LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 7 de noviembre de 2014

PLACAS

La calle “library way” de Nueva York, o el tramo de la 41 que desemboca en la Quinta Avenida y, de esta, en el imponente edificio de la Biblioteca Pública de la ciudad, está llena de placas, hasta 96, encastradas en las dos aceras de la calle, que recogen otras tantas citas de escritores y sabios referidas al libro o a la lectura. En Internet hay numerosas entradas que nos aclaran la historia y detalles de estas emblemáticas placas que, a medida que uno se va acercando a la Biblioteca, a la que está viendo al fondo de la 41, puede ir leyendo y pisando. Esta curiosidad puede entenderse de muchas maneras, pero no deja de ser un ejemplo más de la profunda admiración que la cultura anglosajona siempre ha mostrado por el libro, y de la que tanto, pese a los siglos que de nuestra cultura mediterránea nos contemplan, debemos aprender. Me recordó las placas de Nueva York la iniciativa de la que nos informaron diferentes medios de comunicación que ha tenido, al perecer, un colectivo de artistas urbanos de Madrid, llamado “Boamistura”, de adornar 22 pasos de peatones del centro de la capital con versos. Y así los cientos y miles de viandantes que cruzan por dichos pasos pueden alegrarse el día con frases como: “A veces reírse es lo más serio” o “Madrid, te comería a versos”. Hace ya unos años me hice eco en esta misma página de un comentario de una joven poeta, que proponía sacar a la calle a la poesía. La idea, por tanto, de Boamistura no es nueva, como tampoco el comentario de la joven, porque iniciativas de sacar a pasear la literatura ya la tenemos en aquellas bibliotecas ambulantes del XIX o en el fenómeno moderno de los “crossing books”, al que varios artículos ha dedicado mi compañero de página. Partiendo de que cualquier idea que pretenda acercar el libro y su lectura a la gente, es por sí misma encomiable, mucho me temo que “te comería a versos” se quede perdido en el almacén de imágenes de un infinito número de móviles como una curiosa anécdota urbana. Las placas de Nueva York llevan allí desde 1998. José López Romero.

 

UNA HISTORIA EN PENUMBRAS

Uno de los periodos históricos envuelto aún en la penumbra es el de la posguerra. Pese al interés de la literatura o el cine por el mismo, no ha sucedido lo mismo en el campo de los estudios históricos salvo muy contadas y no siempre afortunadas incursiones. No es de extrañar, pues, que tampoco en nuestra ciudad haya suscitado el mencionado periodo un excesivo interés por parte de los investigadores, y que este se haya traducido en numerosos trabajos dignos de reseñar. Entre estos últimos sólo estaría la breve pero intensa visión del catedrático Diego Caro Cancela sobre la posguerra local en el tercer volumen de “Historia de Jerez de la Frontera” (Cádiz, 1999) que él mismo coordinó. Otros investigadores también han hurgado en esta etapa pero ya tratando temas más específicos, aunque no menos significativos e interesantes, y que pueden ser un primer escalón para recomponer los vacíos del periodo posbélico. Entre estos autores podríamos nombrar entre los más significativos a Cristóbal Orellana, José García, Ana Rubio, Fernando Romero Romero o José I. Gómez Palomeque. Pero en honor a la verdad la posguerra española, sobre todo el periodo más duro de la misma que podemos establecer entre los años 1939/47, no tiene en nuestra ciudad estudios relevantes que nos den una visión de conjunto de cómo discurrió la vida en ella en sus más variados aspectos. Sin embargo, hoy sabemos que Jerez vivió una fuerte represión iniciada durante la guerra civil y que se prolongó durante la década siguiente; que la hambruna hizo presa en sus calles pese a la riqueza de su campiña; que el mercado negro, o lo que se conoció como estraperlo fue una dura realidad; que  a pocos kilómetros de la ciudad, en los parajes de las Mesas de Asta, un hombre solo iniciaba una de las mayores empresas culturales de la historia de Jerez, o que en ella se vivió muy de cerca y con  inquietud los primeros conatos del movimiento guerrillero –luego conocido como maquis- cuyas primeras manifestaciones se producen cuando la guerra mundial empieza a decantarse a favor de los aliados  a partir de la operación Overlod en el N. de África. En fin, les quiero decir con esta apresurada relación de acontecimientos que Jerez durante la posguerra, es una ciudad con más puntos de interés de los que podríamos pensar, y así  junto a datos que nos ratifican en que en la ciudad se producen fenómenos que se extienden por el resto del país –ya hemos mencionado el estraperlo, o el racionamiento- hay otros que la singularizan y bien merecerían un trabajo de conjunto como los ya editados en otras ciudades españolas. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO