LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 28 de marzo de 2015

FAUNA DE PAPEL

Termino la nueva novela de Arturo Pérez Reverte y confieso que he sentido una cierta emoción al dibujarse en sus primeras páginas ese universo que rodea al libro antiguo, en este caso  centrado en los ejemplares depositados en la biblioteca de la Real Academia de la Lengua y las historias que se esconden tras muchos de ellos –como es el caso de la Encyclopédie que allí se custodia y sobre la que Pérez Reverte hace girar la trama de su novela Hombres buenos. He sentido una cierta emoción, como  decía, pues sobre este mundo del libro antiguo no es frecuente que la literatura se entretenga, aunque cuando lo hace nos deje piezas eternas firmadas por Borges, Bioy Casares, Eco... Es este mundo del que  hablo,  transitado por bibliófilos, bibliógrafos, libreros anticuarios, investigadores diversos y, por supuesto, bibliotecarios, un territorio extraño para el que lo observe desde fuera,  al que incluso  considerará fuera de lugar en estos tiempos de lo digital. En la novela que les nombraba, Hombres buenos, uno de sus protagonistas es un  bibliotecario  al que Reverte hace vivir una aventura viajera no exenta de peligros, lo que sorprenderá al profano  seguramente influenciado por el tópico de “ratón de bibliotecas” que el tiempo y la historia ha ido haciendo caer como un estigma sobre esta profesión, y que sólo el paso de los siglos ha ido desdibujando. Volviendo a la fauna de la que hablaba más arriba, siempre he tenido la impresión de que de las especies  nombradas y que habitan el mundo del libro antiguo, el bibliotecario de fondo antiguo es el que se lleva la peor parte, al que   con más recelo se mira. Quizás por la  imagen heredada de otras épocas de guardián de unos tesoros de papel que eran inaccesibles para el resto de mortales. Hoy día el acceso a los contenidos de cualquier libro es posible para quien lo desee gracias a la digitalización, pero bien es cierto también que el acceso a los originales más antiguos y raros deben ser preservados del paso del tiempo. Sigue siendo ese un cometido del bibliotecario  que aún sigue siendo motivo si no de  enfrentamiento, sí de recelo por parte de algunos investigadores. ¿Pero cómo se hubieran conservado  hasta hoy los Epigramas de Marcial en la edición veneciana de 1475 o  el Tratado de Oratoria de Agustinus Datus, de 1514, si el bibliotecario de fondos patrimoniales no hubiera  hecho bien su trabajo? ¿Cómo se habría podido conservar la primera edición de la Encyclopédie hasta hoy en los anaqueles de la biblioteca de la Real Academia de la Lengua, si bibliotecarios como el que describe Pérez Reverte y sus sucesores no se hubieran dedicado en cuerpo y alma a su profesión? RAMON CLAVIJO PROVENCIO

EL VASO

“Father. ¿Qué te parece si en ARCO del año que viene expongo un platito de esos “deliciosos” (el diminutivo y el adjetivo, ironía materna) potajes que nos haces y le llamo “quien bien te quiere, te hará llorar”?”. Mi hija que para esto de las pullitas tiene una retentiva extraordinaria, había visto en la tele esa majestuosa obra de arte “el vaso medio lleno”, que se vendió en 20.000 euros, o esa montaña de papel triturado que alcanzó la cifra de 8.000. Ferias de arte como la de ARCO vuelven a poner sobre la mesa el ya viejo tema del fraude en el arte moderno. A los que nos hemos educado en un arte figurativo y, como mucho, podemos llegar a entender que existe otro arte más allá de las formas, nos suena a rollo de embaucador de feria (y nunca mejor dicho) eso de que “el arte hay que verlo primero con el corazón”, como se atrevió a afirmar en la tele una señora de cuyo cargo en ARCO no quiero acordarme. El “todo vale” que Vargas Llosa denunciaba en su “Civilización del espectáculo” (libro imprescindible), se radicaliza aún más en el mundo de las artes, donde sin escrúpulos ni pudor de ningún tipo te pueden vender un calcetín sudado por unos cuantos miles de euros (“No me des ideas, pá”, le oigo a mi hijo). No hace mucho saltaba a los informativos el caso de Damien Hirst y sus calaveras de diamantes o su tiburón en formol, otro fraude para muchos y, sin embargo, uno de los artistas más cotizados del momento. Este tipo de obras no hacen más que desvirtuar el concepto de arte por muy moderno que nos quieran hacer entender y, sobre todo, vender. No sé qué hará con “el vaso medio lleno” el comprador, que debe de tener un corazón tan pródigo como la cartera, pero lo que sí sé es que 20000 euros se pueden utilizar de forma mucho más beneficiosa para la humanidad. ¿El vaso medio lleno? Mi corazón lo ve medio vacío. José López Romero.