LECTORES SIN REMEDIO

Este blog tiene su origen en la página semanal de libros de "Diario de Jerez", "lectores sin remedio", que llevamos escribiendo desde el año 2007. Aunque el blog no es necesariamente una copia de la mencionada página, en él se podrán leer artículos que aparecen en ella. Pero el blog, por supuesto, pretende ser algo más... Los responsables son los dos lectores sin remedio, de los que facilitamos la siguiente información: Ramón Clavijo es Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y es actualmente Técnico Superior Bibliotecario del Ayto. de Jerez de la Frontera. Está especializado en fondos bibliográficos patrimoniales. José López Romero es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y actualmente es Catedrático de Lengua y Literatura en el I.E.S. Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera. Especializado en la literatura dialógica del s. XVI y en la novela del s. XIX.

sábado, 1 de noviembre de 2014

CALLAR A TIEMPO

Los hay que hacen de la literatura un medio de vida, y muchos que siguen intentando vivir de ella; los hay también que convierten su  vida en literatura, a veces de ciencia ficción, otras de terror; pero también los hay que hacen de la literatura su vida, y la viven con la pasión y el dolor, con la felicidad y la desgracia, con la alegría y la tristeza que nos proporciona el mismo hecho de vivir. A este pequeño y admirable grupo de escritores pertenece Mauricio Gil Cano. El conocimiento de años de Mauricio y su obra, sobre todo poética, dan testimonio de lo que acabo de escribir. Un testimonio que el lector que se acerque a sus poemarios comprobará sin duda, desde  su 19 sonetos y un canto a Venecia, pasando por Declaración de un vencido hasta llegar a la última entrega Callar a tiempo (Ediciones En Huida), sin olvidarnos de la labor que durante años ha ido desarrollando en los distintos medios de comunicación como crítico, y como coordinador y director de diferentes y variadas propuestas literarias (taller de creación literaria en la Fundación Caballero Bonald; director de la colección de poesía “Hojas de bohemia”), que representan una importante contribución al panorama cultural de nuestra ciudad. Unidas, así pues, literatura y vida, Callar a tiempo es la crónica de las últimas páginas de ese libro vital de Mauricio Gil Cano; crónica de un vivir en el que no falta ningún elemento, ni sentimiento, ni actitud que a un hombre le pueda ser ajeno: la pasión amorosa (el soneto en alejandrinos “Tú sabes”), pero también el anhelo del otro (“La espera”, dedicado a Carmen); el compromiso del hombre con su tiempo y su destino (su inicial “Para aprender vinimos”), o con el prójimo (“Symposion”); la relación del hombre con un dios que es sacrificio, muerte, resurrección, salvación de ahí los versos dedicados a Cristo (“Calvario”, “Dios agonizante”, “Spe Salvi”); el dolor de la creación literaria (“Yo”; “Callar a tiempo” que le da título al conjunto); pero sobre todo la concepción del hombre como náufrago o ángel caído pero “definitivamente humano”, porque los poemas de Mauricio son miradas hacia el interior en un permanente buscarse y comprenderse, entender en definitiva a un yo en conflicto dialéctico consigo mismo. Se cierra el poemario con un apartado de “Homenajes”, en los que destaca el poema dedicado a su madre y a poetas como Miguel Hernández o Jaime Jaramillo Escobar de los que celebra su compromiso vital. Por los poemas transitan referencias, versos, citas de Cernuda, de Juan de la Cruz (sobre todo), de Blas de Otero, Borges y de tantos otros que forman ese conjunto de fuentes literarias de las que Mauricio sabe coger la mejor lección: “para saber que somos lo que fuimos / y seremos aún y algún día sabremos / quizá que habremos sido”. José López Romero.

sábado, 25 de octubre de 2014

ARRANCAR

Una de las primeras escenas de la célebre El club de los poetas muertos (cursi película) y que asombra a pupilos y espectadores por lo que supone de iconoclasia, es el arranque tan colectivo como festivo de las páginas de un libro. Una carta de presentación del nuevo profesor ante sus alumnos que, salvadas las tímidas reticencias de los más empollones, termina por ganarse a todos, incluido el patio de butacas. Porque a pesar del acto de lesa bibliofilia, de atentado contra la cultura, al fin y al cabo no deja de ser un acto de destrucción, de mutilación de un libro, ¿a quién no le han entrado ganas (¡y no digamos escolares y sus horribles libros de texto!)  de cometer este pecado inconfesable y, por ello, de difícil perdón y, por tanto, de ninguna penitencia, aunque ya se me ocurrirá algo. Y todo esto viene al caso porque leyendo El sueño del Rey Rojo. Lecturas y relecturas sobre la palabra y el mundo, de mi admirado Alberto Manguel (libro del que no arrancaría ni una letra, dicho sea de paso), me encuentro con la anécdota del moralista decimonónico Joseph Joubert quien, según Chateaubriand, “cuando leía arrancaba las páginas que no le gustaban, logrando así una biblioteca enteramente a su gusto, compuesta de libros huecos en tapas que les quedaban grandes”. Los que decidimos hace tiempo unir nuestro destino a la literatura, a los libros en general, como un bien tan preciado como necesario para considerarnos ciudadanos con derecho a voto, arrancar aunque solo sea una página de un libro, por muy infame que esta sea, no podríamos entenderlo si no es como un acto de cobardía ante el propio libro, por su indefensión, y ante el mismo autor, al que ni siquiera le concedemos el derecho a defender su obra. Antes que la mutilación, cierro el libro y ya buscaré en mi agenda de direcciones a quién se lo regalo. José López Romero.

 

DÍAZ OLANO EN LA BIBLIOTECA

Las bibliotecas públicas son una fuente inagotable de sorpresas. Si es una fundada en 1873, las probabilidades aumentan. Y si el bibliófilo José Soto Molina ha sido generoso benefactor, las sorpresas agradables son casi diarias. Es lo que le ocurre a la Central de Jerez. Nos preguntamos cómo llegaría a manos de don José Soto un cuaderno “de campo” plagado de dibujos y bocetos de indudable calidad, y donde las únicas pistas para identificar al autor eran una firma (I. Diaz) y una dedicatoria (“Mis apuntes a mi discípula P. Manso”). Una página de Internet (¡bendito Internet!) nos aclaró que había un pintor llamado Ignacio Díaz Olano (Vitoria, 1860-1937): la firma de sus cuadros era idéntica a la de nuestro cuaderno. Dado que la mayoría de su producción se encontraba en el Museo de Bellas Artes de Álava, mandamos un fichero gráfico: nos confirmaron el nombre de Olano, nos informaron de que el cuaderno pertenecería (por la firma) a su primera etapa y se mostraron muy interesados en la persona objeto de la dedicatoria, de la que tampoco nosotros teníamos referencia alguna. La Espasa recoge su entrada en el suplemento de 1931, pero la información más detallada sobre el vitoriano (a falta de consultar la obra de Santiago Arcediano Salazar), la hemos hallado en una página web llamada “ForoXerbar”. Estuvo becado por el Ayuntamiento de su ciudad, y pudo llevar a buen puerto sus aficiones artísticas gracias al mecenazgo de su amigo Felipe Arrieta, pues aparte de la venta de sus cuadros, lo que llamamos “sueldo fijo” no lo tendría hasta 1901, cuando empieza a dar clases en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria. Pudo formarse en Italia, y a su vuelta participa en varias exposiciones nacionales, obteniendo premios en las de 1895, 1899 y 1901. Su estudio, que montó en la calle Florida de su localidad, bien podría parecerse al dibujo que ilustra este artículo, sacado del referido “cuaderno”. Centrado en el retrato, las costumbres, los bodegones y los paisajes, tan solo protagonizó dos exposiciones en solitario: la de la Sala Delclaux de Bilbao en 1910, y la de la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria en 1925. Pero también fue docente, como dijimos, ocupando plaza en la Escuela mencionada desde 1901, plaza de la que no se llegó a jubilar, e impartiendo clases de dibujo en el Instituto de Segunda Enseñanza desde 1912 a 1932. Claro que también parece que se dedicaba a enseñar por su cuenta, a juzgar por la dedicatoria de nuestro cuaderno, que sería el tesoro de la tal P. Manso hasta pasar a manos del bibliófilo, paso previo para que hoy día se conserve en nuestra Biblioteca Municipal. NATALIO BENITEZ RAGEL/ RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO 

sábado, 18 de octubre de 2014

LA GRAN LITERATURA

La ya larga experiencia como lector si  algo me ha enseñado a lo largo de los años, es que la búsqueda premeditada de un buen libro nunca da los resultados esperados, y  que como las esquivas fuentes del Nilo para los exploradores europeos del XIX,  toparnos con un buen libro hoy en día es más producto de la casualidad o la suerte que de otra cosa. Es este el primer libro que leo de Pierre Lemaitre del que ignoraba hasta ahora todo,  y del que tras la lectura de su novela, me ha entrado un deseo irrefrenable de conocer  su desconocido recorrido literario, así como esperar con paciencia su nueva novela.  Y es que tras la lectura de esas casi quinientas páginas de este “Nos vemos allá arriba”, no puedo  sino confesar que he vuelto a tropezarme por casualidad con una gran historia. Una historia en la que la realidad y la ficción se mezclan con sabiduría presentándonos un relato coral, donde serán precisamente los personajes que la habitan los que finalmente hagan de esta novela del hasta ahora para mi desconocido escritor francés, un libro fascinante. Un hecho históricamente contrastado como fue el escándalo que estalló tras la Primera Guerra Mundial en Francia,  al descubrirse un oscuro negocio tras las exhumaciones de los militares caídos en la contienda en territorio galo, es el núcleo en torno al cual el autor va descubriéndonos las andanzas de tres  supervivientes de la misma en el París de la postguerra. El soldado Albert Maillard, pusilánime pero afortunado, al que otro soldado,  Edouard Péricot, salva la vida al precio de perder parte de su rostro, lo que a partir de ese momento, como se podrá suponer le cambia la vida, ocultando sus mutilaciones tras variadas máscaras que crea con la ayuda de una pequeña. Por fin  el teniente Aulnay-Pradelle, despiadado, corrupto y ansioso de recuperar el perdido esplendor del linaje familiar cueste lo que cueste, y cuyas acciones marcan el destino de Albert y Edouard.  Protagonistas estos últimos, rodeados de personajes secundarios no menos fascinantes, Joseph Merlin –todo un descubrimiento para el lector-, o Marcel Péricourt, padre de Edouard, difíciles de olvidar.  Un libro este, que como ya sucediera con otros no muy lejanos en el tiempo, como “El Mapa y el Territorio” de Houllebecq o  “Intemperie” de Jesús Carrasco,  desdicen a aquellos que opinan que hoy la gran literatura ya no existe. RAMÓN CLAVIJO PROVENCIO

GENERACIONES

Hace ya unos meses presentó Luis García Montero su última novela titulada “Alguien dice tu nombre” en nuestra ciudad. Y tanto la presentadora, Mamen Ramírez (magnífica su intervención), como después el propio poeta-novelista insistieron en las mismas claves e intención de la novela: un retrato de la España de la década de los años 60, en el que García Montero ha querido analizar y explicarse aquella sociedad que no lograba desembarazarse de la dictadura de Franco, pero que se enfrentaba a un futuro no muy lejano con ilusión y  expectativas renovadas porque algo estaba ya cambiando. Una época, los 60, marcada por la venta a plazos, los primeros televisores, los primeros coches pequeños pero familiares, acontecimientos todos estos que a muchos, incluido García Montero, nos cogió con una edad en la que no podíamos darnos cuenta de lo que ellos suponían, pero que veíamos en nuestros padres y en nuestras propias casas. De ahí que García Montero destacase en su intervención la figura paterna y la educación y respeto que las familias intentaban inculcar a sus hijos. Y con el correr de los años, y el paso de la infancia a la adolescencia, de la que también habló el escritor, las aficiones comunes, y sobre todo las inquietudes, las culturales, las sociales pero también las políticas, que se reflejan de forma tan trascendente en la novela. Todo el público que llenaba por completo el hermoso patio donde se celebraba la presentación se veía reflejado en las palabras de García Montero, porque a casi todos nos cogió por aquellos grises años de los 60 entre la infancia y la adolescencia y porque en la década siguiente vivimos con la intensidad que esa edad requiere aquellas inquietudes culturales y políticas. Las palabras de García Montero no hicieron más que recordarnos algo ya vivido. ¿Y la juventud de ahora? ¿qué hemos hecho mal cuando ni se acercan a escuchar a García Montero? José López Romero.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Hemeroteca Digital


HACE algunos días nos desayunábamos con unas declaraciones de un político local en la prensa, denunciando lo que él creía inexistencia - y consiguiente reivindicación - de una hemeroteca digital en la Biblioteca Municipal de Jerez. Si somos sinceros, el asunto nos causó sorpresa, y eso que a estas alturas de nuestras vidas profesionales el sentido de la sorpresa creo que lo estamos perdiendo, como el pelo. Siempre hemos creído, resignadamente, que las cuestiones relativas a la lectura, y por tanto al libro y a las bibliotecas, es uno de esos temas -como la política o la religión- sobre el que cualquiera se siente capacitado para opinar, y este caso, la afirmación de la inexistencia de una Hemeroteca digital, podría ser uno de ellos. Pero la rotundidad de las opiniones del mencionado político sobre algo tan especifico, la verdad, eran para sorprender incluso a escépticos redomados como nosotros. Pero vayamos al grano y puntualicemos. Desde 2007 (siete años ha) la Biblioteca Municipal tiene una Hemeroteca Digital, pues la firma de convenios con los departamentos de Cultura de Ministerio y Consejería autonómica, posibilitó que a partir de ese año se pudiera consultar digitalmente la colección completa del periódico El Guadalete -1852/1936-, referente del periodismo local. A partir de esa fecha, la web de la Red de Bibliotecas, gestionada por el segundo de los bibliotecarios abajo firmantes, abría una ventana con el material hemerográfico digitalizado. Comenzó a gestarse la Hemeroteca Digital, esa que no existe para el político y que puede consultarse desde hace más de un lustro en una sencilla dirección electrónica: http://www.jerez.es/biblioteca. En el menú desplegable de nuestra web encontramos el apartado 'Biblioteca Digital' dentro de 'Zona multimedia', y en el menú 'Catálogo' varios periódicos locales digitalizados. Así de fácil. Desde entonces, hemos seguido digitalizando otros ejemplares de prensa local, como 'El Martillo' o 'El Progreso'. Existen repositorios (archivos) de prensa digital, así como de libros digitalizados en la biblioteca Municipal de Jerez. Hace un par de años la editorial Extramuros finalizaba la digitalización, previa firma de otro convenio con el Ayuntamiento de Jerez, de cerca de quinientos ejemplares de su fondo bibliográfico antiguo, libros de los que existe copia digital y alguno de ellos colgados en la página web de la propia biblioteca, dentro del mencionado apartado 'Biblioteca Digital'. Conclusión: ¿se puede avanzar más en este proceso? Por supuesto. Como en todo, los medios humanos y económicos disponibles son los que determinarán el mayor o menor avance de algo tan arduo como la digitalización hemerográfica, y que en muchos casos requiere la colaboración de varias instituciones para afrontarla. Todo es discutible y criticable, y en el caso que nos ocupa se puede entender -por las razones que sean- que el nivel o ritmo de digitalización de una determinada institución sea o no el adecuado. Ahora bien, lo que no se puede es negar la evidencia por desinformación, afirmando que no existe una hemeroteca digital que lleva siete años funcionando. Ramón Clavijo Provencio/ Natalio Benitez Ragel

viernes, 22 de agosto de 2014

LIBROS PARA EL FINAL DEL VERANO

Londres después de medianoche

Augusto Cruz. Seix Barral, 2014


No puedo disimular mi satisfacción tras leer este libro.  Ha sido para mí toda una sorpresa, teniendo en cuenta que no tenía referencias del autor. Pero lo cierto es que me he divertido de principio a fin  con  esta novela llena de momentos impactantes, tensión y un sabio equilibrio entre hechos reales y ficción, que dan una fuerza inusitada al relato. Todo parte de un dato real: la desaparición de la última copia de la primera película americana de vampiros Londres después de medianoche. Forrest Ackerman, conocido coleccionista, decide contratar al detective Mc Kenzie para dar con la copia. De la película  se dice que actuaron auténticos vampiros y que tras su rodaje todos los relacionado con ella sufrieron alguna desgracia: actores que desaparecen, cines que se incendian…Con un respaldo documental notable e incrustando anécdotas reales en la narración el autor ha logrado un resultado sorprendente. R.C.P.

The monuments men

Robert M. Edsel. Destino, 2013

Resulta curioso que este libro  haya conservado su título original en inglés, también el que tras leerlo nos demos cuenta de que supera con creces la versión cinematográfica del mismo, pese a que sea esta la culpable de que muchos se acerquen a un texto que de otra manera les hubiera pasado desapercibido, al no adquirir la relevancia que está teniendo tras ella. Sigue la estela de aquel otro – excepcional- titulado El saqueo de Europa de Lynn H. Nicholas. Los hombres de los monumentos es un pequeño batallón que hacia el final de la II Guerra Mundial, trata de salvar piezas de arte robadas y en poder de los nazis. La concienciación por el patrimonio es uno de los grandes temas que planea en estas páginas,  en un tiempo donde todos los recursos estaban puestos en el frente que era lo prioritario. Interesante relato donde se narra otra guerra: unos tratando de robar y otros intentando  salvar lo robado. R.C.P.



Sueño del origen

Eloy Sánchez Rosillo. Tusquets, 2011.

Sin duda Eloy Sánchez Rosillo es una de las grandes voces de nuestra poesía actual. Poeta y profesor de la Universidad de Murcia, en plena madurez profesional y, sobre todo, literaria, y al margen de corrientes y modas, ha sabido en su ya prolífica obra lírica (ocho libros en total) acuñar un estilo personal y reconocible, como personal y reconocibles son los temas y los motivos que va desgranando en sus versos, en los que combina el tono elegíaco del paso del tiempo con un optimismo que se deja notar en la celebración de la vida y en la aceptación de los límites de lo humano. Los días tristes llenos de melancolía se mezclan con la presencia de los seres queridos, los recuerdos y los sueños, de la belleza y de la alegría, de una vida que, en definitiva, quiere vivirse sin temor a la muerte. En “Sueño del origen” reconocemos a la mejor poesía española, esa que no ha perdido lustre y vigor gracias a poetas como Sánchez Rosillo. J.L.R.

lunes, 21 de julio de 2014


EN BUSCA DEL LIBRO DESEADO

Para muchos el verano es la época en  la que tímidamente retoman el hábito de la lectura, aquel que casi han perdido a lo largo de los años. Y entre las múltiples tareas que se imponen para llenar  el tiempo de ocio,  una de ellas es  disfrutar con un buen libro a ser posible tendido en una playa remota o al borde de una tranquila  piscina, o simplemente dejando pasar la tarde al fresco en un pequeño patio o sombreado balcón, entretenido entre sus páginas. Pero luego viene la duda y la angustia de si encontraremos el libro, o los libros -para los más osados- adecuados. Y así son muchos lo que  se pasarán el verano tratando de encontrarlo, y mientras los días van quedando atrás crecerá su angustia al comprobar que de todo lo que se proponían hacer al inicio del estío,  cabe la posibilidad de que  no encuentren el libro con el que recuerden este nuevo verano. Yo no sé si  es tanta la oferta que se abre ante nuestros ojos, y por tantos medios distintos,  que encontrar algún libro que nos atrape -como un tesoro en una isla inexplorada- es mucho pedir. Pero lo que les puedo asegurar es que en  estas semanas que llevamos de este verano de 2014, y séptimo desde el inicio de la crisis, me he topado con algunas gratas sorpresas que me han hecho disfrutar y mucho de la lectura. Si tuviera que decidirme por alguno, destacarlo de los demás, no tendría duda en señalar La rubia de ojos negros como mi libro de este verano, y  tengo la certeza de que esto no cambiará ya a pesar de que la calurosa  estación no ha terminado aún. Por muchas razones. Por supuesto en sus páginas se encuentra la diversión y el placer que todo lector busca.  Las horas no pesan  y nos molesta todo lo que nos pueda apartar de la historia que vamos página a página descubriendo. Y esa diversión no esta reñida con la exquisitez formal, la perfección en el lenguaje que hace que todo lo matices de la historia lleguen al lector de forma natural. Pero la principal razón por la que señalo este libro, como mi libro del verano antes de que este acabe, es la maestría de un escritor como Banville. A la valentía de haber aceptado el reto de rescatar a   un personaje como Philip Marlowe, lo  ha hecho de tal manera, con tanta solvencia, que algunos hemos tenido que recuperar las viejas y magistrales  historias de Raymond Chandler, para convencernos de que La rubia de  ojos negro no es una novela perdida de Chandler  y ahora recuperada años después de la desaparición de este escritor. Con  La rubia de ojos negros  nos encontramos al mejor Chandler pero es una novela –paradojas de la literatura- que firma Benjamín Black (John Banville). A tenor de los resultados no sería de extrañar que en un futuro cercano Banville/Black nos sorprenda con otra historia en torno a  Marlowe. Si es así, deseemos que no sea larga la espera. ¿Quizás el próximo verano? Ramón Clavijo Provencio