LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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miércoles, 20 de mayo de 2009

Cine


Creo que fue mi amigo y compañero Carlos Rigual por aquellos años del Instituto Asta Regia (de gratísimo recuerdo), quien me dijo la siguiente frase que él mismo había oído: “de una mala novela se puede hacer una buena película, y viceversa: de una buena novela se puede hacer una mala película”. Y así es realmente la historia de las relaciones que, como los matrimonios, han mantenido siempre el cine y la literatura: buenos y malos momentos por igual. Desde el amor hasta la pasión, desde el odio hasta el rencor. Para Juan Marsé su matrimonio con el cine tiene más de lo segundo que de lo primero; nunca se ha cansado de decir que sus novelas no han tenido suerte cuando se han pasado a la pantalla; y eso le ha llevado a la conclusión de que “el problema del cine español no es la piratería, sino la falta de talento”; una afirmación realmente dura y que muestra a las claras su decepción. Y quizá haya que darle la razón al flamante Premio Cervantes porque honrosas por escasas son las excepciones que ahora se nos vienen a la cabeza de películas españolas que, tomando como guión alguna obra literaria, merece la pena verse, aun participando en aquél el autor de ésta. En cambio, mucho mejores son las adaptaciones para la televisión que se han hecho de algunas de nuestras emblemáticas novelas del XIX: La Regenta, Fortunata y Jacinta, Cañas y barro, o incluso Los gozos y las sombras de G. Torrente Ballester. Parece que la televisión, por su posibilidad de convertir una novela en serie, es un medio que se acomoda mejor a la literatura; como pasa con el teatro y aquel añorado programa “Estudio 1”, donde buena parte de muchas generaciones pudimos disfrutar y conocer lo mejor del teatro tanto nacional como extranjero de todos los tiempos. En esto del cine, la televisión y la literatura, quizá los ingleses sean un referente en el que deberíamos mirarnos y aprender. Ahí están series como Yo, Claudio y, sobre todo, las versiones que de las obras de Shakespeare ya hiciera (muchas en blanco y negro) sir Laurence Olivier y, más moderno, el magnífico actor y director Kenneth Branagh, que deberían ser modelos para nuestros directores de cine. En este sentido, guardo como oro en paño en cinta de vídeo su película Enrique V, que me hizo comprar el drama de Shakespeare sólo para poder leer y releer el emotivo discurso o arenga que el rey le dirige a su menguado y exhausto ejército inglés antes de la batalla de Agincourt. ¿Falta de talento de nuestro cine? Salvando excepciones, ya digo, incluso cuando han versionado clásicos, el resultado no ha podido ser más horrible, y ahí están El libro de buen amor, La Celestina o La lozana andaluza para no desmentirme. Nada que ver con los ingleses. Y ya que hablamos de cine español, valga un ejemplo de bodrio; el otro día me castigué con una película titulada Fuera de carta, realizada a la mayor gloria de Javier Cámara. Si ése puede ser el modelo de comedia o cine, en general, que se hace en España, no dudo lo más mínimo que esté en crisis. Si en la esfera internacional, nuestros más célebres representantes son actualmente Almodóvar y sus chicas y chicos, cuando no hace mucho eran Buñuel, Saura, Paco Rabal, Fernando Fernán Gómez e incluso Alfredo Landa en su espectacular madurez, no me extraña que se dude del talento de nuestro cine. Ni talento, ni color. José López Romero.

Máquinas


“¿Pero no estamos hablando que el libro en papel está condenado a desaparecer?” Me pregunta Atanasio, mientras hojea la prensa local entre el penetrante olor a café del “San Pedro “. Y es que le ha llamado la atención esa noticia que da cuenta de una máquina expendedora de libros (Espresso Book Machine). Sí, sí, como lo oyen…Se elige entre un amplísimo catálogo de libros que oferta el artilugio (400.000), y una vez que nos hayamos decidido, le damos a un botoncito y en breves instantes tenemos el libro como recién salido de la imprenta, incluso con su embalaje de plástico protector. “Por lo visto, vuelve a comentar la noticia en voz alta Atanasio, el éxito de la máquina es arrollador, y la librería donde está instalada en Londres, no da abasto. ¿Pero cómo se explica esto, Ramón?” La verdad, le respondo, es que no lo sé; me parece una especie de paradoja esto de que llevemos décadas hablando de que el libro tradicional desaparece (incluso estos meses son noticia la aparición de nuevos modelos de libros electrónicos), y sin embargo aparece esta máquina que expide al instante el libro en papel que queramos, incluido libros descatalogados desde hace décadas (una de sus evidentes ventajas), y arrasa. Atanasio deja el periódico y parece olvidarse de su efímera curiosidad cultural para concentrarse en el bocata de tortilla que le acaban de traer; yo, mientras, le doy un sorbo al buen café de este acogedor bar, y pienso en la evidente influencia de las nuevas tecnologías sobre muchos de nuestros hábitos. Por ejemplo, cómo gracias a ésta podemos decir que se ha recuperado el género epistolar, aunque por otro lado el correo electrónico esté significando que la carta en papel, esté condenada a la desaparición definitiva. Pero no siempre la implantación de algo nuevo tiene que llevar a la desaparición de lo anterior. En el caso del libro más parece que vayamos a una coexistencia entre nuevos y viejos formatos, ello explicaría el éxito de nuevas técnicas aplicadas a la edición del libro en papel (la nueva máquina londinense), sin que por ello se deje de avanzar en la comodidad y prestaciones de los nuevos modelos de libros electrónicos. Ramón Clavijo Provencio.