LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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sábado, 5 de noviembre de 2011

SUEÑO

Aunque las más antiguas retóricas propugnen como verdades incuestionables que en lo concerniente a géneros literarios éstos no pasan de tres (poética, dramática y épica), la realidad termina por cargarse dogmas y principios y  han ido surgiendo, con el correr de los siglos, toda suerte de subgéneros y variantes que pone título o etiqueta a nuevas expresiones o modos literarios que sin duda tienen su público. Uno de éstos a los que me he aficionado después de varias incursiones es la historia del libro o, más amplio, libros que hablan de libros o de lecturas, o de bibliotecas o de escritores. Empecé en su día con la “Historia del libro” de Svend Dahl  y he seguido con otros, algunos de lectura más esforzada como la “Historia del libro” de Frédéric Barbier, y otros más amenos (“Lecturas y lectores en el Madrid del siglo XIX” de Jesús A. Martínez Martín), hasta llegar a la “Historia de la lectura” y “La biblioteca de noche”, obras de Alberto Manguel, cuya bibliofilia se deja notar por la pasión y la amenidad de su estilo, virtudes que en estos temas se agradecen especialmente. Y como variante de este “subgénero” también me he aficionado a libros en los que sus autores estudian aquellas obras que más les han influido o que consideran maestras de la literatura; y de ahí las “Diez grandes novelas y sus autores” de W. Somerset Maugham o “La verdad de las mentiras” de Vargas Llosa. Y me gustan estos libros no sólo porque además de deleitar te enseñan, sino porque te llevan a otros libros, en una especie de cadena, que te va enlazando a la mejor literatura de todos los tiempos. Así, de Vargas Llosa he llegado a “La señora Dalloway” de Virginia Woolf; de la estremecedora “Sobre la historia natural de la destrucción” de W.G. Sebald he llegado a la novela de H. Böll “El ángel callaba”; como en “La biblioteca de noche” conocí la delicada personalidad de Aby Warburg; como la lectura de “Tumbas de poetas y pensadores” de Cees Nooteboom me ha traído un poema de Pierre Kemp que he grabado en la cabecera de la cama: “Algunas noches sigo una luz amarilla / hasta una puerta azul en la que se lee: Sueño. / Yo no la abro por mi mano / ni me viene a buscar una mujer / para que entre a comprar sueños. / Y sin embargo siempre he pagado mis sueños / No debo nada a la noche.” José López Romero.

QUINCE AÑOS DESPUÉS

La pasada semana se celebraron en nuestra ciudad unas Jornadas sobre Asta Regia, patrocinadas por el Ateneo  y en homenaje al primer arqueólogo que excavó sobre aquellos terrenos, Manuel Esteve Guerrero. También hace ahora quince años, publicaba un servidor una biografía del personaje que si bien fue el primer intento de rescatar su figura  del olvido, me ha dejado con la perspectiva que dan los años un sabor agridulce. Y es que si bien en ella  ponía en primer plano  los trazos más importantes de su personalidad y de lo que significó su figura para la cultura, la falta de medios y las prisas por sacar aquella publicación hicieron que se quedaran en el tintero o no se pulieran o matizaran asuntos sobre los que hubiera sido muy interesante profundizar. Pecados de juventud. Pero lo cierto es que  a día de hoy y con motivo de la oportuna reivindicación que hace el Ateneo de  actuaciones sobre el olvidado pero lleno de futuro yacimiento de Asta Regia,   y donde hoy se hace patético observar un desvencijado cartel de la Junta de Andalucía advirtiéndonos que estamos en zona arqueológica donde hace setenta años Esteve hiciera con un reducido grupo de obreros las primeras catas, ha vuelto a reivindicarse fugazmente la importancia cultural de su figura. El doctor y prehistoriador de la UCA José Ramos, en el inicio de su intervención en la primera ponencia de las Jornadas, dedicó unas sentidas palabras al profesor Esteve, a su lucha contra la falta de medios y la incomprensión de los dirigentes de la época, que poco o nada hicieron para aportar medios  que hicieran progresar los esfuerzos del entonces bibliotecario y arqueólogo Municipal. Muchas veces se ha justificado esa falta de medios de los que se quejaba Esteve en sus cuadernos de campo, y en la documentación administrativa que ha llegado a nosotros, en la propia penuria del periodo histórico que le tocó vivir. Estamos hablando de mediados  de los años cuarenta, es decir, en la época aún álgida de la postguerra. Pero el apoyo institucional en otros lugares del territorio peninsular a otros proyectos arqueológicos, nos hacen pensar que algo sigue oculto en torno a la figura de Esteve y que  afectó a sus iniciativas en el campo de la arqueología. Estoy convencido de que en  los cuadernos de campo de Manuel Esteve se esconden las respuestas a muchas interrogantes que hoy planean sobre este personaje, al igual que en la documentación administrativa que abarca la  dilatada época en la que estuvo al frente de la Biblioteca y Museo arqueológico Municipal.  De algunas de esas respuestas escarbé su superficie en el libro que les mencionaba al inicio (“Manuel Esteve, medio siglo de cultura jerezana”, BUC, 1996),  otras intuyo siguen ahí, escondidas en sus textos, esperando que alguien termine por descifrarlas.  Ramón Clavijo Provencio