LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

viernes, 16 de agosto de 2019

LECTURAS DE VERANO III


Una hermosa doncella

Joyce Carol Oates. Debolsillo, 2015.
Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York. 1938) forma parte de esa estirpe de excelentes escritoras norteamericanas que con sus obras llenan las páginas más ilustres de la literatura del siglo XX, entre las que se encuentran Margaret Atwood, Alice Munro o la poeta Sylvia Plath. ‘Una hermosa doncella’ es un relato de esos que desde su comienzo ya empieza a inquietar al lector. El encuentro del viejo Marcus Kidder con la joven niñera, solo dieciséis años, Katya Spivak, da lugar a toda una historia en la que se mezclan el latente erotismo, las diferencias de clase, una educación familiar deficiente y falta de valores… Es decir, todos los ingredientes para que esa relación entre el rico, esteta y manipulador Marcus y la interesada y falta de cariño Katya se vaya desarrollando por unos caminos tortuosos sin que el lector sepa claramente cuál es la meta hasta el final. Un relato en el que Oates nos da una lección de análisis de los personajes. J.L.R.

La oficina de estanques y jardines

Didier Decoin. Alfaguara, 2017


A veces hay que volver sobre determinados libros.  No importa que el tiempo nos aleje de su fecha de edición, pues lo hacemos con la convicción de que hay historias que no pueden o deben pasar al olvido, para dejar paso a la marabunta de  nuevas ediciones, la mayoría de una mediocridad hiriente. Este es uno de esos raros libros con los que a veces nos topamos, y nos convencen de que la literatura es un país para ser transitado por pocos. Didier Decoin no es un desconocido, premio Goncourt en 2017, es toda una institución en las letras francesas que ahora se adentra con especial maestría   en   un   mundo   singular,   el   del   Japón   del   siglo   XII.   El   viaje   de   la protagonista   Miyuki,   la   viuda   que   sorteando   inconvenientes   y   peligros   se aventura   en   un   largo   viaje   a   llevar   las   carpas   cultivadas   con   mimo   por   su difunto marido al estanque real, me ha recordando relatos como   ‘El rumor del Oleaje’  de Mishima. Una bella historia  sustentada en  un estilo fruto de la más elevada literatura. R.C.P.

jueves, 1 de agosto de 2019

LECTURAS DE VERANO II


El primer asesinato de Franco

Ángel Viñas. Crítica, 2018
Por una u otra cosa la figura del general Franco sigue gravitando sobre nuestra historia reciente, y a ello también contribuyen los innumerables estudios que tratan de explicar el porqué controló los destinos de nuestro país con puño de hierro durante casi cuarenta años. Uno de esos estudios es este fruto de una meticulosa investigación de un grupo multidisciplinar dirigido   por el historiador Ángel Viñas. En algunos aspectos nos recuerda el estilo de ese otro historiador Max Gallo en “La noche de los cuchillos largos”,  y en todo caso la de aquellos investigadores –Antony Beevor es uno de sus máximos representantes- que logran ese difícil equilibrio entre rigor, pulso narrativo y amenidad. Ya trató Viñas en un libro anterior  -“La conspiración del General Franco”- la muerte del general Balmes en un oscuro accidente días antes de la sublevación militar del 36. Pero  lo que antes era una hipótesis ahora se convierte en certeza. R.C.P.



Galíndez

Manuel Vázquez Montalbán. Debolsillo, 2004.

Más tiempo del que debería ha pasado esta novela en la estantería siempre expectante a ver si un día me daba por cogerla y leerla. Hasta que hace unos días me decidí a ello, y desde la primera página hasta la última no he dejado de alegrarme de esta decisión. Conocía al Vázquez Montalbán, al margen de su Carvalho, a través de una novela que me impresionó en su momento y de la que guardo un excelente recuerdo, Los alegres muchachos de Atzavara, y esta de Galíndez me ha terminado por confirmar que Vázquez Montalbán es mucho más y mejor escritor que aquel reconocido por sus novelas negras. La reconstrucción de la muerte de Jesús Galíndez, personaje real que vivió en la República Dominicana del general Trujillo y que fue secuestrado por un comando en su piso de la Quinta Avenida de Nueva York, torturado y asesinado por los esbirros de Trujillo, es sencillamente impecable y narrativamente de una gran intensidad. Muy buena. J.L.R.

martes, 16 de julio de 2019

LECTURAS DE VERANO I


Miedo


Stefan Zweig. Acantilado, 2018.

Ya a estas alturas hablar de la maestría de Stefan Zweig se nos antoja un tanto ocioso; maestría en todo y cada uno de los géneros que a lo largo de su dilatada carrera como escritor tocó, y a los que engrandeció como muy pocos escritores han logrado: ensayos, biografías y, en este caso, en la novela corta, un género en el que siempre descubrimos algo más de Zweig. Si enormes son la “Partida de ajedrez”, o “Cartas a una desconocida”, o “Mendel el de los libros”, por citar solo tres, esta que reseñamos “Miedo” nos ofrece un análisis psicológico de la protagonista que pocas veces, si no es en los grandes maestros, podemos leer. Irene Wagner empieza a ser chantajeada por la que dice ser novia de su amante; chantaje al que accede para no perder su privilegiada posición social, pero que la hace caer en la angustia y la desesperación. Otra obra maestra de Zweig. J.L.R.


El Dolor de los demás

Miguel Ángel Hernández. Anagrama, 2018.


Han pasado algunos meses desde la presentación de esta novela. Con algunos libros pienso hay que mantener alguna distancia temporal, sobre todo con aquellos en los que hay una  fuerte reacción -positiva o negativa- de crítica y lectores como es el caso. Hay que tratar de no verse excesivamente contaminado de lo que otros han encontrado o dejado de encontrar en una historia, lo que a veces no es fácil.  Pero entre tantas opiniones sobre este libro, yo he llegado tras su lectura a mis propias conclusiones. Y la primera es la de haberme topado con una historia excepcionalmente contada. Y es ese estilo singular el que dota de mayor fuerza de la que ya tenían de por sí,  a unos hechos trágicos perdidos en la memoria del autor: aquel viejo  amigo que se había suicidado tras asesinar a su hermana. La búsqueda del por qué, tras veinte años, de aquel suceso, es un viaje  en el que el autor logra la compañía entusiasta del lector. R.C.P.

viernes, 21 de junio de 2019

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIOGRAFÍA JEREZANA (S. XXI)


En un artículo publicado en la ‘Revista de Historia de Jerez’ del año 2000, Ramón Clavijo y quien suscribe hacíamos un somero repaso a la historiografía local hasta finales del siglo XX. Tenía un carácter divulgativo, en un intento de “acercar el trabajo del investigador al gran público”. Comentábamos que fue don Tomás García Figueras, en los años sesenta, quien abrió la veda a esta clase de estudios, apartándose del clásico manual de historia para adentrarse en los entresijos de la personalidad de los historiadores valorando sus aportaciones al conocimiento de la trayectoria de nuestra ciudad a través de la Historia. Es cierto que a finales del XIX el ‘Discurso sobre las historias y los historiadores de Jerez’, de Manuel Bertemati Troncoso, podría considerarse un trabajo historiográfico, si bien está a medio camino entre el ensayo y el estudio científico. Tras ese artículo que mencionamos al principio, los mismos autores ofrecimos dos conferencias sobre el mismo asunto, en 2001 y en 2011, haciendo un recorrido por los personajes más señalados que se habían ocupado de Jerez, desde Herodoto o Theopompos (S. V-IV a. C.) hasta los historiadores más recientes como Caro Cancela o Cabral Chamorro. En la actualidad, cuando ya gastamos casi dos décadas del siglo XXI, la historiografía de nuestra localidad ha crecido vertiginosamente, no solo en monografías sino en innumerables artículos en revistas especializadas. Y el abanico de temas ha trascendido lo puramente histórico: arte, patrimonio, demografía, educación, biografías, urbanismo, e incluso fotografía. Consignar todo lo escrito hasta hoy rebasa los límites de estas líneas. A modo de ejemplo: ‘Historia general del libro y de la cultura en Jerez’ (2003), de varios autores; ‘De la ciudad de Dios a la ciudad de Baco’ (2007), de Aroca Vicenti; ‘175 años de fotografía: una mirada desde los fotógrafos de Jerez’ (2014) del desaparecido Adrián Fatou ; ‘La parroquia de San Mateo de Jerez de la Frontera ...’ (2018), coordinado por Javier Jiménez López de Eguileta; ‘Inscripciones latinas de Jerez de la Frontera’ (2016), de Ruiz Castellanos, García Romero y Vega Geán, etc. Tiempo habrá de ir desgranando la mayoría de las publicaciones locales y abundando en algunas. Nos detenemos en dos de ellas. En primer lugar, el volumen que recoge las ponencias de las I Jornadas de Historia Contemporánea, celebradas en nuestra ciudad en octubre de 2015 y publicadas bajo la coordinación de Diego Caro Cancela y José A. Mingorance Ruiz, que versaron sobre ‘El movimiento obrero en la historia de Jerez y su entorno (siglos XIX y XX)’ y en el que participaron historiadores como Enrique Montañés Primicia, Fernando Romero Romero o Lola Lozano Salado. Y en segundo lugar, un libro de arte divulgativo, ‘Iglesias y conventos de Jerez’ (2018) de Romero Bejarano (cuya cubierta ilustra este artículo), una monografía absolutamente recomendable para conocer nuestro patrimonio y saber qué estamos viendo cuando paseamos por el rico casco antiguo de la ciudad de Jerez. NATALIO BENÍTEZ RAGEL.

PIGCASSO


Hace unas semanas era noticia en los medios de comunicación una cerda que pinta cuadros, a la que han bautizado con el nombre de “Pigcasso”. No sé cómo anda la cosa por las compatibilidades y semejanzas en el ADN de cerdos y humanos, lo mismo solo nos diferenciamos en un gen, el que convierte a algunos humanos en cerdos y a algunos cerdos en humanos. En cualquier caso, este Pigcasso es una vuelta de tuerca más en ese famoso dicho, que yo suscribo totalmente, de que del cerdo se aprovecha hasta sus andares. Lo cierto es que la artista tiene ya página web y de que sus cuadros se cotizan a más de mil euros, dinero que se ingresa al parecer en una institución o asociación dedicada al cuidado de animales. En unas declaraciones de su dueña, esta comentaba que en los cuadros se podían apreciar los distintos estados de ánimo de la cerda, a la que se le veía en la televisión enfrascada con pincel en la boca ante un lienzo que iba cubriendo de líneas y colores. Al margen de la trascendencia o interés que les podamos conceder a la noticia y a su protagonista, estas no dejan de ser un perfecto ejemplo de hasta dónde hemos llegado en el comercio del arte. Que un cuadro de Pigcasso pueda alcanzar los cuatro mil euros es sin duda un insulto a la pintura y al arte en general, y a la capacidad intelectual del ser humano, representado en el comprador, cuando tantos artistas andan por el mundo sin que se les reconozca su arte y cuando la historia de la cultura está llena de agravios, genios incomprendidos en sus respectivas épocas. Por mi parte, el día en que un cerdo escriba un poema o una novela y haya un editor decidido a publicarlos, no me quedará más remedio que replantearme mi relación con la literatura y, de inmediato y muy a mi pesar, hacerme vegetariano, a ver si por unas malas en una loncha de jamón o de lomo me esté comiendo al Cervantes de la piara porcina. José López Romero.


viernes, 7 de junio de 2019

LA BOMBA


Todos guardamos en la memoria y, si no, ya las cadenas televisión se encargan de refrescárnosla con cierta periodicidad la gran, enorme seta que produjo la explosión de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, con la que se daba el aldabonazo definitivo a la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedía el 6 y el 9 de agosto de 1945. Y permítanme mi ignorancia o desinformación, quizá consecuencia del rechazo que provoca o debería provocar en todo ser humano un acontecimiento tan terrible como el lanzamiento de aquellas bombas. Las imágenes de las dos ciudades japonesas convertidas en un amasijo de ruinas y cuerpos destrozados, carbonizados, y las posteriores consecuencias en la población que pudo sobrevivir a duras penas y con enormes y terribles malformaciones, siempre y a pesar del tiempo transcurrido nos estremecen y son un excelente motivo de reflexión sobre el horror que es capaz de generar el ser humano contra sí mismo, así como un ejemplo permanente de a lo que nunca debemos llegar. Pero todo esto viene a cuento no por lo obvio de lo que hasta aquí he escrito sino, y retomando lo antes dicho, por la sorpresa que me produjo (de ahí mi ignorancia o desinformación) cuando al leer ‘El arte de la distorsión’ del colombiano Juan Gabriel Vásquez (libro muy recomendable), y al hilo de unas traducciones sobre precisamente la bomba atómica, me entero de que los norteamericanos pudieron perfectamente prescindir del lanzamiento de estas, pues ya todos sabían que la rendición de Japón era inminente. He buscado en Internet (dónde si no) más información al respecto, para comprobar si J. G. Vásquez me había metido en uno de esos laberintos de ficción que tan magistralmente compone en sus novelas, una especie de distopía del horror, pues no daba crédito a lo que estaba leyendo. ¡La destrucción total de dos ciudades por el solo motivo de la disuasión! Ya había leído en la también estremecedora ‘Historia natural de la destrucción’ de W. G. Sebald cómo los bombardeos de los aliados habían tomado como objetivo 131 ciudades alemanas para lanzar indiscriminadamente su arsenal de muerte; resultado: unos seiscientos mil civiles alemanes muertos, ciudades arrasadas y millones de personas sin hogar. Y todo esto me hace recordar que en el hermoso libro ‘Los girasoles ciegos’, en su primer relato, el capitán Carlos Alegría se pasa el último día de la Guerra Civil española del bando franquista al republicano porque el vencedor no quería realmente ganar la guerra, sino aniquilar al enemigo. Ya sabemos lo que significa una guerra, lo hemos visto por desgracia demasiadas veces en la televisión, y el siglo pasado nos da ejemplos memorables de ello, desde sus inicios hasta el mismo fin de la centuria. Las bombas atómicas, como los bombardeos sobre población civil no hacen más que confirmar lo que sentía el heroico, el derrotado, el vencido capitán Alegría. Se pudieron haber evitado, se sabían perfectamente las terribles consecuencias y a pesar de ello se lanzaron.  No hay honor, no hay gloria en los vencedores, solo desolación y vergüenza. José López Romero.



PASIÓN POR LOS VIEJOS CÓMICS


Pasé una mañana entretenida. Hacía tiempo que no me marchaba de un mercadillo con la satisfacción de haber encontrado y adquirido algo interesante. En este caso algunos singulares materiales bibliográficos: dos ejemplares de Roy Rogers, un libro de la colección “Héroes” de Bruguera y por fin, quizás el que más satisfecho me había dejado, uno de los primero números de  ‘Pumby’, aquella publicación semanal que hizo las delicias de los más pequeños a mediados del pasado siglo,  generación que creció en los inicios de la televisión  y todavía alejados de la revolución que significaría la era digital. En este caso el mercadillo que había visitado era el que todos los domingos se levanta alrededor del edificio de Correos, anexo a la plaza de Las Flores de Cádiz. Ya lo conocía de alguna visita anterior, pero nunca tuve la suerte de encontrar aquel puesto abarrotado de viejos cómics, un material no precisamente fácil de encontrar, sobre todo si lo que buscamos como es mi caso, son ejemplares anteriores a los años 80 del pasado siglo.  Con este material bibliográfico ha pasado algo parecido a lo sucedido con la prensa hasta bien entrado el siglo XX. Es decir, al ser un material efímero y de rápido consumo   no se tuvo durante muchos años en cuenta la importancia de su conservación, algo que vendría mucho después. Así, de la misma manera que de históricas cabeceras de prensa es muy difícil encontrar colecciones completas, y en algunas incluso ejemplares, de estos cómics antiguos de los que les hablo y que siempre ejercieron sobre mí una especial fascinación, sucede otro tanto. Hoy día es complicado encontrar ejemplares de según qué colecciones, lo  que ha favorecido la edición de facsímiles. La búsqueda hay que realizarla más que en librerías de viejo, en colecciones de particulares que acepten el trueque, o en mercadillos. Qué duda cabe que el éxito de la actual novela gráfica ha devuelto el interés por el cómic en general, y en cierta manera por sus orígenes, y no son pocas las instituciones culturales y bibliotecas públicas las  que, a la vez que coleccionistas particulares, tratan de completar sus  escasas  colecciones para ponerlas a disposición de sus usuarios, lo que vaticinamos representará una grata sorpresa para las nuevas generaciones de lectores. Ramón Clavijo Provencio.



viernes, 31 de mayo de 2019

VOLVER POR LAS ACERAS SIN MEMORIA


Hace unas semanas se presentó en la Fundación Caballero Bonald el último libro de poemas de Pepa Caro Gamaza. Un conjunto de doce poemas más uno a modo de final, en los que Pepa recrea la personalidad y las vivencias, algunas compartidas por la propia autora, de doce mujeres. Es indisoluble en Pepa Caro dos facetas de su vida que se reflejan en su obra o, mejor dicho, son consustanciales a ella y a sus libros: su nacimiento en Arcos de la Frontera y su vocación de historiadora (es licenciada en Historia General por la UCA). Y de esos dos componentes o herencias (como los llamaría Marina: la biológica y la cultural), se nutren sus versos y su prosa; de ahí libros como ‘El exilio de Zaynab’ (prosa poética), ‘Con todo el invierno dentro’, ‘Las calles de la lluvia’, y finalmente este último titulado ‘Volver por las aceras sin memoria’, con prólogo del gran poeta también arcense Antonio Hernández. Las doce mujeres que Pepa Caro trae a sus versos son de Arcos y pueden dividirse en dos grupos: aquellas que Pepa conoció cuando ya eran mujeres adultas (Magdalena, Carmela, Jerónima, Frasquita…); y aquellas con las que compartió su infancia, adolescencia e incluso experiencias ya adultas, como la maternidad (Margarita, Mami, Laura…). Las primeras, vestidas de negro, con sus rodetes, sus canas, sus pañolones… son mujeres antiguas como sarmientos, como troncos de olivo que nos recuerdan a nuestras abuelas; las segundas, mujeres jóvenes herederas de esa tradición que va pasando de madres a hijas, de abuelas a nietas. Mujeres todas ellas abnegadas, fuertes, luchadoras, sufridas, trabajadoras de su casa, que se agrandan en las dificultades y que saben con ánimo y nobleza esperar y aceptar a la muerte, uno de los temas fundamentales del libro y que Pepa sabe describir con toda clase de imágenes. “Para que conociéramos el dolor / la muerte, el amor, la alegría”, dice uno de sus versos, y así es. ‘Volver por las aceras sin memoria’ recoge en los doce retratos de mujeres todos esos sentimientos y experiencias. El dolor por la pérdida de seres queridos (la viudez también presente en los poemas), por la pérdida prematura de Laura; y también el amor en todas sus versiones y manifestaciones: a la familia, a los hijos, a las amigas, a Dios y el amor conyugal (“…un buen día –era azul el cielo / e insolente la primavera-, / anudó la corbata / a su gentil esposo /y le dijo por primera vez / cuanto lo estaba amando / entre espadañas de Dios y campanas”). Y la alegría de los juegos infantiles, de la llegada de la Navidad, de los veranos que se acaban para “regresar a los cuadernos / o al inconfundible olor a la escuela”. Pepa Caro en la presentación y al hilo de la emotiva lectura de algunos poemas, fue desgranando la historia que se esconde en cada una de estas mujeres, historias llenas, como su verso dice, de dolor, de muerte, de amor y de alegría. Poesía de intimidad, de búsqueda de su infancia, su adolescencia, de sus raíces en esos retratos, en esas mujeres ejemplos de vida, para que a través de los versos de Pepa las aceras recobren su memoria. José López Romero.