LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

jueves, 11 de febrero de 2010

MITOS


Si no hace mucho, en un artículo anterior, nos congratulábamos por la emisión de “Martes de Carnaval”, los esperpentos valleinclanescos, otra noticia cultural vuelve a ser motivo de alegría al menos para los que ya tenemos unos añitos, porque nos devuelve lo mejor de dos grandes del siglo XX. Nos referimos al nuevo disco que va a publicar Joan Manuel Serrat con versiones musicalizadas de poemas de Miguel Hernández. Que célebres y magníficos músicos se fijen en la literatura no deja de ser una feliz combinación, porque ambas artes se realzan y se dan a conocer a públicos que apenas gustan de alguna de las dos, sobre todo de la segunda, y más si son poemas. No de otra manera se popularizó Antonio Machado si no fue a través del excelente LP (siglas de otro tiempo) que le dedicó el cantante catalán, o el mismo Miguel Hernández, con cuyos poemas ya trabajó Serrat, y ahí quedan sus “Nanas de la cebolla” o “la Elegía a Ramón Sijé”, por poner dos ejemplos. Y no hace tantos años el que dedicara a la poesía de Mario Benedetti “El sur también existe”. Otros muchos cantantes se han lanzado a la aventura, siempre de agradecer, de música y poesía, pero pocos obtuvieron o han obtenido un éxito tan sonado como Paco Ibáñez y sus versiones de los clásicos españoles (Quevedo, Góngora, Lope) y, sobre todo, con esa “Palabras para Julia” de José Agustín Goytisolo. El disco de su concierto en el Olympia de París fue durante muchos años algo así como uno de los fetiches antifranquistas, una de las armas culturales contra la dictadura, santo y seña de la resistencia contra el régimen. ¡Lástima que la persona no haya respetado al mito! En una entrevista publicada en este Diario hace ya unas semanas, Paco Ibáñez se despachaba a gusto y tachaba poco menos que de mentecatos y energúmenos a los Rolling Stones y a Bruce Springsteen. Quizá la ridícula y triste pataleta de alguien que fue algo, y que ahora no logra asumir el valor arqueológico de lo que hizo, que fue sin duda mucho en su momento. En esto, como en muchas otras cosas, Serrat nos sigue dando lecciones y ejemplos de modestia y coherencia. Y es que hay mitos que sí están a la altura de la persona. José López Romero.

HECHIZO


Hace algunas semanas me presentaron a un pintor que empieza a despuntar en el panorama nacional, y que de visita por la provincia buscaba lugares singulares de los que sacar en principio apuntes. “Algunos, me explicaba, servirán finalmente para materializar ideas para mi nueva exposición”. No me dio muchos más detalles de la misma, ya se sabe que el artista es misterioso por naturaleza, pero sí me comentó que se había quedado cautivado por la imagen de la colección de libros antiguos de la Biblioteca Municipal. Sacó algunas fotos de la misma y se despidió prometiendo volver. No sé si finalmente estas galerías forradas de librerías decimonónicas atestadas de libros antiguos, habrán ya inspirado algún cuadro que pronto se exponga para deleite de los amantes del arte y seguidores de este pintor viajero, pero en todo caso la anécdota que les cuento me hizo recordar que no ha sido este artista el primero ni, seguramente, será el último en caer bajo el hechizo de uno de los paisajes culturales más conocidos y atractivos del panorama local. Ya por estas galerías de la Biblioteca Municipal pasaron artistas como Ángel González de la Calle, y de sus paseos por las mismas nacerían algunas ideas para la luego exitosa exposición titulada “Libros”. Luego vendría Manuel Ruiz Ortega. Este incluso llegó a plantar su caballete en el corazón de la sala de investigadores de la Biblioteca, y durante unos días trabajó sin cesar frente a aquellos muros de papel, entre los que él mismo se convirtió para los investigadores que frecuentaban por entonces el lugar, un atractivo más. El resultado, una delicada obra que fue luego expuesta bajo el titulo “El color de los libros” a la que corresponde la imagen que reproducimos. Si me remonto en el tiempo más atrás, aún puedo ver al entrañable Eduardo Pereiras dibujando sobre la mesa de la sala, en uno de los breves descansos que se permitía en su incesante consulta de legajos y prensa decimonónica, buscando recomponer la historia de la fotografía en Jerez. Precisamente a esa actividad debió su fama que traspasó los límites locales, pero muchos desconocen que también fue un excelente dibujante y pintor. Con un estilo propio nos dejó una pequeña pero impactante obra. Cuadros algunos sin duda inspirados entre los anaqueles de la biblioteca jerezana. Otro de los que no se pudo resistir al embrujo del lugar sería Maro, el que fuera durante años dibujante por excelencia de la prensa jerezana, en la que nos dejó impresa para el curioso alguna perla, en forma de caricatura, de escenas de las que él mismo fue testigo en estos territorios del papel. “Donde hoy algunos llegan con la pretensión de descubrir visiones nuevas, otros ya pasaron dejándonos su propia huella…” Ramón Clavijo Provencio

miércoles, 3 de febrero de 2010

¿Quién?


No son una novedad las informaciones que nos llegan periódicamente donde la lectura, y por tanto el libro, no suele salir bien parado en cuanto al uso que se hace de él. Durante generaciones ciertos profesores (también hay que decir que una minoría) lo han utilizado más como un potro de tortura que como un elemento atractivo para los niños y jóvenes, y aún hoy nos topamos con noticias que parecen retrotraernos a aquella época, en la que a poco que el alumno chistara en clase se le mandaba copiar el Quijote durante las horas del recreo, cuando no te arrodillaban, y con los brazos en cruz te dejaban caer en cada uno un tomazo de la Ilustración Española e Iberoamérica. ¿Que eso sería en los tiempos de Mari Castañas? Sí, pero aunque hoy no te manden copiar, ni caigas arrodillado bajo el peso de la sabiduría en papel, todavía a Pepito, por alborotador, le cayó tener que ir todas las tardes a la biblioteca, hasta terminar de leer las obras completas de Valle Inclán. Luego nos quejamos del tibio éxito de las campañas de animación a la lectura, con las que por cierto tan entusiásticamente, todo hay que decirlo, colaboran muchos profesores. Pero volviendo al comienzo, les decía que si bien estamos curados de espanto de noticias un tanto negativas en torno a la visión que tienen algunos de la lectura, la verdad es que aún no estamos inmunizados contra la sorpresa, y la prueba la tienen en la imagen que encabeza estas líneas. Lo cierto es que tras verla no dejo de darle vueltas a la “perola” de si estoy ante una de las más brillantes campañas de fomento a la lectura que se hayan diseñado, o un atentado en toda regla al libro. Pero lo que de verdad me obsesiona desde que mi amigo Rafa Benítez me enviara la imagen, es saber quién ideó tal estrategia comercial aplicada exclusivamente, y ahí la novedad, a la ropa interior femenina. ¿Un lector que contracorriente, y viendo el género en venta un tanto obsoleto, no duda de que solo los buenos libros pueden levantar las ventas? ¿Alguien que con recuerdos frustrantes de su etapa escolar, trata de ridiculizar la lectura? ¿Una mente pervertida? Ramón Clavijo Provencio

Vocaciones


“Actor porno” fue la respuesta que me dio un alumno en cierta ocasión cuando hacía la tópica ronda de “¿tú qué quieres ser cuando seas mayor?”. Y me lo dijo con tanta seguridad y convicción que hubiera apabullado al mismísimo ministro/a del ramo o, en su defecto, al consejero/a. “Profesión admirable donde las haya”, acerté a contestarle no menos sorprendido. Y en verdad que para su ejercicio no basta con lo que natura te haya bendecido, sino con algunos centímetros de más concesión graciosa de Dios todopoderoso; porque vocación, lo que se dice vocación, todo el mundo la tiene, y si no, a los sonetos lujuriosos del Aretino me remito que reseñaba la semana pasada (“Jodamos, alma mía, jodamos enseguida, / pues todos para joder hemos nacido”). “Y tú por qué te metes en esas preguntas”, me recriminó mi mujer cuando le contaba la anécdota; “dedícate a explicar a Garcilaso y no hurgues en intimidades”. “Pero ¡cómo puedo explicar a Garcilaso con estas vocaciones escondidas!, ¿para que me pregunten si se lo pueden montar con Elisa en el locus amoenus?”. Nada que ver esta juventud de ahora, o algunos especímenes de ella, con aquellas generaciones de muchachos inquietos y curiosos que nos presentaba el gran Delibes en “El camino”, o Sánchez Ferlosio en “El jarama”, o incluso “Nada” de Carmen Laforet. Pero la que ahora más vivamente se me viene a la memoria es “Campo de amapolas blancas” de Gonzalo Hildago Bayal. Excelente Novela en todos los aspectos que retrata a la perfección las etapas por las que antes (no mucho tiempo atrás) pasaba la juventud: el duro aprendizaje en colegios religiosos (en la novela de Bayal el de los padres hervacianos); los años en el instituto y los primeros contactos con las experiencias que definitivamente marcan al muchacho que se va haciendo hombre: las primeras y siempre fracasadas relaciones con las muchachas, el gusto por la literatura triste que H centra en la lluvia, el existencialismo con Camus y Sartre, el obligado viaje a París, la vida bohemia y el abandono de la casa familiar, los caminos divididos de los amigos, la eterna controversia: los Beatles vs. los Rollings Stones, etc. Es decir, lo que realmente imprimía carácter. “y ¿qué? –me atreví a preguntarle al concienzudo aprendiz del método Stanislavski- ¿practicas mucho para llegar a tu profesión?”. “Ahora voy por los monólogos”, me dijo muy serio y algo demacrado, consecuencia del esfuerzo intelectual, porque algunos tienen la cabeza en la entrepierna. “Los hombres mueren y no son felices”, repite H en “Campo de amapolas blancas”, citando a Camus. Yo diría: “Hay personas que mueren y ni se dan cuenta de que son personas”. José López Romero.

viernes, 22 de enero de 2010

ESPERPENTO


Quizá una de las noticias más sugestivas que nos ha traído este principio de año, en lo que al panorama cultural y audiovisual se refiere, sea la emisión en la 2 de T.V.E. de “Martes de carnaval”, trilogía de esperpentos que escribiera Valle-Inclán: “Los cuernos de don Friolera”, “las galas del difunto” y “La hija del capitán”. Revisar a un autor como Valle es siempre motivo de felicitación porque, como bien se decía al final de la emisión de la primera obra citada, Valle es sin duda el gran dramaturgo español del siglo XX por delante de otros que obtuvieron mayor gloria (Benavente) o más fama (Lorca). La emisión de estos tres esperpentos es la muestra palpable de que la televisión, y si es pública sin excusa, puede y debe estar al servicio de todos los ciudadanos y ofrecer la calidad como alternativa a tanta basura. Ahora bien, la elección que haga cada ciudadano ya es otro cantar; no esperemos maravillas; pero por algo se empieza: por la posibilidad de elegir. Sin embargo, quizá los esperpentos no sean las obras más adecuadas para estos tiempos que corren. La definición que nos ofrece Max Estrella en “Luces de bohemia” tiene una vigencia en la actualidad que no sé si algún político habrá levantado su ceja como gesto de recelo por lo inoportuno de la emisión: “El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato… Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada… España es una deformación grotesca de la civilización europea… Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas… La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas… Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma de cara y toda la vida miserable de España.” Leer y oír las declaraciones de los políticos en los medios de comunicación (échenles un vistazo a modo de ejemplo al “Diario de Jerez” del 3 de enero) exige del ciudadano un ejercicio de tragaderas que sólo puede admitirse a través de la estética deformada que nos propone el esperpento. José López Romero.

PREMIOS


Hace algunos días se falló el premio de narraciones Cortas “Ciudad de Jerez”, lo que quiere decir que nuevos nombres han pasado a engrosar el ya extenso e interesante cuadro de honor de esta histórica convocatoria literaria. No en balde son veintidós ediciones desde aquel ya lejano 1988 en el que se presentara en sociedad, un largo periodo temporal que ha dado para todo como entenderán. La verdad es que la narración corta nunca ha sido un género muy estimado en nuestro país, no sé sabe muy bien porqué, pese a contar desde siempre con magníficos cuentistas, por lo que cuando propuse la idea me sorprendió que fuera aceptada, pero mayor fue mi sorpresa al comprobar que desde el principio, desde la primera convocatoria la respuesta a la misma por parte de los amantes de la literatura siempre haya sido masiva. Esos años iniciales tampoco es que la oferta fuera tan abundante como ahora, donde es raro encontrar institución o, localidad, por pequeña que sea, que no tenga su premio de narraciones. Pero por entonces, como les digo, el “Ciudad de Jerez” era uno de los pocos que permitían a muchos escritores, sobre todo jóvenes, demostrar su cualidades contando historias. Hoy, pese a todo, este premio sigue teniendo, a lo que parece, el mismo atractivo que siempre tuvo para muchos, y quizás su éxito no se deba tanto a la cuantía de los premios, que siempre ha sido más bien modesta, como a lo que les decía al principio: una brillante nómina de ganadores, algunos de ellos poco conocidos cuando se hicieron con el premio, y por supuesto unas magníficas narraciones, algunas de ellas publicadas por el servicio de publicaciones del Ayuntamiento. No muchos premios tan modestos en sus planteamientos iniciales como el “Ciudad de Jerez” pueden presumir de tener en su cuadro de honor, una vez ha franqueado la frontera de los 22 años, a nombres como los de Vicente Gallego, Felipe Benítez Reyes, Félix J. Palma, Juan Bonilla, José Manuel Benítez Ariza, Vicente Tortajada, entre otros muchos. Por ello, como me decía Ricardo Rodríguez, buen escritor, es un patrimonio más de Jerez que hemos conseguido casi sin darnos cuenta y que conviene mimar. ¿Anécdotas? Muchas, desde aquel año en que se coló un plagio entre la nómina de finalistas, hasta aquella truculenta historia de la narración premiada con uno de los galardones, pero que a la hora de abrir la plica, el sobre que debía contener los datos del ganador estaba vacío. Recuerdos, historias y, sobre todo, buena literatura de un premio esperado todos los años y cuyo logotipo creado por Carlos Crespo Laínez pasea por una extensa geografía el nombre de nuestra ciudad. Ramón Clavijo Provencio.

miércoles, 13 de enero de 2010

PEQUEÑAS COSAS


Creo que fue Conan Doyle el que alguna vez escribió aquello de que “las cosas pequeñas son infinitamente las más importantes”, aunque me temo que los tiempos que corren son, por el contrario, de congoja por asuntos más lejanos. Así, con la oreja pegada al transistor y la vista paseándose frenética desde las páginas del periódico a cualquiera de las imágenes que nos lanzan los informativos televisivos, tratamos de entender los asuntos que nos llegan de lugares lejanos como Kabul, Copenhague o Dakar. Puedo estar equivocado pero vivimos una época donde parecen ocupar un papel secundario en nuestras preocupaciones cotidianas asuntos cercanos, léase el del itinerario del futuro tranvía urbano, si los comerciantes salvarán el año con la campaña navideña, o si lo del nuevo partido político gitano tiene futuro, que es tanto como decir razón de ser. En cambio, mientras nos desperdigamos por las ventas de los alrededores a comer un ajo caliente y beber el primer mosto, debatimos no sobre el galopante paro, no, sino sobre huelgas de hambre que hacen temblar gobiernos o las nuevas teorías sobre el fin del mundo, recuperadas una vez que los profetas han superado el fiasco que les supuso el 2000. En torno a esto último me dicen que en las librerías jerezanas se agotan los libros de tinte catastrofista, sobre todo los que recogen las múltiples interpretaciones del calendario maya sobre el fin del mundo, o aquellos otros que nos advierten sobre las consecuencias del cambio climático. En fin, que hojeando algunos libros acumulados de pasadas compras en mi biblioteca, me topé con este “Viaje a Oxiana” de Robert Byron, libro editado por vez primera en 1937, y en concreto con una de las frases que deja caer el autor, como quien no quiere la cosa: “Con el tiempo los afganos harán algo terrible con sus invasores, quizás despertar a los gigantes dormidos del Asia Central”. Interesante libro este para que lo leyera más de un mesiánico dirigente político, seguidor de esa nueva filosofía de la “guerra justa”. Quizás, con estas y otras lecturas, sobre todo de historia, dejaríamos una época de despropósitos para retornar a la que ya cantara el viejo Doyle: la de las miserias y satisfacciones de las pequeñas cosas. Ramón Clavijo Provencio

LA MÁQUINA


-“Mira, father, qué libro me he comprado, y ahora mismo me voy a poner a leerlo”. Mi hija acaba de llegar de la Facultad y la sorpresa es mayúscula: ¡se ha comprado un libro! Y aún más: ¡se lo va a leer! Desde que es nueva universitaria más atenta ha estado a otras frivolidades que a la lectura, y no he podido por más que exclamar: “¡Ya era hora de que te dedicases a algo productivo!” “Tú siempre animando”, le oigo que me dice ya tirada en el sofá (postura natural) a punto de empezar la lectura. Pero cuando lleva más de un cuarto de hora sin dar señales de vida, ni siquiera alternativa (coger el ordenador para enchufarse al messenger, poner la televisión, etc.) empiezo a preocuparme y, por qué no decirlo, a picarme la curiosidad: ¿qué libro se habrá comprado que la tiene por tanto tiempo en un estado para ella inusual? Seguramente se habrá dormido, me digo, mientras bajo las escaleras para cerciorarme. Pero no. La veo enfrascada pasando las páginas de un libro que sostiene encima de un cojín por su grosor. “Niña, ¿qué lees?” le pregunto entre admirado e inquieto. Le cuesta por un momento levantar los ojos de aquel libro, pero hace un alto en la lectura y me lo explica todo. Esta mañana, como todos los días, había llegado a la Facultad y se había encontrado en la misma entrada con una nueva máquina, la máquina de hacer libros. Ya mi compañero Ramón hace un tiempo anunciaba la existencia de estos artilugios, pero la semana pasada me volví a encontrar en un periódico con la misma noticia. “eche usted X euros y elija: novela, ensayo, poesía, teatro”. “Yo le di a novela” –me comentaba mi hija-. Y después fui dando a tantos botones como información necesitaba la máquina para ir haciendo el libro. Terminó de pedir datos, y no tuve que esperar ni media hora, cuando el libro apareció hasta envuelto para regalo. Un compañero que iba detrás de mí, se lió la manta a la cabeza y pidió un pregón de Semana Santa. Al cuarto de hora salía ¡con el prólogo del obispo y hasta con las pastas de la Unión de Hermandades!.” (Recuerdo que cuando apenas tenían los dos cinco años les compramos un cuento personalizado que todavía andará por la casa. “Un día en el circo”, “Un día en el zoo”, eran, creo recordar, sus títulos). “¿Y tú qué has ido eligiendo?”, le pregunté. “Extensión: 400 páginas y pastas duras (¡ya que me gasto el dinero!); Género: de intriga, tipo “Millenium”; estilo: Camilleri (me gusta la ironía y su humor); Trama: tú sabes, lo que se lleva ahora, pelotazo inmobiliario, nepotismo político, corrupción, políticos inútiles, y algo de lencería fina para alegrar algunas páginas”. “Hija mía, tú no te has comprado un libro, ¡tú has comprado el periódico!”. José López Romero.