Me gustan esas
imágenes donde tras las figuras de personajes anónimos o conocidos, aparecen
estanterías repletas de libros. Me gustó la fotografía que se publicaba
recientemente del admirado poeta
Francisco Bejarano, posando entre los libros de su biblioteca. Antes este tipo de imágenes eran comunes, tan
comunes como ver escenas callejeras donde los libros de una u otra manera
aparecían y no nos llamaban la atención. Personas leyendo en los bancos de un
parque público, o en el bus. Transeúntes portando algún libro o periódico
cuando iban o volvían de algún lugar, pero con el deseo confesable o
inconfesable de que llegara pronto el momento para leer las hojas de papel que portaban con mimo, y a las que cualquier alto
en el camino –un semáforo, o la espera en la marquesina de la línea 5, que cada
vez se hace más larga- era una buena excusa para hojearlas rápidamente. Me
gustan esas imágenes hoy, pero me invade cuando las contemplo una cierta
melancolía, quizás tristeza, porque tras su belleza puesto que los libros siguen teniendo un poder estético
y evocador de difícil competencia,
comprendo que el libro ha sido
borrado de los hábitos cotidianos de una gran mayoría, y pese a que aquella vieja canción nos diga machaconamente en una de sus
estrofas La vida sigue igual, la vida
sigue igual…nada sigue igual. Cuando
paseo por mi ciudad no suelo ver paseantes con libros, todo lo contrario,
también estos parecen haber desaparecido del paisaje cotidiano, y si excepcionalmente en algún paseo público,
cafetería o cualquier otro lugar del
entramado urbano nos topamos con alguien
ensimismado en la lectura, la singularidad de la imagen rápidamente atrae
miradas furtivas de los paseantes. Me gustan esas imágenes donde en segundo
plano, tras las figuras de personajes anónimos o conocidos aparecen libros,
pero cuando estas no son artificiales,
incluso cuando estas son captadas con un sentido reivindicativo. Todo lo
contrario de aquellas en las que una fauna variada se hacen cuando llega algunas
efemérides o actos de homenaje a viejas glorias de las
letras, pese a que no pisen desde hace años una biblioteca o en sus
domicilios las librerías destaquen por su ausencia. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO
Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
viernes, 21 de octubre de 2016
sábado, 8 de octubre de 2016
IMÁGENES AFRICANAS A TRAVÉS DE CUATRO ARTISTAS JEREZANOS
Uno
se puede topar con temas casi
desconocidos, pero de indudable interés para la historia local -en este caso
del arte- de la manera más inesperada. Temas sobre los que con sorpresa y a
posteriori, comprobamos que no existe información, o esta es muy escasa, en las
pocas monografías o revistas especializadas consultadas. Es lo que me sucedió
hace algunos meses, cuando rastreando el
origen de algunos de los dibujos de temática africana del gran artista jerezano
Teodoro Miciano, y publicados en el libro ‘Cuentos de Yeha’ de Tomás García Figueras, no solo comprobé que
algunas de aquellas magníficas ilustraciones ya habían aparecido previamente,
antes que en la publicación de D. Tomás, en la Revista ‘África’ y además que en las portadas de dicha revista -a
la sazón medio de comunicación de las tropas coloniales españolas en África
durante décadas- encontré más dibujos de Miciano, algunos prácticamente
desconocidos. La serie de dibujos de Miciano aparecen entre los años 1929 los
más antiguos, y 1934 los más recientes. Comprobando, portada tras portada, año
tras año de la mencionada revista, me vi nuevamente sorprendido cuando descubrí
en ellas dos artistas jerezanos más : el bibliotecario y arqueólogo municipal
Manuel Esteve y el ilustrador Justo Lara Garzón, más conocido en los ambientes
artísticos por el pseudónimo de “Ponito”. Tanto los dibujos de Miciano como de
los dos últimos aparecen en la segunda época de la revista ‘África’, es decir
aquella que coincide su publicación con los estertores de régimen monárquico en
nuestro país y el inicio de la II República.
Animado y sorprendido me quedaba por comprobar un último detalle. Tenía
entendido que casi durante el mismo periodo que se publicaba ‘África’ en Ceuta
(1926/1936), en Tánger los padres Franciscanos editaban la revista ‘Mauritania’
(1928/1962). ¿Podría ser que en las portadas de dicha revista algún artista e
ilustrador jerezano hubiera dejado su huella? No descubrí, pese a mis ilusiones
iniciales, ninguna nueva obra de los artistas más arriba mencionados, pero sí
que encontré en la mayoría de los números publicados entre los años 1943 y 1944
un nuevo nombre, el del pintor Carlos
Gallegos García Pelayo. Un repaso de las ilustraciones aportadas por estos
artistas de Jerez en las revistas mencionadas – y que tenían en común aparte de
su origen el que todos fueron grandes cartelistas, y protagonistas de unas
artes gráficas que vivían una época dorada en nuestra ciudad- nos dan una visión sorprendente, colorista,
singular y sobre todo muy bella del N. de África. Sin duda una aportación
merecedora de un estudio más en profundidad -estamos en ello- y en todo caso que justifica la exposición
que se prepara en la Biblioteca Muncipal –“imágenes africanas”- para finales
del próximo mes de octubre. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO
100 AÑOS
El pasado 29 de
septiembre hubiera cumplido don Antonio Buero Vallejo 100 años de vida, una
edad que solo alcanzan unos pocos privilegiados, quizá aquellos a los que se
les ha olvidado morirse o que la muerte se ha olvidado de ellos. No es el caso
de don Antonio, ni tampoco de Camilo José Cela quien también habría cumplido
ese número de años el ya lejano 11 de mayo. Y para conmemorar la fecha de este
último la RAE acaba de publicar la edición de una de sus mejores obras, ‘La
colmena’, con la inclusión en apéndice de los pasajes y páginas que la censura
prohibió en su edición española de 1963, aunque ya había aparecido la primera
en Buenos Aires en 1951. Y la misma RAE en su página web anuncia los actos que
se van a celebrar en honor de Buero Vallejo, aunque parece que no tiene
prevista la edición conmemorativa de ninguno de sus imprescindibles dramas,
pese a que estos también sufrieron las tijeras y la ignorancia de los censores
de turno, a cuya nómina perteneció el propio Cela. La historia de la literatura
española del siglo XX no se entiende sin estos dos grandes escritores, que
llenan por sí mismos dos capítulos esenciales de un periodo de la centuria
pasada, marcados por aquellos años posteriores al final de la guerra civil. En
el caso de Buero Vallejo con especial consecuencia, pues fue condenado a muerte
por aquellos tribunales militares franquistas que tan bien recrea Alberto
Méndez en el relato tercero de ‘Los girasoles ciegos’. Repasar las entrevistas
que en la red podemos encontrar de Buero, sobre todo la del programa “A fondo”,
es encontrarse no solo con el escritor, con el dramaturgo, el más importante de
la segunda mitad del siglo XX, sino sobre todo con un hombre que basó toda su
vida en esas virtudes que ahora echamos tan en falta en esta España de hoy: la
dignidad, la honestidad, la discreción. Las mismas virtudes que con tanta
maestría supo insuflar en sus personajes. Leer a Buero Vallejo es hoy una
necesidad, un ejercicio de higiene moral. José López Romero.
sábado, 1 de octubre de 2016
POKEMON GO
En la novela ‘El regreso
de Titmuss’ (Libros del Asteroide), que reseñamos más abajo, el médico Fred
Simcox recuerda cómo su predecesor en la consulta, el viejo doctor Salter,
cuando traía un niño o una niña al mundo siempre le daba la consabida palmada
en el culo y decía: “adelante, es lo máximo que puedo hacer por alguien que se
embarca en la vida”. Pues eso es, por lo que parece, lo que durante este verano
ha hecho la empresa Nintendo con el célebre fenómeno de los Pokemos, pero en
lugar de darles a sus seguidores una palmada, les ha dado una patada y los ha
puesto a andar, porque de eso se trataba o, al menos, así nos lo han querido
vender: hacer andar a una población demasiado ensillonada, sobre todo aquella
que precisamente juega en sus deletéreas consolas, fuente inagotable de
obesidad y colesterol. Visto así hasta habrá que darle a la empresa las
gracias. Pero cuando de movimiento de masas semovientes (y nunca mejor dicho)
se trata, la cosa se nos puede ir de las manos, y así atónito me quedaba al ver
en la tele reuniones masivas de perseguidores de esos muñecos, o viandantes que
arriesgaban su vida al cruzar una avenida con tal de alcanzar su presa. Así
visto, hasta habrá que reconocerle al invento su ingenio: una masa amorfa
detrás de unos muñecos con una de sus armas preferidas de la que no pueden
desprenderse: el móvil. Una de esas locuras de que solo son capaces los seres
humanos (no confundir con el ‘homo sapiens’). No hace mucho, apenas unos pocos
años, tanto mi compañero Ramón como yo en esta misma página celebrábamos la
idea puesta en práctica del fenómeno que se dio en llamar “bookcrossing”, es
decir, esos libros que un lector podía dejar en un lugar público (banco de una
plaza o de un jardín; un bar…) para que otro lector pudiera leerlo, en una
especie de cadena de lectura que en realidad encerraba mucho más que el simple
trasiego de mano en mano del libro, porque leer es sinónimo de compartir y la
lectura de complicidad. Pero por desgracia poco o nada sabemos ya de este
fenómeno del “bookcrossing’’, por lo que podemos deducir o imaginarnos su
fracaso estrepitoso; ni en los días en que los medios se hacían eco de ello,
nunca vimos en la tele masas de gente que se reunían en busca de los libros,
nadie ponía en riesgo su vida por leer antes que otro la novela que había
dejado su último lector en un banco público, nadie preguntaba por la calle si
habían visto un libro… Cuando me enteré por primera vez del famoso “pokémon go”
me asaltó la pregunta (en mi infinita ingenuidad) ¿por qué en vez de muñecos no
han elegido versos y así sus perseguidores se podían afanar en la tarea de
componer el poema? La respuesta es muy sencilla: el fulano colectivo, ese que
tiene la cabeza llena de colesterol, no movería un dedo de la mano que sostiene
su móvil, no daría ni un paso con toda su excesiva humanidad por la cultura. Y
eso es triste y desalentador. José López Romero.
MANKEL
Estos últimos meses
la actualidad literaria nos ha traído numerosas noticias en torno al escritor
sueco Henning Mankel, y lamentablemente
una de ellas nunca la hubiéramos querido leer, la de su fallecimiento en la
localidad sueca de Gotemburgo en octubre del año pasado. Como es sabido Mankel se hizo
un hueco entre los lectores de medio mundo, por la serie de novelas que
escribió protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, aunque para ser justos
hay que decir de inmediato que su
contribución a la literatura va más allá
de la afortunada creación del mencionado personaje literario. La muerte de un
escritor es tanto más sentida cuando, como es el caso, sucede en plena madurez
creativa como lo confirman sus dos últimos libros publicados en un intervalo de
escasos meses, ‘Arenas movedizas’ y ‘Botas de lluvia suecas’ (Tusquets). Ambos
han sido comentados en estas páginas –el último de los mencionados, en
la sección de Reseñas de hoy- pero creo necesario decir algo más de ellos. Son
libros que si los leemos detenidamente, más allá de su contenido, nos hablan de
un antes y un después en la vida de Mankel
–no solo como persona, lo que resulta comprensible, sino también como escritor-
tras recibir la noticia de que padecía una enfermedad terrible. A partir
de ese momento escribirá los libros
mencionados. El primero, ‘Arenas movedizas’,
se va redactando en ese periodo difícil que va desde que el escritor
recibe como un mazazo la noticia de su
enfermedad, y luego sigue ese proceso turbio de adaptación a esa realidad, con periodos de aceptación o negación de la misma. El resultado es un libro lleno
de melancolía, bello y donde aún queda sitio para la esperanza. En cambio ‘Botas
de lluvia suecas’, su libro póstumo, se escribe cuando ya es consciente del
final, cuando no queda espacio para la esperanza y sin embargo –y ahí lo
intrigante del libro- Mankel nos deja una novela de un pulso narrativo
intachable y que desprende vitalidad y belleza en todas y cada una de sus
páginas no dejando margen para la derrota. RAMÓN
CLAVIJO PROVENCIO
domingo, 18 de septiembre de 2016
LECTURAS DE VERANO V
González-Ledesma.com
La página oficial de este gran escritor catalán recoge
en su menú inicial toda la trayectoria literaria de quien nos ha dejado un buen
puñado de las mejores novelas policiacas que se escribieron en España en el
siglo pasado, y que tienen como protagonista al crepuscular inspector Méndez y
como ciudad de sus investigaciones a esa Barcelona franquista, que tan bien ha
descrito en sus narraciones otro catalán universal, Juan Marsé. Varios enlaces
se centran en el análisis de estas novelas. A su biografía, premios concedidos,
algunas entrevistas y sus lecturas preferidas (apartado muy interesante), se
añaden las reseñas de dos novelas escritas bajo el seudónimo de Enrique Moriel
y, otro apartado se dedica a Silver Kane, seudónimo con el que escribía
González Ledesma novelas populares, sobre todo del oeste. Una excelente página
que pretende divulgar la figura literaria, no siempre valorada, de uno de los
grandes novelistas del siglo XX. J.L.R.
Francamente,
Frank
Richard Ford. Anagrama, 2015
Galardonado recientemente con el premio Princesa de Asturias de Literatura,
Richard Ford se ha convertido con el paso de los años y, sobre todo, con la
fuerza incontestable de sus escritos en un referente indispensable para
cualquier buen lector. Con este nuevo libro –tras el deslumbrante ‘Canadá’-,
vuelve con ese irreverente, singular y carismático personaje, Frank Bascombe,
protagonista de una trilogía irrepetible (‘El periodista deportivo’, ‘El Día de
la Independencia’ y ‘Acción de Gracias’) que ahora retirado en el barrio
residencial de Haddam (New Jersey) y con algunos años de más, nos deja una
crepuscular visión de la vida a lo largo de cinco narraciones independientes,
en las que vuelven también la ironía, la denuncia, la tristeza, pero también el
humor que nunca abandona a este personaje. “El hombre de la calle de Ford”,
como lo define John Bambille, vuelve en
este libro a emocionarnos y sorprendernos ya desde las primeras páginas, donde
las secuelas de huracán Sandy estarán muy presentes. R.C.P.
lunes, 22 de agosto de 2016
LECTURAS DE VERANO IV
Mujer
bajando una escalera
Bernhard Schlink. Anagrama, 2016.
Autor de la tan alabada como
esplendida novela El lector, fue
motivo suficiente para que me acercara a
su nuevo libro con la esperanza de toparme con alguna historia tan redonda como
la que se recogía en aquel, aunque confieso que también con cierto temor a la
desilusión. Pero Schlink no suele
defraudar. Confieso que la lectura de esta nueva novela me ha dejado una
sensación parecida a la que tuve tras terminar El mapa y el territorio o, más recientemente, Nos vemos allá arriba. Todas historias singulares, y que
convencen al lector más escéptico de que
aún hay esperanza para la literatura. En esta historia compleja, pero que en
ningún momento despista, confunde o aburre al lector, con un lenguaje sencillo
y ágil, el autor nos narra el reencuentro del protagonista con un cuadro de una
mujer desnuda desaparecido durante décadas. A partir de ahí se conectará el
presente con el pasado, en un fastuoso juego narrativo sobre las pasiones que
desata aquella valiosa obra de arte. R.C.P.
Hamelin
Juan Mayorga. Cátedra,
2015.
La editorial Cátedra ha reunido en un solo volumen dos
obras de uno de los dramaturgos más importantes sin duda que tiene el teatro
español en la actualidad: Juan Mayorga. Con prestigiosos premios en su haber y
sus obras representadas en numerosos países, algunas incluso llevadas al cine
(la interesantísima “El chico de la última fila”), Mayorga es un hombre de teatro
en toda la extensión de esta denominación. En “Hamelin” pone sobre las tablas
uno de los temas más escabrosos y sórdidos de la sociedad actual: la pedofilia.
Con una puesta en escena absolutamente minimalista, con el fin de que el
espectador no pueda distraerse, el juez Montero intenta desentrañar las
relaciones entre el niño Josemari y su protector Pablo Rivas, quien también
ayuda económicamente a la familia del joven. Una obra llena de tensión
provocada por el tema que aborda. J.L.R.
domingo, 7 de agosto de 2016
LECTURAS DE VERANO III
El cuarto de los niños y otros cuentos
Ángel Vázquez.
Pre-textos, 2008
Quien se acerque a la
literatura de Ángel Vázquez sin duda se convertirá en uno de sus devotos
lectores. Ya hemos afirmado en más de una ocasión en esta misma página, que su novela
La vida perra de Juanita Narboni nos
parece una de las mejores de la literatura española del siglo XX, y aunque
menor a esta pero con su punto de interés Se
enciende y se apaga la luz, novela con la que obtuvo el premio Planeta de
1962. La editorial Pre-textos publicó hace unos años sus cuentos, pequeñas
obras maestras del género, con prólogo de Emilio Sanz de Soto y estudio
preliminar de Virginia Trueba Mira. “Fragmentos de vida y soledades”, así
define Virginia Trueba los relatos de Vázquez, a imagen y semejanza de su
autor, uno de los grandes “malditos” de nuestra literatura, que nació en Tánger
en 1929 y murió en Madrid en 1980 en la
más “estricta” pobreza. J.L.R.
Enterrad a los muertos
Louis
Penny. Salamandra, 2016
Es
interesante esta novela por varios motivos, y ello pese a que su protagonista
es un viejo conocido: el inspector Gamache. Si hasta este momento la serie de
novelas con Gamache como protagonista discurría para el lector dentro de los
cánones de unas atractivas pero convencionales historias el género negro, ahora
todo parece cambiar. Sí, es cierto que en esta también tratará de resolver un
intricado caso, pero es este un elemento secundario de una historia repleta de
flasback que tratan de ir dando pistas al lector sobre el porqué del retiro del
protagonista a la ciudad de Quebec, explicación que solo obtendremos hacia el
final de la historia. Otro elemento atractivo en la narración, es la
tensión que se palpa, centrada en una
pequeña biblioteca inglesa, entre la cultura francófona dominante y la
minoría angloparlante. Galardonada con numerosos premios es una novela de las
que uno no se arrepiente del tiempo invertido para su lectura. R.C.P.
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