LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.
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viernes, 13 de octubre de 2017

VUELTA A LA REALIDAD

Una vez pasado el estío con su efecto adormecedor, o como mi amigo Atanasio dice “la estación mágica que parece detener el tiempo” – nos volvemos a topar con la realidad cultural en torno al libro y observamos con preocupación que todo sigue igual o casi. Para evitar el desasosiego busco como cualquier lector que se precie, libros notables  a los que nos podamos subir para evadirnos en este retorno –  acabo de iniciar la lectura de 4,3,2,1  de Auster, y  otros como “Berta Isla” de Javier Marías, o La “Mirada de los peces” de Víctor del Árbol  esperan turno-.  Pero volviendo a la realidad, lo  cierto es que brillan por su ausencia las iniciativas culturales en torno al mundo del libro que atraigan nuestra atención, pero sobre todo que nos ilusionen. Y me refiero a las planteadas como proyectos estables y de futuro. Por otro lado los libros siguen siendo muy caros. La lectura siempre ha sido un placer caro, que como todos los placeres tiene un costo material para disfrutarlo. Lo curioso es que pese a todas las herramientas que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance, como es el caso de los libros digitales, lo siga siendo, incluso estos últimos lo son, propiciando que la puerta del pirateo sigue entornada como una tentación para los que por distintas razones no pueden o no quieren pagar  el “vicio”. Todo esto va sucediendo ante la desesperación de los intermediarios naturales, las librerías, que resisten como pueden en un paisaje tremendamente hostil, y donde los autores  pierden el control de sus creaciones apenas las entregan a los editores. La solución no parece fácil.  Sí, es cierto, la industria editorial española sigue siendo muy potente, pero tras las bambalinas se puede  atisbar un coloso con los pies de barro, además de la paradoja de una oferta editorial no acorde con los modestos índices de lectura del país. ¿Y las bibliotecas públicas? Pues si a finales de los años 80 del pasado siglo resurgieron, creándose nuevos equipamientos, adaptándose a las nuevas herramientas que proporcionaba la sociedad de la información y  ofreciendo un nivel de servicios y fondos bibliográficos nunca vistos, hoy siguen sufriendo los efectos de la crisis, que en  el ámbito bibliotecario ha sido devastador: reducción de servicios, recortes de medios materiales y humanos cuando no cierre de muchos centros. Les decía que volvemos a la cruda realidad, que en el caso del mundo del libro en nuestro país, son políticas cortoplacistas que miran más al espectáculo que a las auténticas necesidades. Llamar más la atención que solucionar los problemas de la sociedad, paradójicamente cada vez más necesitada de información. El paisaje vuelve a ser el mismo tras el estío, y solo nos queda la esperanza un año más de que algunos libros notables me evadan de esta realidad tan prosaica y miope. (Ilustración de Edward Hopper, 1952). RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO    

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El matrimonio formado por Theobald y Luise llegan a casa. A ella se le han caído las bragas en plena calle hasta asomar por las faldas, lo que ha provocado un considerable revuelo. El marido no puede estar más disgustado, no por la honestidad de su mujer, sino porque el suceso puede acarrearles el desprestigio social y con este la ruina económica, más cuando él es un modesto funcionario y, al parecer, el emperador se hallaba cerca de allí. La golpea con el bastón y la insulta: “Tengo la culpa de tener una mujer así, una puerca, una fulana, una lunática”. Pero aquí no queda la cosa. Los insultos y desprecios que Theobald le dirige a su esposa son continuos a lo largo de esta obra, ‘Las bragas’, del escritor alemán Carl Sternheim (reseñada en esta página). ¿Qué se puede esperar de un individuo que confiesa hasta con orgullo que no lee nada en absoluto, que apenas piensa y que no conoce a Shakespeare y muy superficialmente a Goethe? Y él mismo declara que su filosofía de vida es tan cómoda como primitiva: “Mi vida va a durar setenta años. Ciñéndome a mi conciencia adquirida, en ese lapso de tiempo puedo disfrutar a mi manera de algunas cosas. Si quisiera para mí un pensamiento más elevado… en mi difícil condición intelectual apenas habría conseguido interiorizarlo en cien años”. Una aclaración muy pertinente: Sternheim escribió ‘Las bragas’ a principios del siglo XX. Y sin embargo, ¡cúantos Theobald siguen existiendo repartidos por el mundo! Especímenes que se regodean en su primitivismo (Theobald alardea incluso de su fuerza física), más cercano a la prehistoria de la humanidad: comer, beber, dormir y marcar territorio. Pero a los Theobald se les ve venir. Mucho peores son los “tartufos” que bajo el aspecto del manso, del hombre de pensamientos elevados esconden su verdadera naturaleza: la del violento, la del maltratador. No hay día en que la fatídica estadística no aumente con una víctima más de este terrible mal. Hace más de un siglo que Sternheim escribió su obra, ¡qué poco hemos aprendido!. José López Romero.