LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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lunes, 7 de abril de 2014

DIARIAS BATALLAS

(A Carla, bibliotecaria)

Cuando adolescente entré en aquella parte de la  biblioteca, me invadió una sensación de curiosidad ante el extraño mundo que se abrió ante mis ojos, una vez franqueé sus puertas. Había estado en ella otras veces, pero en la parte de préstamos y lectura pública, y ahora debido a un engorroso trabajo de Filosofía sobre el padre Gratri, entraba por vez primera en aquella otra zona, la de la colección patrimonial. El encargado de sala  miró desconfiado a aquel grupo de jóvenes entre los que me encontraba, pensando sin duda que daríamos problemas. Pero no pudo hacer nada ante aquel permiso que esgrimimos, donde la firma del  Director de la biblioteca validaba la petición de consulta que le hacía nuestro profe de Filosofía. En aquellos tiempos, ya lejanos, sin Internet, aquellos tomos de una voluminosa historia de la filosofía y que sólo allí se encontraban, eran nuestra única esperanza  de poder terminar el  trabajo sobre aquel Gratri que se nos atragantaba. Pero aparte de Gratri, los días que duraron aquellas visitas, empecé a descubrir  por vez primera un mundo  desconocido que comenzó a ejercer sobre mí una cierta fascinación. Lo cierto es que allí, pese al silencio, los extraños y  pocos  usuarios,  y la vigilancia sobre estos y los libros que pedían, siempre pasaba algo. Un día podía ser el desalojo de un estante entero de viejos libros, pues habían encontrado restos de polilla en la madera; otro, la acalorada discusión con un usuario que no tenía los requisitos para consultar al parecer un libro rarísimo, y por el que había hecho un largo viaje. Pero la “bomba” fue cuando aquella tarde lluviosa cogieron in fraganti a un conocido usuario, con una cuchilla y una lámina recortada en las manos de  un antiguo volumen. Los recuerdos me han asaltado en la despedida de una amiga bibliotecaria, y he regresado a los orígenes de esta fascinación por un  mundo donde se libran diarias batallas contra monstruos diminutos o ladrones, donde los sabios se emocionan o se ha logrado detener el tiempo. Ramón Clavijo Provencio.   

SOMBRAS SOBRE GREY

En Las conversaciones (libro que reseñamos hace unas semanas en esta misma página) de César Aira, el protagonista-narrador en primera persona comenta, ya en las líneas finales del breve relato, que detrás de los guiones de muchas películas está todo un equipo de expertos que estudian hasta los más mínimos detalles de la trama, hasta el punto de que “un miembro se especializaba en chistes, otro en el costado romántico, otro en la cuestión científica, otro en la política, había un experto en verosímil, uno en procedimientos policíacos, uno en psicología, y así sucesivamente”. Para terminar con la siguiente conclusión: “Desde el punto de vista artístico, el método tenía sus ventajas y desventajas”. Como todo en la vida, me atrevería yo a decir. Es posible que las fuertes cantidades de dinero que cuesta una película y la necesidad al menos de recuperar lo invertido, si no se pretende que sea un éxito, exija este tipo de organización que le quita ese prestigio de cine de autor, en favor de una creación colectiva y quizá excesivamente programada. ¿Pasa esto mismo con la literatura? La figura del “negro” siempre ha existido y de vez en cuando nos acordamos de ella cuando salta a la actualidad a consecuencia de algún escándalo. Y rumores hay que detrás de algún que otro best-seller hay todo un equipo de escritores en la sombra, como aquel del que nos hablaba el protagonista de Las conversaciones. Pero no me imagino que uno sea especialista en diálogos, otro en descripciones, otro en diseño de personajes, etc. Porque de esa manera me negaría a considerar el resultado final como literatura, sino más bien como una producción en cadena, es decir, de productos envasados o enlatados, en definitiva, lectura basura. Pero lo que no deja de ser un ejercicio de elucubración basada en simples rumores (no otra cosa son las reflexiones del protagonista de Las conversaciones), puede que tenga más de un viso de verosimilitud. También las editoriales invierten sus buenas cantidades de dinero en la edición de libros y, sobre todo, en la publicidad de obras que son, sin lugar a dudas, muy malas. Pongamos por caso el éxito de Cincuenta sombras de Grey de E.L. James. Está claro que el sexo con su puntito sadomasoquista siempre ha dado resultado, no hace falta hacer un estudio de mercado para comprobarlo porque el cine y la literatura lo han demostrado y certificado ampliamente en productos cuya calidad los hacen incomparables con el best-seller de James; pero ¿quién es esta E.L. James, apellido por otra parte muy corriente? ¿realmente es la autora o una señora que ha prestado su identidad, a cambio de pasar a la historia como la perpetradora de este libro, detrás del cual habrá, me imagino, un equipo de “negros” pasándoselo bien con las carnes y curvas sinuosas de la estudiante? Y ya puestos a imaginar, seguro que si no este año, el que viene, la tal E.L. James aparecerá de nuevo por las librerías con un nuevo relato, esta vez sobre el mundo de los negocios, crisis bancarias y rubia despampanante, que convertirá en película el incombustible Michael Douglas. Al tiempo. José López Romero.