LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 21 de octubre de 2016

LIBRO Y PAISAJE

Me gustan esas imágenes donde tras las figuras de personajes anónimos o conocidos, aparecen estanterías repletas de libros. Me gustó la fotografía que se publicaba recientemente del  admirado poeta Francisco Bejarano, posando entre los libros de su biblioteca. Antes  este tipo de imágenes eran comunes, tan comunes como ver escenas callejeras donde los libros de una u otra manera aparecían y no nos llamaban la atención. Personas leyendo en los bancos de un parque público, o en el bus. Transeúntes portando algún libro o periódico cuando iban o volvían de algún lugar, pero con el deseo confesable o inconfesable de  que llegara pronto  el  momento para leer  las hojas de papel  que portaban con mimo, y a las que cualquier alto en el camino –un semáforo, o la espera en la marquesina de la línea 5, que cada vez se hace más larga- era una buena excusa para hojearlas rápidamente. Me gustan esas imágenes hoy, pero me invade cuando las contemplo una cierta melancolía, quizás tristeza, porque tras su belleza puesto que  los libros siguen teniendo un poder estético y evocador de difícil competencia,  comprendo  que el libro ha sido borrado de los hábitos cotidianos de una gran mayoría, y  pese a que aquella vieja  canción nos diga machaconamente en una de sus estrofas La vida sigue igual, la vida sigue igual…nada sigue igual.  Cuando paseo por mi ciudad no suelo ver paseantes con libros, todo lo contrario, también estos parecen haber desaparecido del paisaje cotidiano,  y si excepcionalmente en algún paseo público, cafetería o  cualquier otro lugar del entramado urbano  nos topamos con alguien ensimismado en la lectura, la singularidad de la imagen rápidamente atrae miradas furtivas de los paseantes. Me gustan esas imágenes donde en segundo plano, tras las figuras de personajes anónimos o conocidos aparecen libros, pero cuando estas  no son artificiales, incluso cuando estas son captadas con un sentido reivindicativo. Todo lo contrario de aquellas en las que una fauna variada se hacen cuando llega algunas efemérides o actos de homenaje a viejas  glorias de las  letras, pese a que no pisen desde hace años una biblioteca o en sus domicilios las librerías destaquen por su ausencia. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO


sábado, 8 de octubre de 2016

IMÁGENES AFRICANAS A TRAVÉS DE CUATRO ARTISTAS JEREZANOS

Uno se puede topar con temas  casi desconocidos, pero de indudable interés para la historia local -en este caso del arte- de la manera más inesperada. Temas sobre los que con sorpresa y a posteriori, comprobamos que no existe información, o esta es muy escasa, en las pocas monografías o revistas especializadas consultadas. Es lo que me sucedió hace algunos meses, cuando rastreando  el origen de algunos de los dibujos de temática africana del gran artista jerezano Teodoro Miciano, y publicados en el libro ‘Cuentos de Yeha’ de Tomás García Figueras, no solo comprobé que algunas de aquellas magníficas ilustraciones ya habían aparecido previamente, antes que en la publicación de D. Tomás, en la Revista ‘África’ y además que en las portadas de dicha revista -a la sazón medio de comunicación de las tropas coloniales españolas en África durante décadas- encontré más dibujos de Miciano, algunos prácticamente desconocidos. La serie de dibujos de Miciano aparecen entre los años 1929 los más antiguos, y 1934 los más recientes. Comprobando, portada tras portada, año tras año de la mencionada revista, me vi nuevamente sorprendido cuando descubrí en ellas dos artistas jerezanos más : el bibliotecario y arqueólogo municipal Manuel Esteve y el ilustrador Justo Lara Garzón, más conocido en los ambientes artísticos por el pseudónimo de “Ponito”. Tanto los dibujos de Miciano como de los dos últimos aparecen en la segunda época de la revista ‘África’, es decir aquella que coincide su publicación con los estertores de régimen monárquico en nuestro país y el inicio de la II República.  Animado y sorprendido me quedaba por comprobar un último detalle. Tenía entendido que casi durante el mismo periodo que se publicaba ‘África’ en Ceuta (1926/1936), en Tánger los padres Franciscanos editaban la revista ‘Mauritania’ (1928/1962). ¿Podría ser que en las portadas de dicha revista algún artista e ilustrador jerezano hubiera dejado su huella? No descubrí, pese a mis ilusiones iniciales, ninguna nueva obra de los artistas más arriba mencionados, pero sí que encontré en la mayoría de los números publicados entre los años 1943 y 1944 un nuevo nombre, el del  pintor Carlos Gallegos García Pelayo. Un repaso de las ilustraciones aportadas por estos artistas de Jerez en las revistas mencionadas – y que tenían en común aparte de su origen el que todos fueron grandes cartelistas, y protagonistas de unas artes gráficas que vivían una época dorada en nuestra ciudad-  nos dan una visión sorprendente, colorista, singular y sobre todo muy bella del N. de África. Sin duda una aportación merecedora de un estudio más en profundidad -estamos en ello-  y en todo caso que justifica la exposición que se prepara en la Biblioteca Muncipal –“imágenes africanas”- para finales del próximo mes de octubre. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO 

100 AÑOS

El pasado 29 de septiembre hubiera cumplido don Antonio Buero Vallejo 100 años de vida, una edad que solo alcanzan unos pocos privilegiados, quizá aquellos a los que se les ha olvidado morirse o que la muerte se ha olvidado de ellos. No es el caso de don Antonio, ni tampoco de Camilo José Cela quien también habría cumplido ese número de años el ya lejano 11 de mayo. Y para conmemorar la fecha de este último la RAE acaba de publicar la edición de una de sus mejores obras, ‘La colmena’, con la inclusión en apéndice de los pasajes y páginas que la censura prohibió en su edición española de 1963, aunque ya había aparecido la primera en Buenos Aires en 1951. Y la misma RAE en su página web anuncia los actos que se van a celebrar en honor de Buero Vallejo, aunque parece que no tiene prevista la edición conmemorativa de ninguno de sus imprescindibles dramas, pese a que estos también sufrieron las tijeras y la ignorancia de los censores de turno, a cuya nómina perteneció el propio Cela. La historia de la literatura española del siglo XX no se entiende sin estos dos grandes escritores, que llenan por sí mismos dos capítulos esenciales de un periodo de la centuria pasada, marcados por aquellos años posteriores al final de la guerra civil. En el caso de Buero Vallejo con especial consecuencia, pues fue condenado a muerte por aquellos tribunales militares franquistas que tan bien recrea Alberto Méndez en el relato tercero de ‘Los girasoles ciegos’. Repasar las entrevistas que en la red podemos encontrar de Buero, sobre todo la del programa “A fondo”, es encontrarse no solo con el escritor, con el dramaturgo, el más importante de la segunda mitad del siglo XX, sino sobre todo con un hombre que basó toda su vida en esas virtudes que ahora echamos tan en falta en esta España de hoy: la dignidad, la honestidad, la discreción. Las mismas virtudes que con tanta maestría supo insuflar en sus personajes. Leer a Buero Vallejo es hoy una necesidad, un ejercicio de higiene moral. José López Romero.


sábado, 1 de octubre de 2016

POKEMON GO

En la novela ‘El regreso de Titmuss’ (Libros del Asteroide), que reseñamos más abajo, el médico Fred Simcox recuerda cómo su predecesor en la consulta, el viejo doctor Salter, cuando traía un niño o una niña al mundo siempre le daba la consabida palmada en el culo y decía: “adelante, es lo máximo que puedo hacer por alguien que se embarca en la vida”. Pues eso es, por lo que parece, lo que durante este verano ha hecho la empresa Nintendo con el célebre fenómeno de los Pokemos, pero en lugar de darles a sus seguidores una palmada, les ha dado una patada y los ha puesto a andar, porque de eso se trataba o, al menos, así nos lo han querido vender: hacer andar a una población demasiado ensillonada, sobre todo aquella que precisamente juega en sus deletéreas consolas, fuente inagotable de obesidad y colesterol. Visto así hasta habrá que darle a la empresa las gracias. Pero cuando de movimiento de masas semovientes (y nunca mejor dicho) se trata, la cosa se nos puede ir de las manos, y así atónito me quedaba al ver en la tele reuniones masivas de perseguidores de esos muñecos, o viandantes que arriesgaban su vida al cruzar una avenida con tal de alcanzar su presa. Así visto, hasta habrá que reconocerle al invento su ingenio: una masa amorfa detrás de unos muñecos con una de sus armas preferidas de la que no pueden desprenderse: el móvil. Una de esas locuras de que solo son capaces los seres humanos (no confundir con el ‘homo sapiens’). No hace mucho, apenas unos pocos años, tanto mi compañero Ramón como yo en esta misma página celebrábamos la idea puesta en práctica del fenómeno que se dio en llamar “bookcrossing”, es decir, esos libros que un lector podía dejar en un lugar público (banco de una plaza o de un jardín; un bar…) para que otro lector pudiera leerlo, en una especie de cadena de lectura que en realidad encerraba mucho más que el simple trasiego de mano en mano del libro, porque leer es sinónimo de compartir y la lectura de complicidad. Pero por desgracia poco o nada sabemos ya de este fenómeno del “bookcrossing’’, por lo que podemos deducir o imaginarnos su fracaso estrepitoso; ni en los días en que los medios se hacían eco de ello, nunca vimos en la tele masas de gente que se reunían en busca de los libros, nadie ponía en riesgo su vida por leer antes que otro la novela que había dejado su último lector en un banco público, nadie preguntaba por la calle si habían visto un libro… Cuando me enteré por primera vez del famoso “pokémon go” me asaltó la pregunta (en mi infinita ingenuidad) ¿por qué en vez de muñecos no han elegido versos y así sus perseguidores se podían afanar en la tarea de componer el poema? La respuesta es muy sencilla: el fulano colectivo, ese que tiene la cabeza llena de colesterol, no movería un dedo de la mano que sostiene su móvil, no daría ni un paso con toda su excesiva humanidad por la cultura. Y eso es triste y desalentador. José López Romero.




MANKEL

Estos últimos meses la actualidad literaria nos ha traído numerosas noticias en torno al escritor sueco Henning Mankel,  y lamentablemente una de ellas nunca la hubiéramos querido leer, la de su fallecimiento en la localidad sueca de Gotemburgo en octubre  del año pasado. Como es sabido Mankel se hizo un hueco entre los lectores de medio mundo, por la serie de novelas que escribió protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, aunque para ser justos hay que decir de inmediato que  su contribución  a la literatura va más allá de la afortunada creación del mencionado personaje literario. La muerte de un escritor es tanto más sentida cuando, como es el caso, sucede en plena madurez creativa como lo confirman sus dos últimos libros publicados en un intervalo de escasos meses,   ‘Arenas movedizas’ y  ‘Botas de lluvia suecas’ (Tusquets).  Ambos  han sido comentados en estas páginas –el último de los mencionados, en la sección de Reseñas de hoy- pero creo necesario decir algo más de ellos. Son libros que si los leemos detenidamente, más allá de su contenido, nos hablan de un antes y un después en  la vida de Mankel –no solo como persona, lo que resulta comprensible, sino también como escritor- tras recibir la noticia de que padecía una enfermedad terrible. A partir de  ese momento escribirá los libros mencionados. El primero, ‘Arenas movedizas’, se va redactando en ese periodo difícil que va desde que el escritor recibe  como un mazazo la noticia de su enfermedad,  y luego  sigue ese proceso turbio  de adaptación a esa realidad, con periodos de   aceptación o negación  de la misma. El resultado es un libro lleno de melancolía, bello y donde aún queda sitio para la esperanza. En cambio ‘Botas de lluvia suecas’, su libro póstumo, se escribe cuando ya es consciente del final, cuando no queda espacio para la esperanza y sin embargo –y ahí lo intrigante del libro- Mankel nos deja una novela de un pulso narrativo intachable y que desprende vitalidad y belleza en todas y cada una de sus páginas no dejando margen para la derrota. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

domingo, 18 de septiembre de 2016

LECTURAS DE VERANO V

González-Ledesma.com

La página oficial de este gran escritor catalán recoge en su menú inicial toda la trayectoria literaria de quien nos ha dejado un buen puñado de las mejores novelas policiacas que se escribieron en España en el siglo pasado, y que tienen como protagonista al crepuscular inspector Méndez y como ciudad de sus investigaciones a esa Barcelona franquista, que tan bien ha descrito en sus narraciones otro catalán universal, Juan Marsé. Varios enlaces se centran en el análisis de estas novelas. A su biografía, premios concedidos, algunas entrevistas y sus lecturas preferidas (apartado muy interesante), se añaden las reseñas de dos novelas escritas bajo el seudónimo de Enrique Moriel y, otro apartado se dedica a Silver Kane, seudónimo con el que escribía González Ledesma novelas populares, sobre todo del oeste. Una excelente página que pretende divulgar la figura literaria, no siempre valorada, de uno de los grandes novelistas del siglo XX. J.L.R.

Francamente, Frank

Richard Ford. Anagrama, 2015

Galardonado  recientemente con el premio Princesa de Asturias de Literatura, Richard Ford se ha convertido con el paso de los años y, sobre todo, con la fuerza incontestable de sus escritos en un referente indispensable para cualquier buen lector. Con este nuevo libro –tras el deslumbrante ‘Canadá’-, vuelve con ese irreverente, singular y carismático personaje, Frank Bascombe, protagonista de una trilogía irrepetible (‘El periodista deportivo’, ‘El Día de la Independencia’ y ‘Acción de Gracias’) que ahora retirado en el barrio residencial de Haddam (New Jersey) y con algunos años de más, nos deja una crepuscular visión de la vida a lo largo de cinco narraciones independientes, en las que vuelven también la ironía, la denuncia, la tristeza, pero también el humor que nunca abandona a este personaje. “El hombre de la calle de Ford”, como lo define John Bambille,  vuelve en este libro a emocionarnos y sorprendernos ya desde las primeras páginas, donde las secuelas de huracán Sandy estarán muy presentes. R.C.P.

lunes, 22 de agosto de 2016

LECTURAS DE VERANO IV

Mujer bajando una escalera

Bernhard Schlink. Anagrama, 2016.
Autor de la tan alabada como esplendida novela El lector, fue motivo suficiente para que me  acercara a su nuevo libro con la esperanza de toparme con alguna historia tan redonda como la que se recogía en aquel, aunque confieso que también con cierto temor a la desilusión.  Pero Schlink no suele defraudar. Confieso que la lectura de esta nueva novela me ha dejado una sensación parecida a la que tuve tras terminar El mapa y el territorio o, más recientemente, Nos vemos allá arriba. Todas historias singulares, y que convencen  al lector más escéptico de que aún hay esperanza para la literatura. En esta historia compleja, pero que en ningún momento despista, confunde o aburre al lector, con un lenguaje sencillo y ágil, el autor nos narra el reencuentro del protagonista con un cuadro de una mujer desnuda desaparecido durante décadas. A partir de ahí se conectará el presente con el pasado, en un fastuoso juego narrativo sobre las pasiones que desata aquella valiosa obra de arte. R.C.P.

Hamelin

Juan Mayorga. Cátedra, 2015.

La editorial Cátedra ha reunido en un solo volumen dos obras de uno de los dramaturgos más importantes sin duda que tiene el teatro español en la actualidad: Juan Mayorga. Con prestigiosos premios en su haber y sus obras representadas en numerosos países, algunas incluso llevadas al cine (la interesantísima “El chico de la última fila”), Mayorga es un hombre de teatro en toda la extensión de esta denominación. En “Hamelin” pone sobre las tablas uno de los temas más escabrosos y sórdidos de la sociedad actual: la pedofilia. Con una puesta en escena absolutamente minimalista, con el fin de que el espectador no pueda distraerse, el juez Montero intenta desentrañar las relaciones entre el niño Josemari y su protector Pablo Rivas, quien también ayuda económicamente a la familia del joven. Una obra llena de tensión provocada por el tema que aborda. J.L.R.

domingo, 7 de agosto de 2016

LECTURAS DE VERANO III

El cuarto de los niños y otros cuentos

Ángel Vázquez. Pre-textos, 2008
Quien se acerque a la literatura de Ángel Vázquez sin duda se convertirá en uno de sus devotos lectores. Ya hemos afirmado en más de una ocasión en esta misma página, que su novela La vida perra de Juanita Narboni nos parece una de las mejores de la literatura española del siglo XX, y aunque menor a esta pero con su punto de interés Se enciende y se apaga la luz, novela con la que obtuvo el premio Planeta de 1962. La editorial Pre-textos publicó hace unos años sus cuentos, pequeñas obras maestras del género, con prólogo de Emilio Sanz de Soto y estudio preliminar de Virginia Trueba Mira. “Fragmentos de vida y soledades”, así define Virginia Trueba los relatos de Vázquez, a imagen y semejanza de su autor, uno de los grandes “malditos” de nuestra literatura, que nació en Tánger en 1929 y murió en Madrid  en 1980 en la más “estricta” pobreza. J.L.R.

Enterrad a los muertos

Louis Penny. Salamandra, 2016

Es interesante esta novela por varios motivos, y ello pese a que su protagonista es un viejo conocido: el inspector Gamache. Si hasta este momento la serie de novelas con Gamache como protagonista discurría para el lector dentro de los cánones de unas atractivas pero convencionales historias el género negro, ahora todo parece cambiar. Sí, es cierto que en esta también tratará de resolver un intricado caso, pero es este un elemento secundario de una historia repleta de flasback que tratan de ir dando pistas al lector sobre el porqué del retiro del protagonista a la ciudad de Quebec, explicación que solo obtendremos hacia el final de la historia. Otro elemento atractivo en la narración,  es la  tensión que se palpa, centrada en una  pequeña biblioteca inglesa, entre la cultura francófona dominante y la minoría angloparlante. Galardonada con numerosos premios es una novela de las que uno no se arrepiente del tiempo invertido para su lectura. R.C.P.