LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 5 de febrero de 2011

EL CALLEJÓN DEL GATO

Si a algún amigo o conocido, en un acto de temeridad, se le ocurriera pedirme que le sugiriera una novela que recree la Roma imperial y la figura de Julio César, yo no dudaría (con permiso de mi amigo Juan Cienfuegos) en aconsejarle “Los idus de marzo” de Thornton Wilder. Novela que, además, tiene como interés añadido su estructura epistolar; cartas por las que vamos conociendo la psicología de los personajes, sus preocupaciones, deseos, sentimientos, etc., y entre los que destaca el poeta Catulo. Pero si ese amigo o conocido, en un ataque de imprudencia manifiesta, persistiera con terquedad en más sugerencias, le aconsejaría el drama de Shakespeare “Julio César” y, en especial, el discurso de Marco Antonio ante la plebe de Roma (magnífico Marlon Brandon en la película de Joseph L. Mankiewicz), o el capítulo dedicado a Cicerón en “Momentos estelares de la humanidad”, de Stefan Zweig. O incluso, si sólo se trata de entrar en contacto con los héroes clásicos el “Coriolano” del mismo Shakespeare. Porque de eso tratan las grandes obras que hemos señalado, de héroes, de hombres grandes que supieron estar más allá de la altura a la que su tiempo les exigía. Y no otra intención tuvieron Wilder, Shakespeare, Zweig y tantos otros escritores, sino poner de relieve, ante la admiración de los lectores, la grandeza de aquellos hombres convertidos en héroes. Como son, por otra parte, el Ulises de la “Odisea”, o el Eneas de Virgilio. Pero ya Valle-Inclán se encargó a principios del siglo pasado de transformar heroicidad en mezquindad, grandeza en miseria. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos del callejón del Gato dan el esperpento: visión degradada de la realidad, transformada con matemática perfecta de espejo cóncavo, cuyos héroes son fantoches y peleles, como don Latino de Hispalis. ¿Cómo, si no es a través de los espejos cóncavos, pudimos leer las entrevistas realizadas a cargos provinciales y nacionales y publicadas en este mismo Diario (véanse domingo 16 de enero y sábado 29 de enero)? Se palpaba en las respuestas de ambos personajes el desprecio por los más básicos principios de democracia, justicia y honradez propios de políticos resabiados y reservones que se refugian en tablas, agachan la cabeza y escarban en los asuntos tenebrosos, no para destaparlos, sino para echarles más tierra encima. Hace ya demasiado tiempo que algunos políticos, lejos de ser héroes, no están ni siquiera a la altura que les exigen los tiempos y los ciudadanos; hace ya demasiado tiempo que la realidad política de nuestra tierra ha pasado por los espejos cóncavos del callejón del Gato, y sólo refleja seres mezquinos y degradados. Yo, como aquel que se acercó a César, les advertiría “guárdense de los “idus de mayo”. José López Romero.

FRICCIONES

Me preguntaban hace unos días, en un medio de comunicación regional, en torno a la irrupción de las nuevas tecnologías en el mundo del libro, y en concreto sobre los libros electrónicos. Contesté lo que tantas veces he expuesto en estas mismas páginas, que “el proceso es irreversible, y que todo parece ir más de prisa de lo que nunca imaginamos”. Precisamente esa aceleración está provocando curiosas fricciones entre lo que ha sido algo inamovible desde hace siglos y el futuro que se ha hecho casi presente. En este periodo de transición se están viendo afectados no solo los formatos sino  hábitos, costumbres, instituciones…Un ejemplo: Hace algunos meses un municipio británico de la órbita londinense, asfixiado como  otros por la crisis decidió cerrar una de sus bibliotecas públicas para ahorrar gastos, justificándolo además  con el peregrino argumento de que “en un mundo donde reina Internet, ¿qué valor pueden tener estas instituciones arcaicas?”. La respuesta no se hizo esperar. Un usuario de la biblioteca envío, valiéndose precisamente de las nuevas tecnologías, un mensaje a través de su móvil dando cuenta a otros usuarios de las intenciones municipales, mensaje que se propagó con la rapidez del rayo. En él se conminaba a todo aquél que le importara la biblioteca, a que se personara en ella e hiciera uso de su servicio de préstamo. En pocos días, tal fue la respuesta,  las estanterías de la biblioteca estaban prácticamente vacías, con lo cual se mandaba el mensaje de que la biblioteca publica, pese a Internet, al libro electrónico y a las nuevas tecnologías, era un servicio  apreciado y sobre todo útil para la comunidad. El resultado final es que parece que el mencionado municipio londinense va a pensarse algo mejor en dónde aplicar la tijera para recortar gastos. A propósito de esto hay que decir que las bibliotecas públicas  fueron una de las instituciones que mejor se adaptaron a la irrupción de internet en nuestras vidas, creando dentro de sus instalaciones, como un servicio gratuito más, la conexión a la red.  Pero es que ahora también  vuelven a ser de las primeras en  moverse ante la irrupción del libro electrónico. Otro ejemplo: La Biblioteca Provincial de Huelva es la primera andaluza que, dentro de una experiencia piloto a nivel nacional, ha adquirido cincuenta e-Reader (lectores) para comenzar a servir libros electrónicos a sus usuarios. Ramón Clavijo Provencio.