LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 22 de febrero de 2014

RESEÑAS

La civilización del espectáculo
Mario Vargas Llosa. Punto de lectura, 2012.
Su faceta como novelista ha oscurecido un tanto su labor como finísimo crítico literario, con una serie de trabajos que tiene en títulos como “García Márquez: historia de un deicidio”, “La orgía perpetua” (un ensayo dedicado a Flaubert y su “Madame Bovary”), o “La verdad de las mentiras” (magnífico repaso por las veinticinco mejores novelas del siglo XX) excelentes ejemplos de su dedicación a la literatura. Pero Vargas Llosa es mucho más que eso. Es sobre todo un hombre preocupado por el mundo en el que le ha tocado vivir, y por ello concienciado de que ningún problema le debe ser ajeno, y que aborda incansablemente en sus artículos periodísticos. Y en relación con ello, tenemos “La civilización del espectáculo”, un trabajo en el que critica la banalización de la cultura actual que lejos de ser el motor y transformador de la sociedad, se ha convertido en puro entretenimiento y diversión. Un libro muy recomendable en todos los aspectos. J.L.R.

Viaje sentimental
Laurence Sterne. Debolsillo, 2012.
Laurence Sterne está indisolublemente unido a su gran novela “Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy” (buena edición en Cátedra, Letras Universales; aunque más famosa es la traducción de Javier Marías, premio Fray Luis de León de traducción de 1979). Y con el “Tristram Shandy” su no menos íntima relación con el “Quijote”, del que se convirtió Sterne en uno de sus grandes seguidores ingleses. El “Viaje sentimental” relata las experiencias vividas por el propio Sterne cuando decide viajar por Francia e Italia en busca de climas más templados para su maltrecha salud. Se respira en toda la obra esa fina ironía tan característica de los novelistas ingleses del XVIII (Fielding, por ejemplo) y que en Sterne es uno de sus rasgos más sobresalientes. A pesar de los recelos de los británicos por el continente, el calificativo de la obra, “sentimental”, define a la perfección el tono y la actitud de Sterne. Un libro para disfrutar. J.L.R. 

El juego de Ripper
Isabel Allende. Plaza, 2014

Ha sorprendido la irrupción de Allende en este género de la novela negra, alejándose por esta vez de las historias tan vinculadas a su experiencia personal,  que le dieron fama y una legión de seguidores.  Leí algunas críticas no especialmente benévolas con esta decisión, e incluso comparar su caso con el de J.K. Rowling, que no parece convencer una vez abandonara a su joven mago Harry Potter. Sinceramente no podría negar que esta historia donde una astróloga predice unos asesinatos, que finalmente se producen en la ciudad de S. Francisco, mantiene la atención del lector, pero rápidamente la historia policial queda en un segundo plano, apartada por el estudio y relaciones de cada uno de los personajes, sobre todo de un grupo de jóvenes aficionados a los juegos del rol, y que se ven implicados en los sucesos. Apariencia de novela negra para un libro que no desilusionará a los seguidores de la escritora. R.C.P.

sábado, 15 de febrero de 2014

LA CARTILLA TOSMAE: SALUD SEXUAL

El trabajo de catalogador, en ocasiones monótono, también reporta muchas sorpresas. Nuestro querido Soto Molina, don José, nunca deja de asombrarnos  cuando descubrimos algunas de las obras que donó a la biblioteca de su ciudad.  En esta ocasión, un minúsculo folletito de 40 páginas titulado “Cartilla Tosmae para uso de hombres y casadas: preceptos y misterios del lecho conyugal”. Publicado en 1897, de seguro que estuvo oculto gran parte del siglo XX. Tan oculto que parece que solo queda el ejemplar de nuestro benefactor, si damos crédito a las búsquedas bibliográficas automatizadas. Tosmae es pseudónimo de Fernando Mateos y Koch. Ya el título nos llama la atención, pues va dirigido a hombres en general pero solo a las mujeres casadas. Pero nada de machismo, pues ya en las primeras páginas aconseja “solicitar de la mujer el placer con amables palabras y no exigírselo nunca a la fuerza”. Un detalle. Eso sí, un poco de aseo antes del ajetreo, por medio de “un bidet o baño de asiento, muebles que facilitan mucho las abluciones diarias”. Ejercicio sí, pero con moderación, ya que un exceso del mismo puede fatigar los órganos genitales. Tampoco se debe acudir a “ideas lúbricas” para aumentar la excitación, ya que “el hombre razonable debe esperar que el mismo órgano le anuncie la necesidad y el momento de satisfacerla”. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, desaconseja los achuchones a la hora de la siesta, “pues el violento espasmo que provocan en todo el sistema puede suspender las funciones digestivas y producir á veces una apoplejía”. Ahí es nada. Y sin pasarse de copas, pues “los manjares y bebidas que enardecen la sangre no producen más que una excitación momentánea y predisponen a la anafrodisia o frigidez”. Y tacto, aconseja mucho tacto a la hora de solicitar los favores de la señora (el objetivo lo merece), pues debe respetarse “el tiempo del flujo menstrual, las indisposiciones, fatigas, disgustos... y no pedirle y exigirle lo que no tiene ganas de conceder...”, pues tomada a la fuerza “el futuro ser se resentirá indudablemente del estado en que se hallaba su madre”. Durante el embarazo aconseja la abstinencia durante los dos primeros meses y a partir del séptimo, alegando que puede dañar al embrión e incluso producir un aborto. El folletito, que Mateos y Koch extractó de su libro “Antes, en el lecho conyugal y después”, no ha perdido vigencia con los años, y excepto algunas costumbres hoy en desuso (como la de la siesta, pues sin duda todos los momentos son buenos, o la hoy desfasada abstinencia en el embarazo), está lleno de buenos consejos para llevar a cabo una auténtica vida en pareja. NATALIO BENITEZ RAGEL.

MALES

Salvando el natural rechazo que produce el asunto, más cuando todos nos deseamos, sobre cualquier otra cosa, salud… y un poquito de dinero, de siempre me ha gustado la palabra “males” referida o como sinónimo de enfermedad. “Tiene males en la familia”, le oía a mi madre cuando de compadecer a algún conocido o amigo se trataba. Pues bien, al margen del gusto y el disgusto por las palabras, he detectado en los últimos años dos enfermedades, dos males que afectan a buena parte de la población española, uno por exceso y otro por defecto y que tienen a los libros como causa primera y única. El primer mal, al que podríamos denominar “voluminosis”, se presenta en aquellos individuos que suelen leer de forma compulsiva, devoran libros y libros, sin que quede en ellos sedimento alguno de una lectura, que se hace apresurada y falta de las condiciones mínimas para que esta vaya creando un poso de conocimiento e información. Los libros se miden por cantidad, es decir, por número de páginas por minuto, por volúmenes fagocitados por día. Y con ser esta enfermedad de pronóstico reservado, la segunda no podemos por menos que calificarla de grave. Consiste en una especie de repugnancia al formato libro. Los individuos que la padecen sufren como mareos y vómitos con la sola visión de un libro, y llegan al desmayo cuando se encuentran entre sus manos con un ejemplar de una novela que encima tienen que leer. El rechazo a la letra impresa ha sido desde los comienzos de aquel infernal invento de Gutenberg, una de las enfermedades más extendidas en la población española, hasta el punto de que por momentos, estos mismos que nos han tocado vivir, puede llegar a alcanzar la categoría de epidemia. Muchos escolares confiesan sin pudor su aversión al formato libro, a ese cúmulo de páginas encuadernadas que les obligan a leer en los colegios, sin saber, como tampoco lo saben sus propios profesores, que es el síntoma de una enfermedad. Y aunque soy partidario de la terapia de choque, en este asunto aplico el concepto de las dietas: “la que es original, no es buena; y la que es buena, no es original”. Por tanto, vida sana y buena educación. José López Romero.


sábado, 8 de febrero de 2014

AVENTURAS SOBRE DOS RUEDAS

Hace unos días saltaba la noticia en  medios de comunicación de todo el mundo, del ataque en  Pakistán a un turista español que resultó herido, además de cinco miembros de la policía que le servían de escolta. Esto último resultaba extraño. ¿Para qué esta escolta a un solo hombre? Pese a ser  la zona en la que se internaba  Javier Colorado, Beluchistán, extremadamente peligrosa y desaconsejada para los extranjeros, los medios de protección parecían excesivos para un simple turista. En realidad Javier no era un turista al uso y sí un aventurero que desde el pasado 1 de octubre realiza una particular vuelta al mundo en bicicleta, y que pese a este lamentable y trágico incidente, él ya ha declarado que está dispuesto a continuar nada más se reponga de sus heridas. La  noticia me hizo recordar una época donde los intentos de vuelta al mundo en bicicleta fueron más comunes de lo que ahora parece, dejándonos un rosario de interesantes libros, algunos hoy joyas de la literatura viajera. Thomas Stevens, por ejemplo, nos dejó testimonio escrito –Round the world on a bicycle- de una de las hazañas viajeras más emocionantes de la historia- Su propósito en un principio era batir el record de los  80 días del viaje literario que publicó Verne. No lo logró, pues partiendo de S. Francisco un día de abril de 1884 regresaba exhausto tres años más tarde montando su bello velocípedo, y tras haber recorrido  los EEUU, Europa, Oriente medio, etc.  Menos conocida es la hazaña recogida en el  libro Le Tour du Monde en Vélocipéde. Firmado por  Gran Jacques y con ilustraciones de Félix Regamey, recrea un viaje que partiendo de París recorre Europa hasta internarse en Siberia, finalizando la hazaña en Novogorod. Hoy la rareza del libro no le va a la zaga a su contenido y es  codiciada pieza para los bibliófilos de todo el mundo. Ramón Clavijo Provencio.


PROHIBICIÓN

El 9 de junio de 1765, el rey Carlos III se sirvió “mandar prohibir absolutamente la representación de los autos sacramentales, alegando ser los teatros lugares muy impropios y los comediantes instrumentos indignos y desproporcionados para representar los Sagrados misterios de que tratan”. La Real Orden de prohibición era el resultado final de una campaña de acoso y derribo contra la representación de estas piezas teatrales tan populares en el Barroco, que habían orquestado escritores como Clavijo y Fajardo y Nicolás Fernández de Moratín emprendida años antes. Con esta medida tomada por el rey ilustrado por excelencia, se inicia una sucesión de prohibiciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII que llegaría hasta la primera década del siglo siguiente. Vayamos a los datos. El 17 de marzo de 1788, reinando aún Carlos III, se prohíben las comedias de magia en virtud de un auto expedido por el Juzgado de Protección de los Teatros; el 28 de diciembre de 1799 la prohibición afecta  a la ópera italiana; y finalmente, en 1800 se prohíben las comedias de jaques y bandoleros. En el abigarrado y complejo mundo teatral del siglo XVIII, donde se mezclan las tragedias y las comedias al gusto neoclásico con los epígonos de un teatro barroco a veces reformado y, las más de las veces, corrompido hasta lo irreconocible con tal de halagar el gusto de la plebe, a lo que hay que añadir la ópera y sus derivados procedentes de Italia; en este mundo, decimos, no es de extrañar que las voces intelectuales más autorizadas intentaran y consiguieran poner coto a tanto despropósito y hacer limpieza para aclarar el panorama teatral. Hoy, verbos como “prohibir” e “imponer” no tienen precisamente buena prensa y concilian poco o nada con el interés de un pueblo (ese “vulgo que gusta más de lo admirable que de lo verosímil”), que ejerce su soberanía democrática como le viene en gana. Sin embargo, cuando del dinero público se trata, quienes están encargados de administrarlo deberían ser más cuidadosos con las subvenciones a espectáculos y representaciones artísticas, porque tras la apariencia o excusa de “arte” se esconden auténticos bodrios que ya ni por lo necio y grosero da gusto. La penúltima: “Los amantes pasajeros” del inefable Almodóvar, mala hasta el delirio. Con esto ni se pretende comparar la horrorosa película con los autos sacramentales y ni mucho menos proponer su prohibición, pero no estaría de más que la propia gente de la cultura, sobre todo la más beligerante con los tiempos y las dificultades que ahora sufren y de las que tanto se quejan, mostrara su desacuerdo con la asignación de subvenciones a películas de ínfima calidad que en nada prestigia a nuestro cine, pero está claro que la sombra y la influencia del más que irregular director manchego es demasiado alargada y muy pocos, o nadie se atrevería a negarle o discutirle una suculenta subvención. ¡Y para colmo, según señalan las estadísticas, “Los amantes pasajeros” es la película española más taquillera del pasado año! “Father, vengo de ver la última película de Almodóvar”, me acaba de decir mi hija. ¡Ea! ¿Y ahora cómo publico yo esto?  José López Romero.


domingo, 2 de febrero de 2014

RESEÑAS

Los surcos del azar
 Paco Roca. Astiberri, 2013


Vuelve este carismático dibujante, que va camino de convertirse en un autor de culto dentro del panorama de la novela gráfica española. Tras el  merecido éxito de “Arrugas” nos vuelve a sorprender con una propuesta arriesgada como es esta incursión en los terrenos de la historia, rescatando del olvido la historia particular de unos hombres maltratados por el destino. Paco Roca con su dibujo realista y su cualidad para contarnos historias de una manera elegante desprovista de todo barroquismo innecesario, se detiene en las andanzas de La Nueve, una compañía de exiliados republicanos españoles integrada en la división del general Leclerc, que fue la primera que entró en París tras la rendición alemana. Ellos desfilaron al frente de las tropas por los campos Elíseos, pero su periplo que se inició en 1936 no terminó como soñaban: volviendo a España, con el apoyo aliado, para liberarla del régimen de Franco. R.C.P

Tragedias I
Calderón de la Barca. Alianza Editorial, 1967.


Aunque ya hay en el mercado ediciones más modernas y completas de la serie de tragedias que Ruiz Ramón agrupó en tres volúmenes en la colección de libros de bolsillo de Alianza, nuestro propósito no es exactamente reseñar las incluidas en el primer volumen, sino sugerir la lectura de una de las técnicas por la que Calderón está considerado la cima del teatro barroco. Nos referimos a los monólogos. De estos dice el propio Ruiz Ramón en su “Historia del teatro español”: “el monólogo calderoniano explicita la dialéctica interior del personaje, el tenso debate de valores contrarios enfrentados en el alma del personaje”. Y si famoso es el monólogo casi inicial de Segismundo en “La vida es sueño”, no son menos recomendables el del Tetrarca de Jerusalén y el de su esposa Mariene, en el acto segundo de “El mayor monstruo del mundo”, lamentos de venganzas y reproches. El verso de nuestro mejor teatro clásico en su máximo esplendor. J.L.R.

sábado, 25 de enero de 2014

INGLESES

Francisco Rico (palabra de Dios) comenta al inicio de su trabajo “Tiempos del Quijote” (dentro del tomo del mismo título publicado en la editorial Acantilado y reseñado bajo estas líneas) la escasa repercusión que tuvo en el pensamiento literario español del XVII la novela cervantina, en contraste a la presencia entre los intelectuales de Francia y, sobre todo, de Inglaterra, huella e influencia que se dejan ver especialmente en las novelas de Fielding y en el “Tristran Shandy” de Laurence Sterne. Y fruto de ese interés por Cervantes fue la edición que Lord John, barón de Carteret, sufragó, y que Rico describe como “el más solvente y suntuoso “Quijote” que hasta entonces se había visto, en cuatro soberbios tomos impecablemente impresos en Londres por J. y R. Tonson, con pie de 1738”. Esta referencia que me he permitido coger prestada del maestro Rico es una las muchas, infinitas, que podemos aducir de ese permanente interés y sobre todo admiración que los dos países, Inglaterra y España, han mantenido por sus respectivas culturas. De la misma manera que con Cervantes, podríamos rastrear la inmensa influencia de Shakespeare en la literatura española y, en general, del mundo anglosajón. Admiración y respeto, influencia y convivencia que traspasan los amplios límites de la cultura para dejarse notar en todos los ámbitos de la vida, y en esto nuestra ciudad y nuestros vinos son un buen ejemplo de lo que decimos. Por eso, no podemos por menos que lamentarnos de los bochornosos comentarios que algunos diputados ingleses nos dedicaron hace unas semanas sobre el asunto de Gibraltar. Diputados a los que, por cierto,  se les notaba en las venillas de sus caras su más que afición al sherry. Comentarios despectivos que no hacen más que defender y amparar las trapacerías, engaños y abusos de Picardo, un rufián con pinta de aquel “miles gloriosus” de Plauto, que hace honor a su apellido procedente seguramente de la Picardía. José López Romero.


FRASCUELO

De los valientes siempre se ha dicho eso de que tienen más valor (o lo que sea), que un torero. Salvador Sánchez, “Frascuelo” (en la ilustración), lo tenía, pero no lo abandonaba cuando se quitaba el traje de luces a tenor de la sorprendente historia con la que me topé, cuando repasaba colecciones de prensa decimonónica en la Biblioteca Municipal.  Así descubrí  que en la noche del 26 de octubre de 1874, el diestro esperó al director de la revista “El Toreo” a las puertas del madrileño Café Imperial, siendo el periodista, siempre según el semanario, “objeto de la agresión más alevosa, indigna, vil e infame”. Frascuelo, acompañado por una decena de hombres, “y sacando un estoque… trató de asesinar villana y traidoramente a nuestro director…”, aunque el ataque no se consumó por la intervención de algunos paseantes “que evitaron que se consumase el asesinato”. Según el cronista, el enfado del matador de Churriana se debía a haber adjudicado a Frascuelo el dudoso honor de ser “el que ha pinchado más veces malamente a los toros y ha dado menos estocadas de lucimiento”, dedicándole calificativos como infame, vil y cobarde, y haciendo un llamamiento a las autoridades para que controlen a estos “asesinos desalmados y sin conciencia”. El día 28 el diestro se explica en otro medio, “La Correspondencia de España”, alegando que “El Toreo” le culpó a él, como director de lidia, “de que sacasen la media luna para el toro que en la corrida del 18 no llegó a matar mi compañero Valdemoro”. Rastreando en esa crónica, cierto es que al tal Cabrero le dieron estocadas hasta en el cielo de la boca: “… una estocada baja, atravesada y delantera…, pinchazo de barrena sin soltar el puño…, alfilerazo delantero barrenando…, pinchazo en el cogote con el mayor dolor, otro pinchazo en el testuz, orden de la presidencia, mansos salieron, otro pinchazo, y aparecieron cabestros con doble paseo de enganche…”. Sin embargo el plumilla no se ceba con Valdemoro, “pues culpa fue de toda su cuadrilla y principalmente del director de plaza, pues entre todos consiguieron huir al toro… y entre todos los estropearon”. Salvador Sánchez, que para Sánchez de Neira (1879) era “un muchacho atolondrado que todo lo quería hacer y que nada sabía” y que para José María de Cossío (1943) tenía un “carácter ostentador, ruidoso y un tanto fanfarrón”, no se lo pensó dos veces y  fue en busca del director de tamaño agravio para ajustarle las cuentas. Sin embargo, es difícil saber qué fue exactamente lo que pasó, pues el último de los taurómacos citados, aunque admite alguna bofetada, en lo del estoque añade “… si hemos de creer la información del periódico interesado”.  Yo por mi parte lo dejo aquí. NATALIO BENITEZ RAGEL