LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 27 de febrero de 2021

ORIENT-EXPRESS

Reconozco que no le he prestado entre mis lecturas mucha atención a la literatura de viajes, quizá porque ese hueco en esta página lo llena a la perfección mi compañero y amigo Ramón, experto en la materia como así atestiguan obras como la exitosa ‘La costa’ (Peripecias) o ‘Viajeros apasionados. Testimonios extranjeros sobre la Provincia de Cádiz 1830-1930’ (Diputación de Cádiz). Pero también debo confesar que como lector de nacimiento nunca le he hecho ascos a un buen libro, sea del género que sea. Por eso, cuando hace unos días cayó en mis manos en forma de regalo ‘Orient-Express. El tren de Europa’ de mi admirado Mauricio Wiesenthal no dudé en hincarle el ojo. Leer a Wiesenthal cuando trata en sus textos de asuntos de su Europa, de la misma Europa con la que se le llenaba la pluma a su maestro Stefan Zweig, es transportarse a ese continente que alumbró toda la cultura por la que ahora, o quizá mejor a finales del siglo XIX y principios del XX, ser europeo era sinónimo de prestigio y autoridad. En ‘Orient-Express. El tren de Europa’ Mauricio Wiesenthal nos lleva por la historia no solo del tren sino de todo el continente que atravesaba de uno a otro extremo en los diversos recorridos que aquel realizaba. Lo que aprovecha el autor de forma magistral para adentrarnos en las anécdotas y curiosas historias de las grandes personalidades que tenían al Orient-Express por su medio de transporte más habitual. Y por las páginas del libro, como por los vagones, como si estuviésemos viéndolos, pasean Colette, Coco Chanel, o el magnate del petróleo Calouste Gulbenkian y su salida de película de Estambul, o el traficante de armas Basil Zaharoff y su larga historia de amor con la aristocrática española Mª del Pilar Muguiro y Beruete, casada y después viuda de don Francisco María de Borbón-Braganza y Borbón… Y así una larguísima lista de personajes de la época que frecuentaron el célebre tren y en la que no faltan, no podrían faltar de ninguna manera, los grandes escritores, entre ellos la que elevó al tren a personaje novelesco: Ágatha Christie o el mismísimo Zweig; o grandes músicos como Gustav Malher, Richard Strauss, Manuel de Falla o Debussy. Por no hablar de la nobleza y realeza europeas: Eduardo VII, el duque de Windsor, y su esposa Wallis Simpson, o las andanzas erótico-indiscretas que se corría Leopoldo II de Bélgica, o la turbulenta historia de los reyes de Rumanía. Brillo, lujo, glamour que Wiesenthal nos va describiendo con todo pormenor, en sus más mínimos detalles; así como las estaciones: la “Gare de Lyon” o la “Victoria”. Pero también los padecimientos de aquel majestuoso tren en las dos guerras mundiales y las dificultades para atravesar los países del Este en los años 50 del pasado siglo. Experiencias que el propio Wiesenthal va desgranando como apasionado viajero, no como esos turistas de sandalias, pantalón corto y gorra de béisbol que en la actualidad ensucian las ciudades y manosean monumentos. En todo el libro, de una lectura tan interesante como encantadora, divertida y conmovedora por momentos, se respira una atmósfera de nostalgia por un tiempo ya perdido para siempre, por una forma de viajar que ya no existe, por esa vieja Europa tristemente olvidada, por el mundo de ayer. José López Romero.

  

FRANCISCO GARCÍA PAVÓN Y EL OLVIDO

Hacíamos, en un anterior artículo, un recorrido general por la historia de la novela policiaca, para finalizar en ese subgénero  denominado “novela negra” de incontestable éxito en la actualidad. Como en toda visión general dejamos en el camino, por falta de espacio, algunos nombres (P.D. James, Consuelo Sáenz de la Calzada, etc.) pero hoy nos gustaría detenernos brevemente en uno en particular: Francisco García Pavón. Fue este manchego un escritor notable y pese a ello, un manto de olvido ha caído sobre él (como sobre tantos otros, recuerden a Manuel Halcón) que ni siquiera la celebración de su centenario (2019) fue capaz de levantar. Sin embargo, conviene tener presente que García Pavón  dio a la literatura ese personaje impagable de Plinio, el policía rural de Tomelloso, con el que se iniciaba el camino de la literatura policiaca en nuestro país.  Ya con la primera de sus novelas, ‘El reinado de Witiza’, lograba ser finalista del Nadal, que finalmente conseguiría en 1969 con ‘Las hermanas coloradas’, otro caso de Plinio. Pese al éxito de Plinio, la Transición pareció tener entre sus prioridades romper con todo lo anterior, y en tal proceso se cometieron algunas injusticias literarias, que en el  caso de Francisco García Pavón, llevaría al periodista Enric González a escribir “A España le faltan muchas cosas para tener arreglo, una de ellas que García Pavón esté en las librerías” (cita recogida del excelente artículo de Cristian Segura “El escritor que llevó la novela negra a la España vacía”. El País. 28.9.2019). Ha tenido que pasar el tiempo para que hoy, aparte del interés y calidad de esas novelas (no recogida plenamente en la  adaptación televisiva de principios de los años 70 del pasado siglo, con guión de José Luis Garci y en la que el actor Antonio Casal ponía rostro a Plinio), encontremos en ellas una sutil profecía sobre el abandono de la España rural, y que recientemente  han tratado con tanto éxito ensayos como ‘La España vacía’ de Sergio del Molino  o novelas  como la de Santiago Lorenzo ‘Los asquerosos’. Ramón Clavijo Provencio.

 

sábado, 13 de febrero de 2021

¿QUIÉN ES EL ASESINO?

 

“Para que una novela tenga éxito debe incluir entre sus páginas un cadáver”, escribía alguien que ahora no recuerdo, pero al que a la vista del actual mercado editorial no le faltaba razón. Sin embargo, los inicios de la novela policiaca fueron más bien modestos si nos atenemos al seguimiento que tuvo por parte del público ‘Los casos de la calle Morgue’, publicada en 1841 por Edgar Allan Poe,  y donde nos presentaba al que hoy se considera primer detective literario: Auguste Dupin. Sin embargo, Dupin fue el modelo a seguir por otros personajes de ficción que tuvieron una popularidad arrolladora, como Sherlock Holmes de Conan Doyle o Hércules Poirot de Ágatha Christie. A principios de los años 30 del pasado siglo dos autores también norteamericanos, Dashiell Hammlet y Raymond Chandler, renovaron el género con una serie de excelentes novelas que dio lugar a lo que se denominó “novela negra”, por los escenarios sórdidos donde se desenvolvían sus protagonistas y donde la moralidad de los mismos entraba en un plano más ambiguo y realista. Sin duda la popularidad de esta literatura se acrecentó cuando algunas de estas novelas fueron llevadas al cine, y donde Humphrey Bogart  pondría un rostro imperecedero (en la imagen) a los  detectives Philip Marlowe o Sam Spade. Curioso fue el fenómeno que se dio en nuestro país en  la década de los 60, cuando la recién inaugurada televisión pública convirtió en un fenómeno de masas al detective Larose, protagonista de la serie ‘¿Es usted el asesino?’, basada en la novela del mismo nombre de Fernand Crommelyck. Con el paso del tiempo, y esto es historia conocida, van surgiendo nuevos nombres que mantienen el interés de cada vez más lectores. En España, Francisco González Ledesma, con su genial comisario Ricardo Méndez, es uno de los primeros grandes escritores de este género, al que seguirán Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Alicia Jiménez Bartlett o Lorenzo Silva entre otros muchos. Fuera de nuestras fronteras Georges Simenon, Patricia Highsmith (que da otro giro al género al escribir desde la perspectiva del asesino, con la creación de su personaje Ripley), Henning Mankell, Donna Leon, Stieg Larsson, Markaris o Benjamin Black. Grandes escritores recreando con sus historias la cara menos grata de la realidad, aunque esas historias en alguna ocasión han tocado a sus autores más de lo que uno pudiera pensar. Es el caso de Anne Perry, una conocida escritora de novelas policiacas británica, cuyo verdadero nombre es el de Juliet Marion Hulme. Perry  fue protagonista real siendo una adolescente,  de un macabro suceso al ser cómplice de su mejor amiga, Pauline Parker, en el asesinato de la madre de esta última. Por cierto, este caso sería llevado al cine en la excelente ‘Criaturas celestiales’, dirigida por Peter Jackson y protagonizada por Kate Winslet. Ramón Clavijo Provencio.

CAMBEMBA

Los días finales del nefasto 2020 y los del comienzo del (des-)esperanzador 21 me cogieron en la revisión, por mis quehaceres académicos, de ‘Un enemigo del pueblo’, el drama de Ibsen. Y por las mismas fechas se produjeron dos sucesos que me confirmaron la vigencia, la rabiosa actualidad de la obra del gran dramaturgo noruego; me refiero al asalto de la masa al Capitolio de los EE.UU. y a la moda de un nutrido grupo de jóvenes que se citan por internet con el único fin de romperse unos a otros la cara (ambas noticias fueron recogidas en los medios de comunicación con todo lujo de imágenes). El doctor Stockmann, el protagonista del drama, al que declaran los habitantes de su propia ciudad como su enemigo, no puede por menos que denunciar ante quienes le condenan cómo ellos, el pueblo, esa masa amorfa y cambemba es precisamente el “enemigo más temible de la verdad y la libertad”. La juventud que se cita en un descampado para liarse a puñetazo limpio como única diversión es la misma que se pasa por el forro de su ignorancia y chulería todas las medidas higiénicas contra la pandemia, de la misma manera que el tío de los cuernos y sus secuaces que asaltaron el Capitolio no son más que los mismos perros  y con el mismo collar de la violencia y el desprecio hacia las normas; una masa que se deja manejar, manipular por cualquier charlatán de feria, llámese este Trump o pongan ustedes el nombre que quieran, pues en nuestro país tampoco andamos escasos de esos charlatanes del tres al cuarto. Leer en estos tiempos ‘Un enemigo del pueblo’ es un terrible ejercicio de hasta qué punto nada ha cambiado en la sociedad desde su estreno en Oslo en 1883. El doctor Stockmann (o Ibsen) ya nos avisó: el voto de esos jóvenes que se pegan por diversión vale lo mismo, o incluso más que el suyo, lector. José López Romero.   

viernes, 29 de enero de 2021

ALBANIA

Leí hace unos meses la novela de Ismail Kadaré titulada ‘Abril quebrado’, en la que el autor albanés narra una de las tradiciones más genuinas de su país: la ley del antiguo Kanun por la que se rige la vida en las montañas,  que estipula y obliga a las familias a vengarse de otras ante cualquier ofensa, y que se transmite de generación en generación. Una especie de código de honor que va cobrándose víctimas en la misma medida que va minando a los habitantes de aquellas inhóspitas geografías. Una bella narración en la que no debemos ver solo la crueldad de estos códigos, sino la dignidad de sus afectados en su estricto cumplimiento. Una sociedad primitiva, hosca, como su hábitat, orgullosa de unas costumbres que terminarán por destruirla. Y casi por las mismas fechas en que leía la novela de Kadaré, José Manuel Azcona, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, muy amablemente me hacía llegar un ejemplar de su trabajo, que firma también la investigadora Majlinda Abdiu (doctora en Literatura Comparada y profesora de la Universidad de Tirana), titulado ‘La política exterior de la Corona de Aragón en los Balcanes (1416-1478) La Albania de Skanderberg y la guerra contra los turcos’ (ed. Ommpress). Tuve el placer y la oportunidad de charlar con José Manuel Azcona, cuando preparaba el libro, en torno a la figura de Juan Pedro Aladro Kastriota, el jerezano descendiente del gran héroe albanés Skanderberg, quien intentó en el siglo XIX, sin fortuna, recuperar la corona de aquel país que con tanta dignidad habían llevado sus ancestros. El trabajo de investigación de los profesores Azcona y Abdiu es un profundísimo repaso por la historia de Albania y de la lucha de sus habitantes por repeler los continuos intentos de invasión que a lo largo de los siglos ha sufrido este país, luchas y enfrentamientos en los que destacó en el siglo XV Skanderberg, apodo procedente de “Iskender Bey” (señor Alejandro) en recuerdo de Alejandro Magno por sus numerosas y exitosas hazañas en los campos de batalla. Su verdadero nombre era Gjergj Kastrioti, cuyo apellido coincide por línea materna con nuestro ilustre jerezano. Ni que decir tiene, y de ahí parte del título de libro, que los turcos siempre se han considerado los enemigos más directos de Albania, y contra ellos también intentó Juan Pedro Aladro oponer un ejército que nunca pudo formar. Hoy, leyendo el magnífico ‘Años de hotel’ de Joseph Roth, que se subtitula “Postales de la Europa de entreguerras” me he encontrado con varios artículos en los que el gran escritor del antiguo imperio austro-húngaro nos da una visión, postales al fin y al cabo, de la Albania de 1927. Un país en el que conviven el atraso de sus gentes, que nos recuerda la novela de Kadaré, y un ejército siempre alerta pero mal pertrechado, que nos ha traído a la memoria el libro de J. M. Azcona y M. Abdiu, así como a nuestro Juan Pedro Aladro Kastriota. Todos relacionados o unidos por un mismo cordón umbilical: el amor por un país maltratado por la historia. José López Romero.

UN MODESTO PERO VALIOSO FOLLETO

En 1986, recién inaugurada la Biblioteca Municipal en su nueva sede de la plaza del Banco en Jerez, encontré entre un elevado número de impresos sin inventariar ni catalogar almacenados en sus depósitos, un curioso y raro folleto que pese a su modesta impresión pronto reparé en la importancia de su contenido. El folleto en cuestión se titulaba ‘Lista de libros existentes en la Biblioteca Pública hasta 31 de Mayo de 1876’. En esas fechas la Biblioteca Municipal de Jerez, inaugurada en 1873, salía de un oscuro periodo que la había mantenido cerrada prácticamente desde el mismo momento de su inauguración hasta el año 1875. Lo que se recogía en el folleto eran los libros existentes en sus estantes, una vez superado dicho periodo, incluyendo en ese listado el de los ejemplares donados (“libros regalados” si nos atenemos a la terminología del folleto) por personalidades e instituciones, para enriquecer dicha biblioteca en esa nueva etapa. Pero el valor del folleto llega más allá del catálogo de libros que contiene, y tras ese listado podemos extraer también, si somos curiosos, una valiosa información sobre el Jerez de aquella época al ir reconociendo, por ejemplo, entre los donadores (Carlos Camerino, José Piñero, José de la Herrán, Tomás Bueno, Luis Isasi, Alejandro Gordon y Beigbeder, etc…) a burgueses, comerciantes o relevantes personajes de las clases dirigentes de la ciudad. Entre ellos llama la atención las aportaciones de algunas mujeres como Juana de Dios Lacoste. También están recogidas  instituciones relevantes como la Empresa del Gas o el Casino de Artesanos. No pasa desapercibida en dicho folleto la relación de libros procedentes de la por entonces extinta Sociedad Económica de Amigos del País, que en su día dispuso de una importante biblioteca y que con sus 419 volúmenes (entre ellos ‘Tableau de l´Espagne Moderne’, 1807, de Fr. Bourgoing o ‘Entretenimientos físico-históricos sobre la Ámerica’, 1792, de Antonio de Ulloa)  pasaron a enriquecer en 1876, y notablemente, los fondos de la Biblioteca Municipal de la ciudad. Ramón Clavijo Provencio.

  

sábado, 16 de enero de 2021

LIBROS PARA DESPUÉS DE UN AÑO ACIAGO

Pese a lo nefasto del año recién concluido, y pese a las dudas y temores que derivó en una cadena de cancelaciones de presentaciones editoriales al enfilarse el tercer mes del pasado año, poco a poco la industria editorial pareció coger impulso (aunque soportando un alto coste) y comenzó a dejarnos una nada desdeñable lista de interesantes propuestas, de las que ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo (Galaxia) o ‘Un Amor’ de Sara Mesa (Anagrama), pueden ser dos buenos botones de muestra a nivel nacional. En nuestra ciudad pequeñas editoriales junto a grandes sellos nacionales, nos han ido presentando una nada desdeñable oferta, que ha ayudado a evadirnos entre las páginas de los libros de la dura realidad. Así ‘Primavera, año cero’ de José Mateos (Milenio), aunque surge de un tiempo oscuro, nos llena de luminosidad y trasmite una serena belleza. También ‘Paseos antes del vino’ de Rafael Benítez Toledano, es una propuesta reconfortante. Cargada de versos vitalistas, no exentos de profundidad y misterio, con un fondo de  paisajes de viñas y pagos jerezanos pintados por Pepe Bastos. Y si recomendable es leer poesía en libros como los mencionados, no menos lo es asomarnos a la colección “Historia de la vinatería” de la editorial Peripecias, que nos acerca de la mano de grandes especialistas (Maldonado, Mata, etc.) a ese universo de la vid indisolublemente unido a la historia de nuestra ciudad. También de la misma editorial destacar la edición por vez primera en castellano del libro ‘Facts About Sherry’ de Henry Vizetelly, gracias al gran trabajo de Beltrán Domecq.  Sí, 2020 ha sido un año nefasto, pero en cambio la historiografía jerezana ha ido enriqueciéndose gracias a la labor de numerosos investigadores: Antonio Aguayo (‘Los Claustros de Santo Domingo’. Peripecias), Jesús Caballero (‘Apuntes para el urbanismo en Jerez en el XIX’. Tierra de Nadie) o Manuel Romero (‘El pueblo perece de sed’). No nos olvidamos de los hermanos Lázaro, José y Agustín, con su delicioso ‘Paisajes con historias’ (Remedios), donde la divulgación e investigación van armoniosamente de la mano, ni de esa apasionante investigación para desvelar qué se esconde tras un oscuro personaje en  ‘Doctor Pirata’ (Kailas) de Wayme Jamison. La novela, a través de grandes sellos editoriales, ha dado protagonismo por un lado al siempre interesante Juan Bonilla, este año reconocido con el premio Nacional de Narrativa por su ‘Totalidad sexual del Cosmos’ (Seix Barral), y por otro  a Juan Pedro Cosano que  acierta con esta vibrante novela histórica ‘El rey del Perú’ (Espasa). También en 2020, con ‘Operación Estraperlo’ (Canto y Cuento), volvía un viejo conocido, el inspector Castilla, tratando de resolver un nuevo caso en el Jerez de la posguerra. Finalmente el año se despedía con ‘El caballero de la frontera’ (Kaizen) de Margarita Lozano, novela histórica basada en las leyendas recogidas en el Libro del Alcázar, y que nos descubre un fascinante Jerez de finales del siglo XIV. Ramón Clavijo Provencio.

OLFATO

Cuando leí en el magnífico ‘El infinito en un junco’ (un libro del que todo lector se deshace en elogios y va añadiendo adeptos a medida que se recomienda, en el boca a boca o en los medios de comunicación), que los hombres santos del primitivo cristianismo abominaban del agua, de los baños por ser un ejemplo de la sensualidad y la corrupción espiritual de los romanos, hasta el punto de considerar “el hedor como una medida de devoción ascética”, no pude por menos que acordarme de aquel dardo en la palabra que el gran Fernando Lázaro Carreter le dedicó a la expresión “en olor de multitud”, que el insigne filólogo hacía proceder del “olor de santidad” que ya acuñara Santa Teresa con motivo de la muerte de la monja Beatriz de la Encarnación, y que a ella misma, a su cadáver yaciente en el convento carmelitano de Alba de Tormes, también le aplicaron como un “vaho aromático de la beatitud”. Nada que ver con el hedor de los antiguos santos. El olfato ha sido uno de los sentidos que, como los demás, ha gozado de la atención de la literatura. Recuérdense, a modo de ejemplo, la exitosa novela ‘El perfume’, de Patrick Süskind, con su versión cinematográfica incluida, o ‘Aromas’, del escritor francés Philippe Claudel, un libro que no se suele citar entre lo mejor de su producción literaria, en la que destacan novelas como ‘Almas grises’ o ‘El informe de Brodeck’, pero que bien merece una lectura por la cantidad de sensaciones olfativas que Claudel sabe transmitir a través de la palabra. Olores de su infancia que han quedado grabados en la memoria sensitiva del autor. ¿Quién no ha vuelto a oler una goma de borrar o a recordar el olor de un lápiz, o el olor del césped recién cortado, o el de la tierra mojada por las primeras lluvias? Lázaro Carreter comentaba la posible tergiversación entre “olor de multitud” y la palabra “loor”. En cualquier caso y sea como fuere, vamos a terminar agradeciendo el uso de la mascarilla, sobre todo cuando nos cruzamos con alguien que desprende ese tufo a “santo varón”. José López Romero.