se lleguen a convertir en hospitales.  Pero mucho me temo que en este país en el que tan poco nos gusta ir al médico, pero colapsamos las urgencias, terapias como la lectura de libros tienen los días contados. Ya me imagino a más de uno que ante un tratamiento de choque de cinco libros, con el fin de mitigar sobre todo su ignorancia y de paso algún complejo mal curado en su infancia,  le rogará al doctor “¿y no tendría usted aunque fueran unos supositorios?”. José López Romero.

NAUFRAGIOS

Tuve el privilegio de escuchar a Manuel Ravina –archivero, bibliófilo, reputado investigador de la cultura y magnífico orador- en la intervención que realizó hace unos días dentro del ciclo organizado por el Archivo Histórico de Jerez, sobre patrimonio documental. En la mencionada intervención –cargada de información relevante, pero a la vez con la amenidad que sólo un humanista como él puede lograr- el actual director del Archivo General de Indias nos descubría a los allí presentes, qué colecciones documentales depositadas en el mencionado archivo son relevantes para la historia de nuestra ciudad. Ravina, orador curtido en mil batallas, sabe captar la atención del público, y en esta intervención a la que me estoy refiriendo un elemento para ello era detenerse en la interesante figura del jerezano Álvar Núñez Cabeza de Vaca. No reproduciré aquí lo que de relevante, y  fue mucho,  se nos desveló sobre el personaje, aunque sí resaltar la apasionada reivindicación que el conferenciante realizó de un libro, “Naufragios”, escrito por nuestro paisano. Ravina reivindicó con vehemencia, y muchos se lo agradecíamos en silencio, un libro tan admirado fuera de nuestras fronteras  - en Estado Unidos es normal encontrarlo entre las lecturas escolares recomendadas en los planes de estudios- como olvidado por estos lares. Es cierto que Cátedra lo incluye entre  sus colecciones y que Edhasa publicaba recientemente otra edición con el atractivo de estar presentada por José María Merino. Pero no es menos cierto que la gesta de Álvar, pese a la increíble odisea que protagonizó, es poco conocida en sus detalles por el lector de este país, grado de  desconocimiento igualmente aplicable a la ciudad de Jerez donde al menos, hace unos años,  se erigió una escultura en  su honor. Lo cierto es que a los 473  años de la publicación de “Naufragios” (1542) tuvo que venir Manuel Ravina –todo un lujo- a recordarnos la importancia de un libro que podría ser la mejor novela de aventuras escrita jamás, si no fuera por el nada baladí detalle de que todo lo relatado en él es real. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO