Una biblioteca es lo más parecido a un laberinto, un laberinto lleno de libros, de mundos por descubrir.En homenaje a las bibliotecas y a la lectura , preside la cabecera de este blog un dibujo del pintor jerezano Carlos Crespo Lainez: "Noche de lectura".
LECTORES SIN REMEDIO
viernes, 21 de octubre de 2022
UNOS FRENTE A OTROS
PERSONAJES EN LA SOMBRA
No es infrecuente que se adjudique el mérito de iniciativas que luego adquieren relevancia histórica, a políticos que poco más hicieron que poner su firma al pie de un documento oficial. Hasta hace relativamente poco el origen de las Bibliotecas Populares, aquellas que fueron el germen de las redes bibliotecarias públicas de hoy en día a la que pertenecen, por ejemplo, las bibliotecas municipales, fue atribuida al impulso de ministros como Ruiz Zorrilla o José Echegaray, que al frente del ministerio de Fomento durante el “Sexenio Democrático” (1868/1874), lograron sacar adelante la Orden de septiembre de 1869 en la que se creaban las Bibliotecas Populares. Sin embargo, y como acertadamente escribe Luis García Ejarque, “…algún mérito debió corresponder, también en el parto de las Bibliotecas Populares a José Picatoste, Jefe del Negociado Primero de Instrucción Pública del Ministerio de Fomento, pero ya se sabe que en política es normal a la hora del parto, figure ya como padre otra persona distinta a aquella bajo cuya gestión se concibió la idea que luego se hizo realidad…” Pero sí, Picatoste fue el verdadero impulsor de aquella Orden ministerial, y el que luchó hasta el final para que las Bibliotecas Populares acabaran con la desigualdad en el acceso al libro en nuestro país. Al finalizar el Sexenio casi medio millar de bibliotecas fueron inscritas en el Ministerio, entre ellas la hoy Municipal de Jerez que hacía la número 155, como se recoge en la “Relación de bibliotecas populares concedidas desde el 15 de enero de 1869 al 31 de diciembre de 1880 (Imprenta Tello, Madrid, 1888). De las 154 que la precedieron muchas no llegaron a ser inauguradas y de las restantes ninguna ha llegado al día de hoy. Es por ello que podemos afirmar que la Biblioteca Municipal de Jerez es en la actualidad la única biblioteca heredera de aquella primera hornada de Bibliotecas Populares, pero también que Felipe Picatoste es uno de esos personajes en la sombra que forma parte también de su centenaria historia. Ramón Clavijo Provencio
sábado, 8 de octubre de 2022
DEL TIEMPO, PADURA Y TAMBORES LEJANOS
Dicen que con la edad la percepción del paso del tiempo cambia, y he empezado a comprobar que ello puede ser cierto, además de dejarnos una sensación incómoda en relación a hábitos como la lectura. En cierta ocasión escuchaba al periodista Iñaki Gabilondo congratularse por haber adquirido esa costumbre diaria de la lectura desde su adolescencia, aunque no sé si también le acompañará como a mí ahora, la preocupación por el tiempo, una preocupación que puede llegar a ser hasta morbosa. El otro día, mientras comenzaba la lectura de lo último de Leonardo Padura ‘Personas decentes’, la nueva aventura del singular detective cubano Mario Conde del que no tenía noticias desde ‘La trasparencia del tiempo’, pensé cuál sería mi último libro, aquel que cerrara definitivamente mi historia como lector. Pues sí, aquella idea me asaltó a traición acompañada por su cohorte de preguntas a cual más inquietante, como la de ¿quién sería el autor o autora que me acompañaría en mi última etapa de lector? o ¿terminaría ese desconocido libro antes de que el tiempo se me agotara o, en cambio, uno de esos artísticos marcapáginas de la librería “La Luna Nueva”, quedaría anclado a mitad de mi travesía lectora? Como verán, los pensamientos también se desbocan y los de aquella tarde no solo me descentraron de la lectura, sino que empezaron a inquietarme hasta el punto de que tuve que dejar a Padura para tomar una copa de un oloroso que tenía reservado para las grandes ocasiones. Luego llegó la calma, aquel oloroso sin duda hacía milagros, y me permitió volver a prestar la atención que se merecían las andanzas de Conde por La Habana y, en definitiva, disfrutar de la lectura, que es de lo que se trataba. Pero pese al oloroso, siento que el calendario sigue avanzando veloz y, como quien no quiere la cosa, me llega el sonido de tambores lejanos. No, no son los de aquella película de Raoul Walsh y sí en cambio los que anuncian la próxima Feria del Libro de Jerez. Siempre me alegra, pese a los escépticos con este tipo de eventos, el montaje de sus casetas y tenderetes que dan visibilidad al libro durante unos días, y sobre todo a los escritores, librerías y editoriales locales, lo que nunca está de más. Pero estas otras ferias locales, más allá de las que se celebran en torno al libro en Madrid y Barcelona y alguna otra gran ciudad de nuestro país, son una especie de lucha heroica contra el tiempo que ya se llevó por cierto, en el caso de Jerez, aquella entrañable feria del Libro antiguo y de ocasión que llegaba a la ciudad en la antesala de las fiestas navideñas. El tiempo de mi juventud era eterno, este que me devora ahora pasa demasiado deprisa…
Ramón Clavijo Provencio
LA WIKIPOBRE
Hoy en día entre la casta investigadora, sea del ramo que sea, citar la wikipedia es como nombrar la bicha. Da asquito y repelús. Es como si la información que encontramos en la enciclopedia de la era tecnológica fuera de segunda clase, propia de investigadores de medio pelo con ínfulas de rigor científico. Y sin embargo, no hace mucho acudíamos desesperados a la Espasa en busca del dato perdido entre el laberinto de los catálogos de archivos y bibliotecas. ¡Pero, hombre!, dirán los de la casta, ¡no compares a la wikipobre con la aristocrática Espasa! ¡Hasta en las enciclopedias ha habido y sigue habiendo clases! Bien es cierto que la wikipedia arrastra la fama de que todo el mundo, entendidos, aficionados y diletantes, pueden meter el teclado en ella, apenas sin un mínimo filtro o control de calidad; lo que en palabras más rimbombantes se denomina “la enciclopedia libre”, libre para consultar y libre para editar. Ella misma se define como “almacenamiento y transmisión de información, que puede ser editada por cualquiera y de contenido abierto”. Y quizá en esta definición estriba su valor, más el añadido de que no ocupa, como la Espasa, medio piso (y me quedo corto) de los construidos en la era de la reduflación del metro cuadrado. No pocas ventajas que, si atentos estamos al manejo y contraste del contenido que consultamos, nos facilita la investigación sin que se la menosprecie y evitamos así que la casta la mire por encima del hombro. En estos tiempos en que un simple clic nos permite acceder a toda clase de datos, despreciar cualquier fuente de información me parece ridículo y trasnochado. Y prueba de ello es que nadie quiere ahora ni regalada una enciclopedia en papel, ni las librerías de viejo. ¡Ni la Espasa! que en su momento corrió en los ya ¡antiguos! CDs. La historia no para de darnos lecciones de que a veces la pobreza es humildad, y la aristocracia termina muriendo de vanidad. ¡Hasta las enciclopedias! José López Romero.
jueves, 4 de agosto de 2022
LECTURAS PARA VERANO II
El ángel de Múnich
Fabiano
Massimi. Alfaguara, 2020
Volvemos sobre esta novela que ha tenido una gran acogida entre los lectores desde su aparición. Gira en torno al turbio, y aún envuelto en el misterio, asunto del suicidio de la sobrina del líder del partido nazi y candidato a la cancillería, Adolf Hitler, Geli Raubal. Raubal apareció muerta en 1931 con un disparo en el pecho, en su habitación del apartamento propiedad de Hitler en Múnich, suceso sobre el que el autor hurga de manera convincente sustentándose en un importante corpus documental. El resultado es una novela fascinante donde los protagonistas, inspirados en personajes reales, son los policías Siegfried Sauer y Mutti Foster, que intentan dar más luz a un suceso que pudo cambiar el curso de la historia. R.C.P
El
quinteto de Nagasaki
Aki Shimazaki. Lumen, 2018.
Como
bien se dice: “conocido el método…” Frase que se les puede aplicar literalmente
a las dos novelas iniciales de esta escritora de origen japonés pero afincada
en Canadá. ‘El quinteto de Nagasaki’ tiene los mismos ingredientes que la
segunda, ‘El corazón de Yamato’: el mismo estilo intimista, en el que las
flores y las libélulas juegan un papel importante, y la misma estructura, un
entramado de vidas que Shimazaki, con gran maestría, sabe conducir a lo largo
de relatos que tienen como protagonistas a personajes ya conocidos en los
capítulos anteriores. En este caso, podemos destacar a Mariko Kanazawa y su
hijo Yukio, en torno a los cuales giran los demás, entre los que podemos citar
a su amante y padre de su hijo, el doctor Horibe, su hija Yukiko, y el marido
de Mariko, el señor Takahashi. Y dos acontecimientos históricos: el terremoto
de 1923 y la bomba atómica sobre Nagasaki en 1945. J.L.R.
martes, 19 de julio de 2022
LECTURAS PARA VERANO I
El jardín de vidrio
Tatiana
Tibuleac. Impedimenta, 2021.
Después
de su deslumbrante ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’ esperábamos
con expectación y, a la vez, con cierto temor la nueva novela de esta escritora
moldava (Chisináu, 1978) a la que nos atreveríamos a considerar una de las
grandes escritoras de este siglo XXI. Con expectación porque ‘El verano…’ nos
había dejado con muchas ganas de seguir leyendo a Tibuleac, pero también con
temor por pensar que esta nueva entrega no estaría a la altura de la primera. Y
aunque igualar (nunca superar) a la anterior, ya era tarea difícil, ‘El jardín
de vidrio’ no defrauda en absoluto. La historia de Lastochka, la
niña que compra Tamara Pavlovna a un orfanato para que le ayude a recoger
botellas de vidrio repartidas por toda la ciudad se convierte en un relato
estremecedor que tiene como narradora a la protagonista ya adulta. El mejor
elogio: no desmerece de aquel ‘verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’.
J.L.R.
Demasiados cocineros
Rex Stout. Navona Negra, 2018
El apasionamiento por la novela
policiaca o negra está logrando también rescatar del olvido la obra de algunos
autores notables del género. Siruela, Gatopardo, Impedimenta o Navona son
algunas de las editoriales que están apostando por ello desde hace algún
tiempo, lo que está permitiendo que muchos lectores descubran personajes tan
singulares como el detective Nero Wolfe. La gran “humanidad” de Wolfe, con más
de 100 kilos de peso, le hace moverse poco de su casa mientras Archie, su secretario, es la parte
activa que le consigue la información necesaria para resolver los casos en los
que se ve implicado. En esta novela, Wolfe sí saldrá de su apartamento
neoyorkino para impartir una charla, como gran gastrónomo, en una convención
internacional donde aparecerá muerto uno de los grandes chefs asistentes.
R.C.P.
lunes, 20 de junio de 2022
CASTIGO
“Hoy se cumplen (21 de octubre) doscientos ochenta y siete años que tuvo lugar en Madrid, un hecho que me place ahora recordar, por lo que fuere. Un hombre que había sido el favorito de un rey y el magnate más notorio de su tierra fue condenado a «morir degollado en cadalso por la garganta». Hablo del muy poderoso señor D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias [en la imagen], cuyo aniversario necrológico celebra hoy la iglesia, no sé bien si con Tedeums o Misereres… Uno de los cargos principales acumulados contra D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y ex secretario de Cámara, fue el «haber hecho sobre su corto patrimonio una opulenta fortuna». Pero, ya queda dicho, del trágico acontecimiento van transcurridos centenares de años, y centenares de ministros, no menos venales que D. Rodrigo Calderón, han hundido sus manos avarientas en las arcas del Tesoro, sin que hayan sido segadas jamás”. Así contaba el gran bohemio Alejandro Sawa en su magnífico libro ‘Iluminaciones en la sombra’ la suerte de este personaje que, efectivamente, murió degollado, como correspondía a un noble, en la plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621, recién iniciado el reinado de Felipe IV. Y no menos cierta es la opinión o lamento del ilustre escritor, muerto él mismo en la más absoluta pobreza, de que ya han pasado por la historia de este país no cientos, sino miles de ministros y personajes políticos de diverso pelaje y de la peor estofa que se han llenado los bolsillos, “han hundido sus manos avarientas en las arcas del Tesoro” y aquí no ha pasado nada. Nada más que con la historia más reciente, la de nuestra democracia, se podría haber inundado de sangre varias veces la plaza Mayor, si la Historia, como se lamenta Sawa, no nos diera con el famoso marqués lecciones vanas de ejemplaridad. En estos días en que se debate tanto entre lo legal y lo moral, ético e incluso estético, que algunos han llegado a esgrimir, lo cierto es que, como todos sabemos, lo legal lo deciden las leyes y quienes tienen que administrarlas, con lo que ya empezamos con los problemas, porque en este país la aplicación de las leyes deja mucho que desear; y sobre lo moral, ético o estético algunos opinan que cada ciudadano tiene su propio y particular concepto de ello. Y es posible que así sea, porque siendo legal un buen negocio nuestra moral, ética o estética es inversamente proporcional al volumen de nuestros bolsillos. No acudamos al tópico ya manido de que todos tenemos un precio, cambiemos “precio” por “dignidad”; y si esta no fuera suficiente, cambiémosla a su vez por “fama” u “honra”, aquella que daba o quitaba la pública opinión. Y hoy son los medios de comunicación los que se han apropiado de esa “pública opinión” y, en esto, como en las leyes, ya empezamos con los problemas. ¡Qué razón tenía Sawa! José López Romero.
CÉSAR

El primer
libro en el que descubrí a Julio César, un poco antes de recibir aquellas
clases de latín de la gran Pilar Cortiles, fue la mediocre biografía titulada ‘Julio
César’ de Enrico Farinacci, publicada en la editorial Bruguera en su mítica
colección de novelas gráficas, en la que muchos empezamos a descubrir el placer
de la lectura. Algún tiempo después me enteraba de que el tal Farinacci no era
sino uno de los muchos pseudónimos que utilizaba Enrique Fariñas, uno de tantos
de aquellos olvidados escritores que a lo largo de los años 60 tocaban todos
los palos literarios, para cubrir los encargos de las editoriales sacrificando
vocación por subsistencia. Creo, sin embargo, que aquella más que discreta biografía de
César es la responsable de mi posterior interés y fascinación por el personaje
histórico. En este ya largo recorrido como lector me he encontrado, como podrán
suponer de todo, desde grandes libros (‘César’. Adrian Goldsworthy) hasta
textos infames. Curiosidades que captaron mi atención en su momento como aquella
biografía novelada, ‘El Joven César’ de Rex Warner, luego continuada en ‘César
Imperial’ (ambas en Edhasa), hasta ese ‘César Imperator’ (Planeta) del admirado
Max Gallo que tan buenos ratos de lectura me proporcionó. Pero con lo que no me había topado en todos estos años
es con la coincidencia en el tiempo de la publicación de tres apuestas, a cual
más ambiciosa, en torno a este personaje al que dedicamos estas líneas, lo que
aparte de la curiosidad dibuja una batalla bibliográfica donde también habrá
vencedores y vencidos. Como ya habrán adivinado me refiero al libro ‘Roma soy
yo’ (Ediciones B), primero de una serie de seis firmado por el popular Santiago
Posteguillo. A la mencionada aproximación novelada del español le ha salido un
competidor en el libro de Andrea Frediani titulado ‘La sombra de Julio César’
(Espasa), que parece también será el primero de otra serie. Y por fin el ensayo
histórico de Patricia Southern ‘Julio César’ (Desperta Ferro), libro este
último por el que he comenzado el reto lanzado a los lectores y que presumo me
va a tener entretenido por un tiempo. Ramón Clavijo Provencio








